Antes, la propaganda intentaba convencerte de una ideología. Ahora puede convencerte de que todos los demás ya creen en ella. Desde hace un par de semanas, una noticia desenmascaró una estrategia política digital bien conocida desde la cúpula occidental, pero poco cuestionada en lo cotidiano. Fernando Cerimedo, consultor digital argentino vinculado a varias de las principales victorias de la nueva derecha latinoamericana, fue detenido el 18 de agosto en Bolivia por intento de feminicidio contra su expareja Nadia Beller. Durante el allanamiento de su domicilio, las autoridades encontraron una “granja de bots” casera.
No es casualidad. Cerimedo ya había explicado en el 2023 a Infobae que su agencia manejaba unas 50 mil cuentas creadas artificialmente y que estas podían utilizarse para intervenir en la conversación digital. Después de la pandemia, decía, las reglas habían cambiado. Había que fabricar cuentas con apariencia de usuarios reales, dotarlas de relevancia y utilizarlas para controlar narrativas.
Y es que cuando miles de cuentas repiten una narrativa, el algoritmo hace el resto. Aparentemente, como una conversación espontánea, como esa caja de comentarios en que solo lees los primeros tres y asumes un consenso mayoritario. Ya lo hemos visto durante nuestras elecciones: así el odio se vuelve trend, el miedo se convierte en argumento y una mentira repetida miles de veces adquiere forma de ‘edits’ con música de aura.
Ojo, que esto ya ocurrió en estructuras de izquierda, donde las palabras ‘autoritarismo’ y ‘dictadura’ aparecían en cada titular. Pero es oportuno preguntarse: si la nueva derecha necesita fabricar la apariencia de una mayoría en redes para defender sus ideas, ¿qué queda de esa democracia que tanto dice defender?
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