Desde pequeños, algunos niños sorprenden al mundo con habilidades extraordinarias; sin embargo, detrás de las historias sobre menores prodigio suele existir una pregunta menos conocida: ¿qué ocurre cuando crecen? Algunos terminan agotados por la presión y las expectativas, mientras que otros consiguen convertir ese talento temprano en carreras realmente excepcionales.
Ese último caso parece describir a Sabrina Gonzalez Pasterski, una física teórica estadounidense de origen cubano nacida en Chicago en 1993. Su interés por la aviación y los viajes espaciales apareció cuando todavía era muy pequeña, pero su sueño no consistía simplemente en convertirse algún día en astronauta o piloto: quería volar cuanto antes.
Durante su infancia comenzó a tomar clases de vuelo y, a los 12 años, empezó a construir su propio avión. Utilizó como punto de partida un kit Zenith CH 601 XL, pero realizó varias modificaciones por su cuenta para convertirlo en una aeronave apta para volar. A los 13 años ya había pilotado sola otro avión pequeño y, a los 16, consiguió hacerlo con el Zenith que había modificado.
Según The Times, el logro llamó rápidamente la atención. Pasterski se convirtió en la persona más joven en pilotar en solitario un avión que ella misma había construido. Su talento también despertó el interés de Jeff Bezos, quien le ofreció trabajar en Blue Origin, la empresa dedicada a la tecnología espacial, donde realizó una pasantía en 2009, cuando tenía apenas 16 años.
Una carrera académica extraordinaria
Después llegó el mundo universitario. Pasterski estudió en el MIT y se graduó en apenas tres años con un promedio perfecto de 5.0. Posteriormente comenzó su doctorado en Harvard, donde desarrolló investigaciones en física teórica y llegó a publicar ocho trabajos científicos en revistas especializadas.
Su trabajo comenzó a llamar la atención de otros investigadores de primer nivel. Stephen Hawking citó varias veces sus investigaciones antes incluso de que terminara su doctorado. Su talento y juventud hicieron que algunos medios y seguidores la bautizaran como la “próxima Einstein”.
Pero su historia no terminó con los reconocimientos académicos. Durante su etapa en Harvard, Pasterski se concentró en algunos de los problemas más complejos de la física, entre ellos qué sucede cuando objetos tan extremos como los agujeros negros interactúan.
Una nueva propiedad relacionada con las ondas gravitacionales
Junto con otros investigadores, participó en un trabajo sobre el llamado “efecto de memoria de espín”, un fenómeno relacionado con las ondas gravitacionales. En términos sencillos, estas ondas pueden dejar una huella permanente en el espacio después de atravesarlo.
Los científicos ya conocían el denominado efecto de memoria por desplazamiento, según el cual los objetos afectados por una onda gravitacional pueden terminar separados a una distancia diferente.
El efecto de memoria de espín añade otra dimensión: la luz o las partículas que orbitan esos objetos podrían experimentar un retraso temporal dependiendo de la dirección en la que giran.
Es un concepto difícil de visualizar para quienes no están familiarizados con la física teórica; sin embargo, la investigación llamó la atención de científicos como Hawking, quien utilizó el trabajo de Pasterski en sus propias investigaciones cuando ella todavía no había obtenido su doctorado.
El desafío que podría cambiar la física
Ahora, Pasterski se encuentra frente a un reto todavía mayor: encontrar una conexión entre dos de las teorías fundamentales de la física moderna. Por un lado está la mecánica cuántica, que explica el comportamiento de partículas, átomos y unidades diminutas de energía; por otro, la relatividad general, que describe fenómenos como la gravedad, el espacio-tiempo y los agujeros negros.
El gran problema es que ambas teorías funcionan de maneras que no encajan completamente entre sí. Durante décadas, físicos de todo el mundo intentaron encontrar una teoría capaz de unirlas. Pasterski considera que la llamada “holografía celestial” podría ofrecer una vía para avanzar en ese desafío.
La idea plantea que toda la información del universo podría estar codificada en una superficie bidimensional, de manera parecida a cómo una imagen plana puede proyectarse para producir un holograma tridimensional.
Si sus planteamientos consiguen desarrollarse por completo, podrían simplificar determinados problemas matemáticos y aportar una nueva forma de conectar la mecánica cuántica con la relatividad general.
No quiere ser “la próxima Einstein”
Aunque su trabajo le ha dado una visibilidad poco habitual para una física teórica, Pasterski no parece interesada en convertirse en una celebridad. De hecho, considera que la atención pública puede servir para impulsar la investigación y acercar la ciencia a nuevas generaciones.
“Estoy tratando el foco de atención como un recurso, no como un trofeo. Concretamente, eso significa conseguir más atención y financiación para [mi trabajo]”, explicó a Be Giant. “También espero poder mostrar a más jóvenes, especialmente a aquellos que no se ven a sí mismos en la física, que la puerta está abierta.”
Cuando se trata de la comparación con Einstein, su respuesta es todavía más clara. Según TIME, Pasterski afirmó: “Nadie será Einstein. Él fue quien fue. Yo no soy genial. Todavía no.”
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