Un poemario de Arturo Corcuera para nunca olvidar los derechos de niñas y niños

El sello El Nocedal acaba de reeditar el bello libro “Declaración de amor o los derechos del niño”, que incluye las ilustraciones de Rosamar Corcuera, artista plástica e hija del poeta. Tendrá una presentación especial este viernes 24 de diciembre.
Arturo Corcuera (1935-2017) publicó "Declaración de amor o los derechos del niño" en 1995. Hoy se reedita gracias al sello El Nocedal. (Foto: archivo GEC)

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Como en el imaginario de su libro “Noé delirante”, la casa de (1935-2017) también parecía un arca. Había jirafas, pajaritos, búhos, elefantes, caballos... figuras que él coleccionaba de los viajes que hacía. “Eran sus juguetes. Ese era su juego”, dice Rosamar Corcuera, artista plástica e hija del poeta.

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Un perfil lúdico que nos ayuda a comprender mejor la esencia de “Declaración de amor o los derechos del niño”, otra de las emblemáticas obras de Corcuera, publicada originalmente en 1995, y que reúne 37 poemas que remiten a la Declaración de los Derechos del Niño, pues están escritos a manera de artículos como este:

Artículo 1

Todo ser humano es un niño

y lo será hasta que

ya no germine

en su corazón una piñata.

Recientemente reeditada por la editorial El Nocedal, gracias a los Estímulos Económicos del Ministerio de Cultura, esta “Declaración...” viene ilustrada por los bellos dibujos de Rosamar Corcuera, quien cuenta cómo es que su padre la incentivó en el arte: “Él me hacía ilustrar sus columnas, sus artículos y cuentos. Yo era muy tímida para todo eso, pero él me motivó tanto que es así como comencé a ilustrar”.

Portada de la nueva edición de "Declaración de amor o los derechos del niño", de Arturo Corcuera, a cargo del sello El Nocedal.

NIÑOS Y GRANDES

Pocos poetas han estado tan cerca del mundo infantil como Corcuera Osores. “Él siempre mantuvo su corazón de niño, de aquel niño que creció en el puerto de Salaverry al lado del mar y la naturaleza –señala Miriam Noceda, directora del sello El Nocedal y responsable de esta reedición–. Su infancia feliz lo hizo defender siempre la infancia de los demás y no perder la fascinación por cada elemento de la naturaleza. Y quizás esa fue la clave para su creación: no dejar de ver el mundo con ojos de niño, no perder la capacidad de asombro, la curiosidad, la fabulación”.

Como indica Noceda, Corcuera solía hacer referencia a sus poemarios dirigidos a “niños de 1 a 100 años” y de hecho siempre mostró una sensibilidad especial para hacer confluir la niñez con el mundo adulto, como si fuesen fases intercambiables y en permanente conversación. “Una de las anécdotas más bonitas que se escuchan sobre Arturo es que fue amigo de un tordo durante mucho tiempo: el pájaro venía a visitarlo, lo acompañaba cuando usaba su máquina de escribir, tenían una rutina”, cuenta la editora.

Pero uno se queda corto si describe a este poemario solo como un libro infantil, puesto que su valor es precisamente llegar a chicos y grandes, a dos tipos de lectores que a veces se creen demasiado diferentes. “Su poesía tiene mucha ternura, pero también es política –agrega Noceda–. Hay una sincronía perfecta entre magia y crítica social presente en sus versos. Por ejemplo, en el Artículo 11: ‘Cabalgar sobre un caballito de madera,/ es uno de sus derechos,/ también abrir un libro/ como la hoja de una col’. Acá habla claramente del derecho a la educación, y esa es la carga social”.

Una alusión al tema educativo la que parece haber sido escrita para un niño peruano de hoy. “Creo que hemos tenido avances positivos a nivel país desde el nacimiento de este libro, 26 años atrás: hay indicadores que han mejorado, como la reducción de población infantil en pobreza extrema o la reducción de mortalidad infantil; pero de pronto vino la pandemia y no supimos darle la prioridad que deben tener. ¿Qué dice de nuestra sociedad el hecho que los niños no hayan vuelto a pisar un salón de clase en dos años?, reflexiona Noceda. Y es allí que entendemos cómo un libro como este guarda plena vigencia hasta hoy.

PRESENTACIÓN

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