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operación Chavín de Huantar

Antecedentes del accionar terrorista del MRTA

Los atentados antes de su caída en la residencia del embajador japonés.

El primer atentado cometido por el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) se llevó a cabo el 31 de mayo de 1982, cuando asaltaron a una agencia del Banco de Crédito en el distrito de La Victoria. El grupo terrorista, que surgió tras numerosos fraccionamientos del ala más radical del Partido Aprista, tenía como cabecilla a Víctor Polay Campos.

En sus mandos medios estaba Néstor Cerpa Cartolini, protagonista de cruentos sucesos en torno a la toma de la fábrica Cromotex, a fines de 1978, cuyo desalojo costó la vida de un oficial de la policía y a tres trabajadores.

El terrorista Víctor Polay Campos en la selva de San Martín, en noviembre de 1987. (Foto: Alejandro Balaguer)

Pese a ello, hasta 1985, la opinión pública conocía al MRTA básicamente por sus actos propagandísticos. Al año siguiente, sin embargo, iniciaron las extorsiones, los secuestros y los asesinatos. En noviembre de 1987, un grupo encabezado por Polay tomó la ciudad de Juanjuí, en la región San Martín.

En contra de esto, las fuerzas del orden emprenden una cacería contra los terroristas y, en febrero de 1989, logran capturar a Polay en Huancayo. Ello no impidió que el MRTA continuara con sus crueles actos terroristas, tales como la ejecución del general y ministro de Defensa Enrique López Albujar, y el secuestro y el asesinato de los empresarios David Ballón Vera y Fernando Manrique Acevedo.

En 9 de julio de 1990, Polay y otros 46 emerretistas escaparon del penal Castro Castro por un túnel de 332 metros de longitud construido clandestinamente tres años antes. Hacia 1992, siguieron los ataques terroristas, pero también desencuentros e incluso ajusticiamientos internos.

Toma de la fábrica de Cromotex, Vitarte 1978. "Bautismo de sangre" de Néstor Cerpa Cartolini. (Foto: Carmen Barrantes)

Posteriormente, la División Contra el Terrorismo de la Policía emprendió relevantes capturas, como la de Peter Cárdenas Schulte y la recaptura de Polay Campos en 9 de junio de 1992.

Tras esos hechos, Cerpa se convirtió en el cabecilla de la organización terrorista. En ese momento, planearon secuestrar el Congreso de la República, pero las autoridades frustraron el atentado y capturaron a 18 emerretistas el 30 de noviembre de 1995 en La Molina. Entre estos resalta Miguel Rincón, el panameño Pacífico Castrillón y la estadounidense Lori Berenson.

Es tras estos hechos que, el 17 de diciembre de 1996, Cerpa Cartolini y 13 emerretistas tomaron la residencia del embajador japonés en San Isidro, Lima. Ellos demandaron la liberación de sus presos. El Estado Peruano no cedió a sus pretensiones y, el 22 de abril de 1997, emprendió la operación de rescate Chavín de Huántar.

La toma de la residencia

El 17 de diciembre de 1996, a las 8:20 p.m., una explosión interrumpió con una fiesta en la casa del embajador japonés.

El entonces embajador de Japón en el Perú, Morihisa Aoki, decidió celebrar el natalicio del emperador nipón ese martes 17 de diciembre. Pasadas las 8:00 p.m., alrededor de 600 personas ya disfrutaban de la reunión. Pero veinte minutos después, una explosión destruyó uno de los muros de la residencia.

Catorce miembros del MRTA ingresaron, entre disparos y gritos, e hicieron que todos los presentes se tumbaran al suelo. Desde las 9:45 p.m., los terroristas liberaron a las mujeres. Luego de ello, se inició el acto criminal con más repercusión de los años 90: un secuestro masivo. Este concluyó cuando los 72 rehenes que quedaron fueron liberados el 22 de abril de 1997, producto de la operación militar Chavín de Huántar.

Los 72 rehenes

La fiesta en la residencia tuvo más de 600 invitados, pero solo fueron 72 rehenes los que vivieron todo el cautiverio.

