Módulos Temas Día
Módulos Tomas de Canal

En busca del tiempo perdido, por Paul Greenberg

Todo lo que se podría hacer si invirtiéramos el tiempo y el dinero empeñado en los teléfonos inteligentes en otras actividades.

Paul Greenberg Escritor

Smartphone

"Si los propietarios de teléfonos inteligentes utilizaran ese tiempo y dinero para sembrar medio acre de árboles, captaríamos toneladas de carbono al año". (Foto: DariuszSankowski en Pixabay. Bajo licencia Creative Commons)

Más de tres cuartos de todos los estadounidenses poseen un teléfono inteligente. En el 2018, 253 millones de estadounidenses gastaron US$1.380 y 1.460 horas en su teléfono inteligente y otros dispositivos móviles. Eso es 91 días de vigilia; en total, suma 370 mil millones de horas estadounidenses y US$349 mil millones.

En el 2019, esto es lo que podríamos hacer en su lugar.

Sembrar. En la mayoría de los estados del oeste, los US$1.380 que gastó en su teléfono podrían comprar medio acre de tierra. En las condiciones adecuadas, ese medio acre podría acomodar fácilmente 150 árboles. Un solo árbol captura 48 libras de carbono al año. Si todos los propietarios de teléfonos inteligentes en Estados Unidos utilizaran ese tiempo y dinero para sembrar medio acre de árboles, captaríamos aproximadamente 886 millones de toneladas de carbono al año, lo suficiente para compensar por más del 10% de las emisiones anuales del país.

Amar. Un estudio reciente sobre las relaciones románticas entre estudiantes universitarios en la revista “Psychology of Popular Media Culture” encontró que “la dependencia del teléfono inteligente está significativamente vinculada a la incertidumbre de la relación” y que “la dependencia percibida del teléfono inteligente de las parejas predice una menor satisfacción de la relación”. Según otro estudio reciente, más de 29% de estadounidenses preferiría abandonar el sexo durante tres meses que abandonar su teléfono durante una sola semana.

Motivar. En la actualidad, el sistema político estadounidense subestima los votos de la mayoría de los estadounidenses, ya sea a través de la tergiversación o la distribución injusta de los escaños en el Senado y los votos electorales. Pero este sistema se puede cambiar, particularmente si presionamos por un programa para la reforma de los votantes a nivel de base. Como señaló David Gold, abogado de la organización Democratism, “dejar los dispositivos daría a los ciudadanos el tiempo y el dinero suficientes para visitar a sus representantes locales y estatales tres veces a la semana durante un año y cubriría el costo del viaje en gas o transporte público para cabildear por reformas”.

Purificar. Cada año, 10 millones de toneladas de residuos plásticos fluyen hacia el océano. Según George Leonard, de Ocean Conservancy, si los estadounidenses aplicaran todo el dinero que asignaron a los teléfonos a resolver la contaminación plástica, “habría suficiente dinero disponible para pagar las mejoras necesarias en la gestión de residuos en los países asiáticos durante 70 años”.

Leer. El lector promedio, que lee a una velocidad de 280 palabras por minuto, tardaría aproximadamente 71 horas y media en leer las 1,3 millones de palabras en “En busca del tiempo perdido” de Marcel Proust. Con las 1.460 horas tomadas por el uso del dispositivo, un lector podría leerlo casi 20 veces.

Sanar. Según la clínica Mayo, nadar, caminar o correr durante 30 minutos al día disminuiría su presión arterial de cuatro a nueve milímetros de mercurio, tanto o más que algunos medicamentos para la presión arterial. Si prefiere no hacer ejercicio, dichos medicamentos cuestan alrededor de US$900 por año.

Ahorrar. El estadounidense promedio gasta US$14.000 por década en teléfonos inteligentes. Eso es US$70.000 en el transcurso de una vida laboral promedio. Si se invirtiera ese monto en un fondo de inversión conservador con una tasa de rendimiento anual de 4%, produciría más de US$1,3 millones en ahorros para la jubilación.

Circunnavegar. El año pasado, el ciclista escocés Mark Beaumont rompió el récord mundial de circunnavegación al rodear la masa terrestre mundial en 79 días. Pedaleó 16 horas al día por un total de 1.264 horas, o un poco menos de un año de uso de teléfonos inteligentes. Los humanos promedio no pueden igualar la hazaña de Beaumont, pero el dinero y el tiempo ahorrado al deshacerse de sus teléfonos les permitiría pasar mucho tiempo con un entrenador personal.

Jugar. El uso de teléfonos inteligentes es más alto entre los adolescentes y las personas en sus primeros 20 años. Y es en este momento crucial que se puede alcanzar virtuosismo en un instrumento musical. A las tasas actuales de uso de dispositivos, la mayoría de los jóvenes consumirán en una década las famosas 10.000 horas que Malcolm Gladwell asoció con convertirse en un “pianista de élite”.

Comunicar.
De acuerdo con el Marco Común Europeo de Referencia para Idiomas, se requieren aproximadamente 700 horas para dominar un idioma extranjero, utilizando el inglés como referencia. Con el tiempo que pasas mirando tu dispositivo, puedes aprender dos.

Nutrir. Un estudio reciente descubrió que los niños entre los 7 y los 24 meses de edad experimentaban mayores niveles de angustia y eran menos propensos a investigar sus alrededores cuando sus padres estaban en sus dispositivos móviles. El vínculo seguro comienza en la infancia cuando los niños toman señales visuales de apego de la mirada de sus padres. Cada momento que mire a su bebe en lugar de a su teléfono es una inversión en el futuro.

–Glosado y editado–
© The New York Times

Tags Relacionados:

Smart Phone

The New York Times

Leer comentarios ()

SubirIr aúltimas noticiasIr a Somos

Mantente siempre informado y disfruta de cientos de beneficios exclusivos del CLUB EL COMERCIO

¡SÉ PARTE DEL CLUB EL COMERCIO!

SUSCRÍBETE AQUÍ
Ir a portada