Lo que viven las mujeres en el Perú

“En nuestro país aún no se le ofrece a una niña la misma posibilidad de explorar el mundo”.

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Cuando una mujer advierte a sus hijas o sobrinas guardar recelo con los varones, sería leonino atender a dicha opinión como una simple aversión o invalidarla, creyéndola surgida de una experiencia particular. Durante el primer mes del 2026, el Ministerio del Interior señala que se registraron más de 22.540 denuncias por violencia contra la mujer e integrantes vulnerables del grupo familiar. La ceguera intolerante y machista –que permite los oprobios, el despojo de la independencia, golpes en el rostro y una autoestima que no se han de cubrir con maquillaje– condena a la ciudadana peruana.

La distancia física entre la víctima y el agresor, en el siglo XXI, no representa un alivio. El pútrido elogio a la virilidad ha sabido enraizarse en los pulgares de la era digital. Transgredida la intimidad de sus dormitorios mediante teléfonos, principalmente niñas y jóvenes son martirizadas por sextorsión, ciberacoso, ciberhostigamiento, suplantación y el envío de imágenes sexuales sin consentimiento. Es la violencia de género expedita en el esplendor de las redes sociales.

Esos mensajes, llamadas y publicaciones –pesadas de la sinrazón cavernaria– generan ataques de pánico o ansiedad y, por consiguiente, imposibilitan su desarrollo social y laboral. A la ameba infecciosa cerebral llamada machismo resulta imposible erradicarla en unos días; a veces, ni alcanza toda una vida, debido a que la problemática a curar es transgeneracional. El tratamiento es tardío, más si el diagnóstico es ignorado en el núcleo familiar, en el que el futuro ciudadano ha de aprender a encaminarse en las relaciones interpersonales.

La agria verdad es que los varones son quienes mayormente perpetran el daño. Según el CDC-2025 (SE 21), en el 83,7% de los casos de violencia familiar el agresor es de sexo masculino.

Pese al surgimiento de nuevas perspectivas de masculinidad, en nuestro país aún no se le ofrece a una niña la misma posibilidad de explorar el mundo, incluso mientras sueña. Y es por eso que es una obligación empezar a cambiar lo que las mujeres viven en el Perú.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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