La minería ilegal: el elefante en la sala

“La minería ilegal tiene un brazo político, uno social y uno delincuencial. Y varias aristas que ameritan abordar un problema tan complejo como prioridad nacional. Eso no parece estar ocurriendo”.
"Basta ver el último asesinato en Trujillo para constatar lo evidente: que el crimen organizado está directamente relacionado con el financiamiento de la minería ilegal". Ilustración: Giovanni Tazza

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Fue el gran tema ausente durante el primer mes. Y, paradójicamente, es la raíz del , que es la prioridad del gobierno.

El relacionado con la minería ilegal es sintomático. Porque en medio de una campaña contra el sicariato, es precisamente la minería ilegal el factor ausente en el gran debate nacional.

No se ha hablado abiertamente de la minería ilegal durante el primer mes del gobierno. Es un tema que no ha tenido el énfasis necesario ni en el discurso de 28 de julio ni en el debate sobre el pedido de delegación de facultades legislativas. Tanto así que hasta Roque Benavides, expresidente de la Confiep, tuvo que salir a pedir que se incluyan la ley MAPE y medidas para destrabar proyectos mineros entre las prioridades y el pedido de facultades.

El silencio, a todas luces, es estratégico. Pareciera que el gobierno no ha querido mover ese avispero pensando en la aprobación de las facultades y las elecciones de octubre de este año. Después de todo, la minería ilegal financia a gran parte de la clase política nacional, incluyendo a congresistas y gobernadores regionales.

El problema es que desde el otro lado también despliegan sus estrategias. Y algunos ministros pisan el palito. Una táctica fue la moción de interpelación al ministro de Defensa, Rafael Belaunde, por su relación con la gran minería, lo que buscó usarse para traerse abajo la estrategia militar en Pataz. Una clara presión de un diputado liberteño de Juntos por el Perú (JP) para que se retirara a las FF.AA. de ese epicentro de la minería ilegal. Lamentablemente para el gobierno, las malas decisiones de Belaunde y sus ganas de notoriedad en la respuesta al atentado en Trujillo le terminaron dando nuevos argumentos a la izquierda antiminera.

La otra estrategia para chantajear a un ministro fue el amago de interpelación al titular de Energía y Minas, Guillermo Shinno, que también tuvo todo el tono de una presión política, por no usar la palabra chantaje. El ministro, oportunamente, salió a aclarar que “no descarta una nueva ampliación del Reinfo”, pero que esta no sería para el 100% de los mineros informales. Y coincidentemente, JP salió a retirar la moción de interpelación.

La ironía es evidente. En plena lucha contra la extorsión, el partido que hoy controla la Comisión de Energía y Minas a través de la cuñada-hija de Pedro Castillo, la diputada Yenifer Paredes, amenaza tácitamente con interpelar al ministro de la cartera si este no responde a sus presiones.

La minería ilegal tiene un brazo político, uno social y uno delincuencial. Y tiene varias aristas que ameritan abordar un problema tan complejo como una prioridad nacional. Lamentablemente, eso no parece estar ocurriendo.

Basta ver el último asesinato en Trujillo para constatar lo evidente: que el crimen organizado está directamente relacionado con el financiamiento de la minería ilegal. La paradoja es que el gobierno parece querer combatir el primer problema sin atacar el segundo.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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