Recordando a Quino: “Ser dibujante es una prisión placentera, al final uno hace lo que quiso hacer en su vida”

Conmemoramos la carrera del influyente dibujante argentino, quien falleció hoy a los 88 años, reviviendo esta entrevista exclusiva escrita en 2004, cuando celebraba el medio siglo de su carrera
El caricaturista Quino (Joaquín Salvador Lavado) durante su visita a Lima el 21 de julio de 2009 para la Feria Internacional del Libro. El creador de Mafalda falleció el 30 de septiembre a los 88 años. (Foto: Fernando Fujimoto/El Comercio)

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El mundo ha llorado ante la noticia que el caricaturista argentino Joaquín Salvador Lavado falleció hoy a los 88 años. Mejor conocido como , el dibujante es quizás más conocido por la creación de “Mafalda”. En honor a una gran vida dedicada al arte, revivimos esta entrevista exclusiva que le hizo El Comercio en 2004, cuando el artista celebraba el medio siglo de carrera.

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A la isla de un náufrago llegan tropas estadounidenses. “¿Tiene armas?” preguntan. “No tengo, pero ya que vinieron, ¿por qué no me regresan a la civilización, si es que todavía existe?” El soldado le dice orgulloso: “Sí que existe, la civilización somos nosotros”. “Ah, no, entonces déjenme acá”. Esta es una de las páginas de humor de “¡Qué presente impresentable!” el último libro del maestro Joaquín Lavado, conocido en medio mundo como Quino. El chiste de la isla desierta nunca pasará de moda, comentamos al inicio de esta entrevista. Al otro lado de la línea, Quino responde desde su estudio en Buenos Aires. “Es un tema muy lindo el de los náufragos. La situación en que el hombre está solo frente a sí mismo se presta mucho para hacer humor”.

-¿Se identifica con sus náufragos?

Sí, mucho. No es casual que en la primera página que me publicaron haya un dibujo con un náufrago. Es un tema que todos los humoristas han tocado siempre. Ese y el de los presos. Lo que pasa es que en Argentina, con las situaciones trágicas que nos han tocado vivir, ya no se me ocurre dibujar un preso. Aparte de mi autorretrato, que es tomarme el pelo a mí mismo.

-En el autorretrato que identifica la muestra por sus 50 años de carrera aparece con un traje de presidiario hecho de dibujos. ¿Su trabajo ha sido su condena?

Y bueno, un poco la verdad. Son muchos años. El asunto del tiempo de entrega que siempre te pisa los talones. Pero, claro, peor es trabajar en una mina, no hay que exagerar. Es una prisión placentera: al final uno hace lo que quiso hacer en su vida.

-Ver cincuenta años de trabajo de un tirón es una experiencia brutal para una persona tan tímida como usted.

Me ha llamado la atención la coherencia ideológica que he tenido siempre, así como los cambios de estilo.

-Viendo sus primeros dibujos, no se ha preguntado: ¿Cómo me pudieron publicar esto?

La verdad que sí. Hoy ningún medio publicaría un dibujo tan elemental y tan malo. Hay quienes dicen que yo aparecí en Buenos Aires con un humor distinto, que no se usaba. Parece que fue eso lo que atrajo que me publicaran.

-¿Todavía sigue mintiéndole a la gente diciendo que no sabe dibujar?

No (ríe), pero que me cuesta mucho... sí.

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