Los fuertes vientos, las lluvias inusuales y cambios repentinos del clima suelen generar dudas cuando ocurren cerca de un sismo, en un país donde los movimientos telúricos son frecuentes y forman parte de la realidad cotidiana. Por ello, cada coincidencia entre un fenómeno atmosférico y un movimiento de tierra puede despertar preguntas y alimentar antiguas creencias sobre posibles señales previas. Sin embargo, que ambos fenómenos coincidan no significa que exista una relación capaz de anticipar un terremoto, aunque esta idea todavía permanece entre la población y reaparece después de algunos movimientos de tierra, especialmente cuando el clima presenta condiciones poco habituales. Descubre qué dicen los especialistas sobre esta creencia, cuál es su origen y qué aspectos deben considerarse para estar preparados ante un sismo.
Los especialistas descartan que el viento o la lluvia puedan anunciar un movimiento telúrico. Hernando Tavera, presidente ejecutivo del Instituto Geofísico del Perú (IGP), explicó que los sismos responden a la dinámica interna del planeta y pueden ocurrir en cualquier momento, sin depender de una estación, fecha u hora.
Nelson Quispe, especialista del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (Senamhi), coincidió con esta explicación y descartó una asociación comprobada entre los fenómenos atmosféricos y los sismos.
Por ello, una jornada con vientos o lluvias inusuales no debe interpretarse como una señal sísmica, según informa Infobae.
La relación entre clima y terremotos tiene siglos de antigüedad. En la Antigua Grecia, Aristóteles sostenía que los movimientos de la Tierra podían estar vinculados con corrientes de aire o gases acumulados bajo la superficie. Aunque fue descartada, ideas similares continuaron transmitiéndose.
En Perú, la percepción puede reforzarse cuando vientos fuertes, lluvias o tormentas de polvo coinciden casualmente con un sismo. La cercanía puede generar una falsa relación de causa y efecto, pese a que tienen orígenes distintos.
Las lluvias y los vientos pertenecen a procesos atmosféricos, mientras que los sismos se originan en procesos geológicos relacionados con la interacción de las placas tectónicas. Observar un cambio climático no permite anticipar un movimiento telúrico.
Tavera indicó que la ciencia sí puede estudiar determinados escenarios meteorológicos, como periodos de lluvias capaces de generar huaicos, deslizamientos o crecidas de ríos, pero eso no significa predecir terremotos.
Entre enero y el 10 de agosto de 2026, el IGP contabilizó 543 sismos en Perú. Arequipa registró 92, Lima 66 e Ica también 56. Julio concentró la mayor cantidad de movimientos y cerca del 60% ocurrió frente al litoral, donde interactúan las placas de Nazca y Sudamericana.
La actividad sísmica registrada no permite saber cuándo ocurrirá un terremoto de gran magnitud. Además, la magnitud no determina por sí sola el daño: un sismo de magnitud 4 puede generar una intensidad de sacudimiento similar a uno de magnitud 8 dependiendo de la distancia al epicentro. Por eso, la prevención debe enfocarse en viviendas seguras, condiciones adecuadas del suelo y preparación familiar, y no en señales del viento o la lluvia.
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