Los agujeros negros son regiones del espacio tan masivas que ni la luz puede escapar. (Foto: NASA)
Los agujeros negros son regiones del espacio tan masivas que ni la luz puede escapar. (Foto: NASA)
Redacción EC

Toda una categoría de ha pasado desapercibida por los astrónomos en las últimas décadas, de acuerdo a una investigación realizada por un equipo internacional de científicos. El trabajo ha sido liderado por expertos de la Universidad Estatal de Ohio, en Estados Unidos.

El equipo de investigadores, que anuncian su hallazgo en la, aseguran que el descubrimiento abre una forma totalmente nueva para buscar estos objetos espaciales tan masivos que ni la luz puede escapar de ellos.

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En su estudio, los astrofísicos detallan que estos agujeros negros son más pequeños que los menores conocidos hasta el momento. Teóricamente, un agujero negro se forma cuando una estrella supermasiva (mucho más grande que el Sol) colapsa sobre sí misma en una supernova. Aquellas estrellas que no llegan a una masa crítica para convertirse en agujeros negros, terminan volviéndose estrellas de neutrones.

“Lo que hemos hecho aquí es encontrar una nueva forma de buscar agujeros negros, pero también hemos identificado uno de una nueva clase de agujeros negros de baja masa que los astrónomos no conocían con anterioridad”, afirma el astrónomo Todd Thompson, autor principal del estudio.

Los agujeros negros suelen engullir estrellas de neutrones cercanas. (Foto: NASA)
Los agujeros negros suelen engullir estrellas de neutrones cercanas. (Foto: NASA)

Los autores explican que las actuales técnicas de detección de agujeros negros no logran acercarse a la “población” real de este tipo de objeto en el cosmos. Los científicos hacen un símil con un censo en el cual solo se han considerado individuos de una talla determinada y que ni siquiera se tomaba en cuenta la posibilidad de que existieran personas más bajas.

Los astrónomos, en la actualidad, observan sistemas binarios de estrellas para detectar agujeros negros. En estos pares de astros, uno de ellos suele colapsar y, debido a su masa, se convierte en un agujero negro, mientras que la otra continúa orbitando el lugar de esta.

En las últimas décadas, la mayoría de agujeros negros detectados tenían entre cinco y 15 veces la masa del Sol. Se conoce que si una estrella tiene más de 2,5 veces la masa del Sol, entonces -teóricamente- colapsaría y se convertiría en un agujero negro y no en una estrellas de neutrones, que no suelen superar las dos masas solares.

Thompson explica que en 2017, los astrónomos se sorprendieron con el hallazgo realizado por el detector de ondas gravitacionales LIGO: dos agujeros negros, uno de 31 masas solares, y el otro 25, se fundieron en uno solo.

LIGO no usa el brillo de uno de los miembros de un sistema binario, sino que detecta las ondas gravitacionales causadas por estos cuerpos para determinar qué tipo de objetos espaciales son.

Entonces el equipo de Thompson se preguntó: si hay agujeros negros más grandes de los que no se tenía conocimiento, ¿será posible que existan agujero negros más pequeños que aún no se conocen?

Por ello centraron sus esfuerzos en buscar agujeros negros en el rango de tamaño que hay entre las estrellas de neutrones más grandes y los agujeros negros más pequeños detectados hasta el momento.

Los astrónomos analizaron la información obtenida por el Experimento de Evolución Galáctica del Observatorio Apache Point (APOGEE), que reúne datos de espectros de luz de cerca de 100.000 estrellas en la Vía Láctea. Compararon los datos con información de las supernovas en la galaxia.

Entonces, detectaron una estrella roja gigante que orbitaba algo. Según las teorías de formación de agujeros negros, ese objeto no identificado no podría ser un agujero negro “común”, pues era más pequeño que los agujeros negros conocidos, pero sí era más grande que cualquiera de las estrellas de neutrones que se conocen.

Los investigadores concluyeron que habían encontrado un agujero negro de baja masa, de unas 3,3 veces la masa del Sol.

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