La inteligencia artificial está transformando numerosas actividades laborales y ya alcanza profesiones con tareas que pueden ser asistidas por sistemas digitales. Su incorporación avanza en oficinas, empresas y distintos sectores, mientras trabajadores buscan adaptarse a nuevas herramientas que modifican procesos y formas de organización. En este contexto, un análisis de la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos (BLS) muestra que 412 de las 831 ocupaciones evaluadas presentan una exposición alta o muy alta a esta tecnología. Esto no significa que esos empleos vayan a desaparecer, sino que varias de sus funciones pueden recibir apoyo tecnológico. El alcance de estos cambios depende de las características de cada actividad y sus tareas. Conoce cuáles son las ocupaciones más expuestas.
La BLS agrupó las 831 ocupaciones analizadas en cuatro niveles de exposición. En las dos categorías superiores quedaron 412 actividades: 206 en nivel muy alto y 206 en nivel alto. Entre las ocupaciones con mayor exposición aparecen:
La clasificación no predice despidos ni automatización completa, y tampoco mide reducciones salariales. Su objetivo es identificar las ocupaciones donde existen más tareas que la IA puede realizar o complementar.
La tecnología tiene más posibilidades de intervenir en trabajos basados en textos, datos y procedimientos definidos. Redactar documentos, resumir archivos, ordenar información, clasificar registros, traducir contenidos o responder consultas son funciones que los modelos actuales pueden apoyar con rapidez.
La digitalización, los trámites virtuales, los sistemas de autoservicio y la automatización redujeron la necesidad de realizar manualmente tareas de transcripción, carga y organización de información.
Las labores que requieren presencia física, destreza manual, manipulación de objetos o atención directa presentan mayores dificultades para ser asumidas por modelos de lenguaje. Entre ellas están la carpintería, albañilería, electricidad, mantenimiento, instalación y trabajos de cuidado.
En profesiones como la psicología, la IA puede colaborar con la organización de notas o la preparación de materiales, pero la atención requiere interpretar expresiones, comprender contextos y construir una relación de confianza. Lo mismo ocurre en servicios personalizados y situaciones que requieren responsabilidad profesional.
La traducción es un ejemplo. Los servicios automáticos han reducido determinados encargos sencillos, pero continúan siendo necesarios especialistas para revisar textos y trabajar con terminología técnica, jurídica o médica, y adaptar contenidos al contexto cultural.
La mecanografía también ha cambiado. El reconocimiento de voz, los correctores y los asistentes de escritura realizan parte de funciones que antes requerían personal especializado. Por ello, quienes desempeñaban estas labores pueden incorporar conocimientos de edición, revisión, gestión documental y herramientas digitales.
En ingeniería, estas herramientas pueden ayudar a organizar información, detectar errores y plantear alternativas de programación, incluso en controles PLC. Sin embargo, el profesional debe verificar parámetros, condiciones del equipo, normas de seguridad y consecuencias de cada decisión antes de aplicarla, según informa Infobae.
La adaptación profesional dependerá de combinar el uso de la IA con supervisión humana. Algunas capacidades relevantes serán:
Así, la IA no solo expone ocupaciones, también modifica las funciones de quienes las ejercen. Las próximas proyecciones de la BLS, correspondientes al período 2026-2036, serán publicadas en 2027. La capacitación continua será clave ante estos cambios laborales.
Contenido GEC
Contenido GEC