Manifestantes sostienen carteles con ojos en referencia a perdigones de la policía que dejaron ciegos a muchos jóvenes durante las protestas en Chile. (MARTIN BERNETTI / AFP).
Manifestantes sostienen carteles con ojos en referencia a perdigones de la policía que dejaron ciegos a muchos jóvenes durante las protestas en Chile. (MARTIN BERNETTI / AFP).
Agencia EFE

Hace un año y medio, los jóvenes pusieron en jaque al sistema con una revuelta por un modelo más justo, sin parangón en la democracia . Su descontento gatilló un proceso constituyente inédito y su participación en los comicios de este fin de semana es crucial para legitimarlo.

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Pedro Saéz, de 25 años, se ha levantado temprano para depositar su voto en un local del oriente de Santiago. Es la primera vez que participa en unas elecciones y cree que “algo” se despertó en su generación el 18 de octubre de 2019, cuando estallaron las masivas protestas, que dejaron una treintena de muertos y miles de heridos.

”Vamos a redactar una Constitución para los próximos 30 años y me parece que sería una irresponsabilidad quedarse en casa”, indicó a Efe el estudiante.

Para Lucas Ramírez, de 19 años y también debutante en las urnas, “es importante que los mismos de siempre no decidan por nosotros lo que pasa en el país”.

CASI LA MITAD DEL ELECTORADO

De los 14,9 millones de ciudadanos llamados a elegir a los 155 convencionales que redactarán una nueva Constitución que reemplace a la actual -de sesgo neoliberal y heredada de la dictadura militar-, el 41,3 % son menores de 40 años, un grupo etario con altas tasas de abstención, a excepción del plebiscito de octubre.

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En aquella votación, que fue la salida a las revueltas que encontró la clase política y en la que el 80 % de los electores decidieron enterrar la Constitución del régimen de Augusto Pinochet (1973-1990), la participación de los jóvenes entre 18 y 25 años subió un 20 %, comparada con el 36 % de las presidenciales de 2017.

”La participación juvenil en octubre conduce a pensar que los jóvenes debiesen votar de manera similar, pero también existe la posibilidad de que interpreten que el proceso constituyente ha sido satelizado por los partidos y se resten de los comicios”, explicó a Efe Mauricio Morales, académico de la Universidad de Talca.

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Desde que el voto dejó de ser obligatorio en 2012, “hay sesgos de clase y edad” y “tienden a votar más las personas más instruidas, con mayores ingresos y de mayor edad”, apuntó a Efe Julieta Suárez-Cao, politóloga de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

El sesgo de clase, agregó Morales, es mucho más pronunciado entre los jóvenes, de tal forma que las probabilidades de que un joven de Vitacura (un barrio rico de Santiago) salga a votar son “extremadamente más altas” que las de uno de un barrio humilde como La Pintana.

Un joven vota durante las elecciones locales y constituyentes en el Liceo Bicentenario Carmela Silva Donoso, en la comuna de Nuñoa, en Santiago. (EFE/ Alberto Valdés).
Un joven vota durante las elecciones locales y constituyentes en el Liceo Bicentenario Carmela Silva Donoso, en la comuna de Nuñoa, en Santiago. (EFE/ Alberto Valdés).

¿Y SI NO VOTAN?

Amalia Galvéz, de 25 años, está convencida de que habrá una gran convocatoria y dice que su círculo de amigos “se ha informado mucho sobre los candidatos y están muy activos en el proceso”. Menos optimista es Rodrigo Onores, de 30 años, quien se ha decepcionado al ver “vacíos” varios centros de votación.

”El ambiente no ha sido el más propicio, entre el encierro por el covid, la profunda crisis de los partidos tradicionales y la sensación de que la élite política está privilegiando sus propios intereses sobre los del resto”, señaló Lucía Dammert, socióloga de la Universidad de Santiago de Chile.

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De todos modos, añadió la experta, que los jóvenes no voten no significa que no estén activos políticamente: “La generación que ahora tiene entre 30 y 40 protagonizó las marchas estudiantes de 2006 y 2011, que derivaron en una mayor gratuidad de la educación superior, y no se volcaron en las elecciones”.

Para Morales, si la participación en los comicios -en los que paralelamente se eligen también a alcaldes, concejales y gobernadores- es inferior al 50,9 % del plebiscito, la convención que redactará el nuevo texto en un plazo máximo de un año “no va a ser ilegítima, pero sí va a estar debilitada”.

En ese caso, de acuerdo con Suárez Chao, la convención “no va a poder sesionar a puerta cerrada y va a tener que buscar canales de participación de la sociedad civil y un diálogo más amplio”.

La nueva Carta Magna debe ser sometida a referéndum en 2022 y, de ser ratificada, sería la primera que nace de un proceso paritario y plenamente democrático y participativo en la historia del país.

En un contundente mensaje en Twitter, el poeta Raúl Zurita -de 71 años y Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2020- apeló a los jóvenes que se enfrentaron cara a cara con las fuerzas de seguridad en las masivas protestas de 2019 y a quienes se les denominó “primera línea”.

”¡Cada voto es un piedrazo al corazón del sistema! -publicó Zurita- ¡Jóvenes primeras, segundas, cuartas, séptimas líneas y todas las líneas, todas y todos de pie a votar!”.

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