
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El conato de guerra comercial entre Estados Unidos y Colombia del pasado fin de semana no acabó, felizmente, en la imposición mutua de aranceles, pero sí es un recordatorio de que, durante los próximos cuatro años, ningún país exportador va a poder respirar tranquilo.
Donald Trump amenazó el domingo al país cafetero con cobrar tasas del 25% –y hasta el 50%– en respuesta a la negativa del Gobierno Colombiano de aceptar dos vuelos militares con deportados.
Poco después, Gustavo Petro prometió implementar aranceles similares, activando una “bomba” comercial que los equipos diplomáticos de ambos países lograron desactivar. Finalmente, la reanudación de los vuelos le permitió a Trump pintar este resultado como una victoria política. Sin embargo, desde la perspectiva peruana, el hecho de que el tratado de libre comercio (TLC) vigente entre Colombia y EE.UU. prohíba que se impongan aranceles de manera unilateral le quita el piso a quienes argumentan que nuestro TLC nos protege de ser los próximos en la lista. Lo que queda claro es que, como sucedió en el caso colombiano, cualquier cosa puede convertirse en una amenaza a la seguridad nacional que, según Trump, justifique saltarse los acuerdos comerciales. Tampoco nos deja a salvo de estas arenas movedizas que la balanza comercial entre ambos países favorezca a la potencia del norte, pues EE.UU. también le vende más a Colombia de lo que importa de ese país.
Esto nos diferencia de México y Canadá, países con los que EE.UU. tiene un déficit comercial y a los que Trump ha amenazado con aranceles del 25% a partir del 1 de febrero, usando como excusa la migración ilegal y el tráfico de fentanilo. Aún está por verse si, envalentonado por su ‘triunfo’ ante Colombia, Trump cumplirá esta amenaza o seguirá usando los aranceles solo como una herramienta retórica. Tampoco se sabe si hará lo propio con China, en contra de los intereses de uno de sus principales aliados, Elon Musk, y si este país aprovechará las circunstancias para incrementar aún más su relevancia en la región.
Pero un detalle importante es el rol fundamental que Mauricio Claver-Carone, nombrado por Trump como encargado del Departamento de Estado para América Latina, habría jugado en desescalar el conflicto entre Colombia y EE.UU., según la diplomacia cafetera.
Esto es un arma de doble filo para el Perú, pues, por un lado, nos tranquiliza que haya alguien en su entorno capaz de calmar sus impulsos, pero también nos inquieta porque fue el expresidente del BID quien propuso que los productos que pasen por el puerto de Chancay, operado por una empresa china, tengan que pagar un arancel del 60% para ingresar a EE.UU.