La angustia por las varias horas de espera en filas interminables y el temor a no encontrar alimentos se han convertido en el mejor combustible para las protestas que se viven a diario en las calles de Caracas, capital de Venezuela, donde chocan constantemente chavistas y ciudadanos que se dicen cansados de la crisis.
Una de las esquinas de la Avenida Fuerzas Armadas, en el centro de Caracas, fue escenario este jueves de dimes y diretes entre mujeres y hombres que aguardaban la llegada de camiones con vveres y no encontraban explicacin al cierre de los numerosos locales del sector.
Newsletter Vuelta al Mundo

Comida, Tenemos hambre, Maduro cobarde, el pueblo tiene hambre y revocatorio, gritaban los exaltados lugareos custodiados por la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y la Polica Nacional Bolivariana (PNB), que buscaban evitar choques entre los manifestantes e integrantes de los colectivos afectos al Gobierno.
La queja era la misma: escasez y altos precios que los obligaban a permanecer varias horas a las afueras de los comercios que ofrecen productos de primera necesidad subsidiados por el Gobierno.
Tambin rechazaban la aplicacin de un plan gubernamental que instruye la posibilidad de recibir en sus casas, previa inscripcin ante grupos chavistas conocidos como los CLAP, paquetes con productos subsidiados y cuya distribucin est prevista cada 21 das.
DURA REALIDAD El pueblo se est muriendo de hambre, literalmente nos estamos muriendo de hambre, de mengua, los sueldos no nos alcanzan, no hay medicina, dijo a Efe Margarita Snchez.
Esta jubilada del Ministerio de Educacin, profesional, con posgrado, asegura que recibe de pensin un sueldo mnimo de 15.051 bolvares al mes (unos 1.505 dlares a la tasa ms baja del mercado oficial y 27 dlares a la ms alta).
Snchez rechaz la entrega de vveres en bolsa, que calific como un paliativo y pan para hoy y hambre para maana.
La bolsa te trae un paquete de harina, un kilo de arroz, una bolsita de jabn de lavar, ni siquiera de jabn de baarse, cada 21 das. Crees que eso alcanza para una familia que tenga cinco, seis muchachos?, se pregunt, tras admitir que cuando abre su alacena siente ganas de llorar.
Tambin Gabriela Aparicio expres su frustracin por la entrega de las bolsas y la decisin de cerrar los negocios en esa zona, en su mayora propiedad de inmigrantes chinos.
No queremos bolsa, queremos comida, queremos comprar lo que nosotros queremos cuando queramos, asegur esta mujer, quien relat que su hija de cuatro aos anoche estaba llorando por leche y no pudo drsela.
Consultada si compra carne, cuyo precio estim en unos 5.000 bolvares el kilo (unos 500 o 9,20 dlares segn la tasa), Aparicio respondi que en su casa se resuelven (solucionan) con sardinas.
Por su parte, Miguel Carpio subray que la realidad de la calles es que el pueblo est pasando hambre, necesidad.
No tenemos ni siquiera una afeitadora, coment Carpio, rodeado de numerosos curiosos que apoyaban su reclamo.
En Venezuela, la distribucin de alimentos subsidiados se realiza a cuentagotas a travs de las cadenas de establecimientos pblicos y privados, que en la mayora de ocasiones ven superada la capacidad de sus instalaciones por la cantidad de compradores.
Ante esa situacin se han establecido controles para regular los das de venta por persona segn el nmero final de su cdula de identidad, pero esto no garantiza que quienes permanecen horas en las filas puedan lograr adquirir algn producto de la canasta bsica.
MIRA EL VIDEO DE PLAY

:quality(75)/arc-anglerfish-arc2-prod-elcomercio.s3.amazonaws.com/public/QUDHV76HGZEQBNU6PRJOHQX2PM.jpg)



