Essalud, anteriormente el Instituto Peruano de Seguridad Social (IPSS), ha tenido una historia resaltante en la medicina peruana. Desde su primer hospital, el Almenara, con profesionales de primer nivel que logró hitos en neurocirugía y transplante de órganos; el Rebagliati, en su momento el hospital más grande y moderno de Latinoamérica; y, en las últimas décadas, el Incor, que parecía un hospital suizo por su pulcritud y equipos. Asimismo, programas innovadores como Padomi y farmacia vecina.
Pero hoy, Essalud es una institución colapsada por pacientes, con falta de camas, escasez de medicinas y equipos que no funcionan, y donde una cita puede tardar tres meses. ¿Cómo se ha llegado a esta situación? Tengo dos respuestas: falta de una gestión eficiente y transparente y capacidad presupuestal.
Salvo contadas gestiones, otras no han destacado mayormente y los últimos años se han caracterizado por una alta rotación de presidencias ejecutivas, ninguna con los méritos suficientes y respondiendo más a una cuota política. Sin meritocracia a ese nivel y en los siguientes cuadros ejecutivos, llegamos a la grave situación actual.
En cuanto al presupuesto, este ha sido afectado con deudas, demandas sindicales y corrupción. Actualmente, el presupuesto de Esdalud es de S/17.000 millones en aportes para atender a 12,8 millones de asegurados; sin embargo, no todos los trabajadores aportan el 9%. Los del magisterio y salud aportan el 9%, pero sobre el 65% de la remuneración, y los del régimen de contrato administrativo de servicios (CAS) aportan el 9% del 45 % de una UIT. Asimismo, hace unos años se eliminó la aportación sobre las gratificaciones, la cual solo en el 2019 generó un déficit de S/582 millones.
Pese a ello, en los últimos siete años el presupuesto de Essalud ha tenido un incremento de un 45%, pero a su vez los gastos operativos han aumentado en la misma proporción. Uno esperaría por un mejor servicio, pero no, esos gastos han crecido 41% en planilla y 76% en servicios de terceros, entre ellos alquileres, y ha disminuido en un 40% en equipamiento. Allí está la primera causa del servicio que reciben los pacientes. Ninguna mejora y más gasto.
Lo que Essalud necesita es una gestión con liderazgo, con un directorio empoderado, y no mudo, y más que una visión empresarial, como muchos opinan, una gestión con visión salubrista. La población que atiende hoy es diferente a la de hace 10 años; sus asegurados han envejecido y los problemas de salud crónicos han aumentado. Esto implica una atención más continua y con monitoreo. Por ello es necesario crear más unidades de atención primaria y no más hospitales.
En lo presupuestal, se debería homologar el aporte a un 9% en el caso de todos los trabajadores, incluidos los del magisterio, salud y CAS. Y aquí una parte sensible es determinar a quiénes cubre ese aporte. Al inicio solo era el trabajador, pero luego se incorporaron como derechohabientes la esposa y los hijos menores de edad. Habrá que pensar cuánto se puede estirar ese aporte o ser diferenciado. Es urgente mejorar la calidad del gasto, por lo cual se debería separar el financiamiento de la prestación de servicios.
EsSalud no puede ser juez y parte. Contar con un sistema de información gerencial. Ya se tiene un sistema que incluye la historia electrónica, pero debe escalar más y obtener un detalle al día de gastos y stocks.
Luego manejar sus relaciones con la parte sindical. Essalud tiene 10 sindicatos fuertes, pero a nivel nacional son como 100, que además se oponen a las APP, y eso merece una relación muy especial.
Las compras de insumos, medicamentos y equipos deberían ser en conjunto con el Ministerio de Salud y las Fuerzas Armadas; economía de escala se llama. Por el momento, lo que se podría hacer, es armar un equipo que haga un levantamiento de equipos (resonadores, tomógrafos, ecógrafos, mamágrafos, rayos X, equipos de diálisis y anestesia) inoperativos y sus causas y que se plantee una solución a corto plazo para su recuperación. Mientras tanto, licitar públicamente en tiempo récord con una entidad para derivar pacientes. Y esto lleva a lo último: propiciar las APP para bata gris con algunos de sus hospitales o policlínicos. Dura tarea para el próximo presidente ejecutivo.
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