Los Pitufos y el comunismo: los duendes azules más rojos

El estreno de la nueva película vuelve a encender teorías conspirativas sobre los vínculos marxistas de Pitufina y compañía.
Los Pitufos y el comunismo: los duendes azules más rojos

Con el estreno de “Los Pitufos y la aldea perdida”, como es ley, los duendecillos azules han comenzado a movilizar todo un aparato de merchandising consumista. Pero no han sido pocas las voces de la paranoia que han vuelto a desempolvar una de las más insólitas teorías conspirativas del mundo de los dibujos animados: que Los Pitufos son, en realidad, una apología del comunismo puro y duro. Más fantasía, imposible.

► Los Pitufos, una aldea de oficios

En el 2011, el escritor francés Antoine Buéno publicó el ensayo satírico “El pequeño libro azul: análisis crítico y político”, en el que acusaba a estas inocentes criaturas de antisemitas y racistas. Y solo hace unos meses, en Uruguay, se armó un descabellado lío cuando legisladores denunciaron que un libro escolar realzaba el socialismo de estos personajes. “Son una comunidad que vive en una aldea. Todos tienen acceso a la vivienda. Nadie pasa hambre. El pozo de agua es para uso colectivo, no es de nadie y es de todos”, señalaba el texto que en una misma página reunía a Papá Pitufo y a Lenin, para desesperación del nuevo macartismo.

¿Por qué #AntMan es el superhéroe más subestimado Lo analizamos a propósito del cumpleaños de #PaulRudd? ►https://t.co/oz0xWGb6Ja pic.twitter.com/kYHgTlv62u— Luces El Comercio (@Luces_ECpe) 6 de abril de 2017

DOCTRINA ANIMADA

Aunque la canosa y barbuda imagen de Papá Pitufo remita inmediatamente a Karl Marx, son otros atributos los que lo encumbran como el modelo comunista por excelencia: el caudillo encargado de mantener unida a una comunidad en la que nadie tiene un nombre propio y todos se reconocen por su función social: allí están el Pitufo Filósofo, el Pitufo Poeta, el Pitufo Deportista, y sigue la lista. Todos igualados en pantaloneta y gorrita blancas –salvo el padre líder, el único de atuendo rojo sangre– en aras del bien común.

Y en la otra orilla, el enemigo: el siniestro Gargamel, codicioso alquimista que busca atrapar a los Pitufos para convertirlos en oro, no sería sino la representación del capitalismo más rampante, presto a arrasar con la armonía colectiva del bosque.

Ciertamente, nunca hubo admisión pública por parte del dibujante belga Peyo –creador de la famosa serie– que confirmara alguna ideología soterrada en esta historia. Pero el contexto en el que desarrolló su obra, justo en la Europa de la posguerra, hace suponer a los analistas más suspicaces que alguna carga sociopolítica se coló en la aldea.

Mensaje subliminal o falsa teoría, esta utopía seguirá vendiendo muñequitos.

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