El cautiverio

Por más de cuatro meses, todos los reflectores se enfocaron en la crisis ocasionada por los emerretistas. Así fue como se desarrolló la situación.

La fiesta, la toma y los 126 días

Un repaso en imágenes que va desde la celebración en la casa del embajador hasta lo que se vivió en las afueras durante los más de cuatro meses de secuestro.

foto-1 Noche del 17 de diciembre de 1997, minutos antes de que la residencia del embajador de Japón en el Perú sea secuestrada por 14 emerretistas. (Foto: Cecilia Herrera/ Revista Gente)
foto-2 Alfredo Torres, hoy director de Ipsos Perú; Manuel Torrado, de Datum S.A.; y Alejandro Toledo, quien sería presidente de la República en el período 2001-2006. (Foto: Cecilia Herrera/ Revista Gente)
foto-3 El MRTA atacó la residencia al promediar las 8:20 p.m. (Foto: Paolo Aguilar)
foto-4 Agentes de la zona no pudieron frenar el asalto del grupo terrorista. El ataque estuvo liderado por el cabecilla del MRTA Néstor Cerpa Cartolini. (Foto: Paolo Aguilar)
foto-5 Los captores exigían la libertad de terroristas presos, entre otros pedidos que el gobierno rechazó en diferentes oportunidades. (Foto: Archivo El Comercio)
foto-6 El gobierno de Alberto Fujimori se vio obligado a formar una comisión de garantes. El entonces ministro de Educación, Domingo Palermo, representó al Ejecutivo. También participó en este grupo el arzobispo Juan Luis Cipriani. (Foto: Miguel Carrillo/ El Comercio)
foto-7 El secuestro mantuvo cautivo al país. Cientos de periodistas de todo el mundo llegaron a Lima para cubrir la noticia. (Foto: Gustavo Sánchez/ El Comercio)
foto-8 Mucho personal de prensa llegó al Perú por este caso. En la foto, un periodista nipón en una cabina de transmisión especialmente acondicionada cerca de la residencia. (Foto: Lino Chipana/ El Comercio)
foto-9 Los familiares de los rehenes vivieron cuatro meses difíciles. (Foto: Pedro Cárdenas/ El Comercio)
foto-10 Las vigilias se hicieron cotidianas cerca a la residencia del embajador de Japón. En la foto, un grupo de ciudadanos de Chaclacayo muestran su solidaridad con los rehenes. (Foto: Miguel Carrillo/ El Comercio)
foto-11 La Cruz Roja Internacional tuvo un rol protagónico a lo largo del caso. Tras la negociación entre los garantes y los terroristas, estuvieron encargados de hacer llegar víveres y demás objetos necesarios. (Foto: El Comercio)
foto-12 Con el paso de los días se estrecharon los lazos entre quienes tenían la responsabilidad de permanecer cerca a la residencia. En la imagen, periodistas, bomberos y fuerzas del orden observan un partido de la selección peruana de fútbol. (Foto: Tati Quiñones/ El Comercio)
foto-13 Las marchas por la liberación de los rehenes también se hicieron usuales. (Foto: Cecilia Durant/ El Comercio)
foto-14 Desde el 17 de diciembre de 1997 hasta días después del rescate, se hizo una imagen habitual el desfile de militares alrededor del recinto. (Foto: Lino Chipana/ El Comercio)
foto-15 Cada dos días se abastecían los nueve tanques de agua -de 500 litros de capacidad cada uno- con los que contaba la residencia. Asimismo, se repartían termos de agua caliente y bidones de 20 litros con agua potable. (Foto: Flor Sánchez/ El Comercio)
foto-16 Varios de los rehenes optaron por la lectura intensiva. Según apuntaron luego varios de ellos, la gran confluencia de profesionales de distintas materias hizo que las charlas se tornen interesantes. (Captura: Panamericana TV)
foto-17 Varios testimonios apuntan a que los emerretistas consideraban que el canciller Francisco Tudela era el rehén polÌtico más importante que tenían. (Captura: Panamericana TV)