“El páramo adolescente” (“Teenage Wasteland”) nos presenta la historia de un grupo de estudiantes que, en 1991, como parte de un curso escolar, emprendieron una investigación documental que destapó un turbio caso de contaminación en su localidad, la pequeña ciudad de Middletown, en las afueras de Nueva York: un vertedero ilegal de desechos tóxicos.
Así, lo que empieza como una pequeña e inofensiva asignación estudiantil va derivando en investigaciones profundas, documentos censurados, informantes anónimos, encubrimientos, audiencias y más.
Una de las particularidades de este documental es que comienza con la presentación de los jóvenes protagonistas como los típicos colegiales estadounidenses: uno que encaja en el prototipo del deportista, el chico tímido, la muchacha rebelde, el alumno aplicado, etc. Como si los personajes de “The Breakfast Club” de pronto se embarcaran en un proyecto de denuncia medioambiental. A ellos los guía Fred Isseks, el profesor encargado del curso audiovisual, que resalta en el relato por su personalidad relajada e irreverente, que les da la confianza a sus pupilos para seguir adelante con su investigación.
Con los escasos recursos que tienen a su disposición –unas pocas cámaras de video, un precario equipo de edición–, pero muchas ganas, los muchachos van registrando las filtraciones de líquidos, las emanaciones pestilentes, los testimonios de vecinos y la reticencia de los culpables del proceso contaminante. La situación escala hasta niveles policiales, judiciales e incluso políticos, representados por figuras adultas que miran con desprecio y condescendencia a estos escolares, minimizando sus reclamos, acusándolos de ingenuos y poco profesionales, como una forma de evitar dar respuesta a sus acusaciones.
Además, la cinta dirigida por Amanda McBaine y Jesse Moss reúne 35 años después a los estudiantes que trabajaron en el caso. Ya adultos, con familias y carreras consolidadas, ellos vuelven a las viejas imágenes y se observan a sí mismos como adolescentes llenos de entusiasmo y valentía que enfrentaron la problemática de su ciudad. Expuestos a ese ‘found footage’ escolar, reflexionan sobre sus vidas y destinos, y ese lado de la película es especialmente emocionante porque, en la forma del cine dentro del cine, nos regala un retrato de inicios de los 90: una época particular para el auge del video, que democratizaba la posibilidad de hacer cine, pero aún no cedía a la hiperabundancia y saturación de las redes sociales de hoy.
“El páramo adolescente”, con su hálito noventero, captura un tramo de la historia estadounidense del siglo XX y a la vez se ocupa de temas como el crimen organizado, la corrupción o el aumento de la tasa del cáncer por la toxicidad. Pero sobre todo reivindica el coraje cívico de un grupo de intrépidos jóvenes que, desde su modesta trinchera, intentaron cambiar el mundo, su mundo, aunque fueran pocos quienes los tomaran realmente en serio.
“El páramo adolescente”
Directores: Amanda McBaine y Jesse Moss.
País y año: Estados Unidos, 2025.
Dónde verla: en Netflix.
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