No hay una sola palabra en el pedido de facultades legislativas enviado por el Gobierno al Congreso sobre las exoneraciones tributarias (en el sentido lato del término). Una omisión clamorosa, desde nuestro punto de vista, si lo que se pretende es optimizar el sistema tributario, como declara la exposición de motivos. Quizás entendamos el término “optimizar” de distinta manera.
El sistema tributario debería estar diseñado para afectar lo menos posible la creación de riqueza. Las exoneraciones, en tanto privilegian a unas actividades económicas frente a otras, atraen el capital y el trabajo hacia esas actividades, en desmedro de otras donde serían más productivos. Las ganancias en los sectores privilegiados son visibles; lo que es invisible son las pérdidas en otros sectores, que suelen ser mayores. Todos vemos el empleo que se crea en la agricultura cuando se le reduce la tasa del impuesto a la renta, pero no vemos el que se deja de crear en la industria, la minería o los servicios. Veremos la inversión en las zonas económicas especiales, si llegan a implementarse, pero no veremos lo que se deje de invertir en el resto del país.
Las exoneraciones desvían el capital y el trabajo de sus usos más valiosos porque aumentan artificialmente la rentabilidad de determinados lugares o actividades con plata del fisco; mejor dicho, con plata que el fisco deja de cobrar. Rentabilidades artificiales, mayores de las que se obtiene comprando y vendiendo insumos y productos a precios de mercado, y a costa del contribuyente.
El costo para el contribuyente es enorme: S/24.000 millones anuales, según el Marco Macroeconómico Multianual (MMM) 2027-2030 que se acaba de publicar. Eso es 1,7% del producto bruto interno (PBI) estimado para el próximo año, que es más que el déficit fiscal proyectado. El mismo MMM plantea que sería oportuno revisar 13 exoneraciones que vencen este año, pero eso suma apenas S/848 millones. A ese paso, nunca vamos a optimizar el sistema tributario.
Entre esas 13 exoneraciones está la del impuesto a la renta para los intereses pagados por los depósitos bancarios. La alarma generada en la semana hizo que el Gobierno saliera a desmentir que se vaya a gravar los intereses. Pero los intereses son rentas como cualquier otra; como los cupones de los bonos corporativos y los dividendos de las acciones, por ejemplo. Todas deberían tributar de la misma manera para que el ahorro se distribuya de la manera más eficiente posible. Los peruanos que tienen cuentas en el exterior saben que otros países cobran impuestos a los intereses.
Contenido GEC
Contenido GEC
Contenido GEC