¿Y dónde está el presidente?

La encuesta publicada hoy revela un nivel alarmante de apatía y desinterés ciudadano por el proceso electoral.
(Ilustración: Giovanni Tazza / El Comercio)

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A primera vista, uno podría revisar rápidamente y concluir que –con alguna pequeña excepción como el intercambio de posiciones de tercer y cuarto puesto entre Carlos Álvarez y Mario Vizcarra respecto a diciembre– no hay mucho más por resaltar. Pero sería una lectura equivocada y peligrosa.

Más allá de la simpatía o preocupación que pueda causar tal o cual candidato al frente de los sondeos actuales, la reflexión realmente relevante debería centrarse en el alto porcentaje de personas que declaran que bien no saben por quién votar (18,4%) o que manifiestan que no votarían por ninguno (24,5%). Ambas posiciones sumadas se aproximan a la mitad de los votantes potenciales (42,9%). A manera de referencia, quizá valga la pena recordar que, en las encuestas de enero del 2021, a tres meses de las elecciones generales de ese año, esas proporciones agregadas abarcaban apenas un cuarto del electorado (25%).

Quizá aún más preocupante es que solo el 12% expresa que tiene ya decidido su voto, y la mitad ni siquiera ha pensado por quién votar. El 60% se siente poco o nada informado sobre el proceso electoral presidencial. Es cierto que todavía quedan 13 semanas para los comicios –tiempo suficiente para reflexionar–, y que la coyuntura nacional e internacional puede haber distraído a los votantes del proceso en marcha. Pero si a inicios del 2021, con los devastadores efectos de la pandemia aún frescos, había más atención y decisión, resulta difícil justificar el desinterés actual.

La ruta más segura hacia resultados lamentables en las próximas no está en las manipulaciones, jugadas sucias o mentiras de las que sin duda echarán mano algunos candidatos. Está en la desatención y apatía ciudadana hacia decisiones que serán fundamentales para el futuro del Perú en los próximos años. Esta es una elección, además, particularmente compleja, con cerca de tres docenas de agrupaciones políticas en liza y la introducción de un Senado que tendrá componente regional u otro de distrito único nacional. Nada simple para quien no esté prestando atención. Y si al final del día las máximas posiciones del poder político son ocupadas por corruptos o incompetentes, no tendremos a nadie a quien responsabilizar más que a nuestro propio desdén.

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