Con la llegada del invierno y las bajas temperaturas, es normal que sintamos un deseo casi incontrolable de comer platos más calientes, pesados y dulces. Muchos creemos que es el cuerpo el que nos pide comida extra para combatir el frío, pero la realidad es que nuestras necesidades de energía no cambian tanto como pensamos, especialmente si pasamos el día en lugares con calefacción. Este fenómeno es en realidad una mezcla de nuestras costumbres, nuestras emociones y una antigua memoria de supervivencia que nos impulsa a buscar confort en la comida. Sin embargo, este cambio de hábitos, sumado a que nos movemos menos por el clima, es lo que realmente causa esos kilos de más al final de la temporada. Descubre cómo mantener tu peso ideal sin tener que pasar frío ni hambre durante los meses de invierno.
La clave no es dejar de comer, sino cambiar la forma en que preparamos los alimentos para que nos den calorcito sin excedernos en las calorías. Expertas en Nutrición explican que podemos seguir disfrutando de platos reconfortantes si somos inteligentes al elegir los ingredientes.
En invierno nos da menos sed y nos dan más ganas de quedarnos sentados o acostados. Esa combinación es la receta perfecta para subir de peso, por eso hay que prestar atención a estos dos puntos.
En cuanto a la hidratación, María Eugenia Castro señala que: “No descuidar la hidratación: además del agua, pueden incorporarse infusiones calientes como té, café o mate”. Laura Romano está de acuerdo, pero advierte que es mejor no usar azúcar para no sumar calorías que no necesitamos, e intentar no pasarse con el edulcorante para no acostumbrarnos tanto al sabor dulce.
Finalmente, ambas nutricionistas insisten en que lo más importante es no dejar de moverse. Como solemos estar más quietos en los meses fríos, es clave “sostener la actividad física de manera regular”.
El aumento del apetito durante el invierno no responde únicamente a una necesidad biológica. Laura Romano señaló que el frío puede elevar ligeramente el gasto energético, pero aclaró que este cambio suele ser menor en personas que pasan gran parte del tiempo en lugares cerrados y calefaccionados.
Asimismo, indicó que factores emocionales y culturales también influyen en la elección de alimentos más calóricos. “No se come solo por hambre. Comemos por placer, por costumbres, por emociones y por vida social”, afirmó en diálogo con Infobae.
Por su parte, Castro sostuvo que el organismo tiende a buscar preparaciones que generen bienestar y sensación de saciedad, lo que lleva a muchas personas a preferir guisos, chocolates, pastas o panificados durante los meses fríos.
Contenido GEC
Contenido GEC