Los expertos en psicología coinciden: quienes duermen con la cama pegada a la pared están buscando protección y refugio
Sandra Morales Gonzales
En este Diario hemos sido críticos de las llamadas reelecciones encubiertas. Lo hemos dicho en nuestros editoriales: las reglas electorales no pueden convertirse en un catálogo de trucos para perpetuarse en el poder. Ya el 13 de agosto, en nuestro editorial “Una autoridad pasmada”, cuestionábamos la pasividad del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) frente a estas candidaturas. Pero una cosa es defender las reglas y otra muy distinta es descubrirlas cuando el partido ya terminó. Eso es precisamente lo que pretende hacer ahora el JNE. Si existía un impedimento, correspondía establecerlo antes de que los candidatos participaran y los ciudadanos acudieran a las urnas. Hacerlo después es tomarle el pelo al elector.
Roberto Burneo, presidente del JNE, parece haber encontrado una extraña interpretación de la democracia: primero dejamos que la gente vote y después decidimos si su voto nos parece válido. Lo curioso es que el propio Burneo sostuvo el 5 de setiembre que no existía una modalidad de reelección encubierta. Ahora, con los votos contados, el JNE anuncia un criterio distinto. El problema no es solamente jurídico. Es una cuestión elemental de respeto a millones de ciudadanos que participaron de buena fe en un proceso organizado y supervisado por las propias autoridades electorales. Las instituciones están para garantizar las reglas del juego, no para cambiarlas cuando ya se conoce el marcador.
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Sandra Morales Gonzales
Oscar Guerrero Tello
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