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¿Por qué alguien perseguiría a Alan García?, por Carlos Basombrío Iglesias

“¿Todo un tinglado ‘antidemocrático’ y ‘golpista’ organizado para perseguirlo justamente a él?”.

Carlos Basombrío Iglesias Analista político y especialista en temas de seguridad

Tazza

“La herencia del gobierno de Alan García para su partido fue el enanismo”. (Ilustración: Giovanni Tazza)

En 1978 yo era un joven estudiante de Ciencias Sociales en la PUCP y llevaba un curso con el recientemente fallecido Enrique Bernales (a quien rindo homenaje). Pocos meses antes había muerto Juan Velasco Alvarado y, a propósito de entender fenómenos políticos, Bernales nos preguntó en una clase si habíamos ido al recorrido de su ataúd por las calles del Centro de Lima que, al parecer, había sido seguido por muchísima gente.

Los que nos quiso enseñar Bernales –y que hasta hoy valoro– es la importancia de conocer para poder entender y opinar. Tiempo después, cuando murió Víctor Raúl Haya de la Torre, tomé la decisión de ir a ver el traslado de sus restos de la “Casa del Pueblo” hasta el Congreso. No solo me impresionó la enorme multitud, sino quizás, más todavía, el dolor incontenible de la gente que lo acompañaba.

Cuarenta años después, ese Apra parece historia antigua. Alan García, el principal responsable de esa debacle, le asesta un nuevo golpe a su partido refugiándose en la casa del embajador de Uruguay, alegando persecución política porque el Ministerio Público lo investiga en el Caso Odebrecht y porque el juez aceptó un impedimento de salida del país.

¿Qué razón podría haber para que él sea objeto de una persecución política? Hoy por hoy: ¿para quién podría ser una amenaza?

En su primer gobierno, Alan García destruyó la economía y la moral del país. Luego del golpe de 1992 se refugió en Colombia, para poder vivir en París. En las postrimerías del fujimorismo, la Corte Suprema, aún controlada por Vladimiro Montesinos, declaró la prescripción de sus delitos. Siendo aún, por entonces, un extraordinario encantador de multitudes, casi le gana a Alejandro Toledo, al que la labia inconsistente ya empezaba a pasarle factura.

En el 2006, luego de sacar a Lourdes Flores de la segunda vuelta, García logró ser el mal menor frente a un Ollanta Humala claramente chavista. Navegó bien la ola de la economía, pero dejó huella con casos de corrupción, como los masivos narcoindultos, que llevan su firma.

La herencia del gobierno de Alan García para su partido fue el enanismo. En el 2011 el Apra solo pudo ganar cuatro curules, y en el 2016, luego de su última aventura presidencial, cinco; y solo después de una discutible decisión del JNE, con la que el partido no perdió su inscripción.

El Apra, desde entonces, sobrevive en medio de peleas internas y, por más hábiles y vocingleros que sean sus congresistas, solo ha mantenido alguna pequeña vigencia política como aliado del fujimorismo.

En las elecciones regionales y municipales de octubre, el Apra quedó nuevamente por la pata de los caballos. Ni una sola victoria, medianamente importante que celebrar, en las casi 2.000 circunscripciones en disputa. Por su parte, Alan García es desde hace ya varios años el político más impopular en todas las encuestas. En la más reciente tiene 6% de aceptación y 85% de desaprobación.

¿Todo un tinglado “antidemocrático” y “golpista” organizado para perseguirlo justamente a él? La verdad que si se lo creyese, algo que yo dudo, llega a la vejez con un ego aun más colosal.

¿No está acaso Toledo con una orden de extradición en curso por documentadas coimas de Odebrecht? ¿O Humala, con impedimento de salida y en vías de ser juzgado por recibir dineros de Odebrecht? ¿O PPK con impedimento de salida por vínculos con Odebrecht? ¿O Keiko con prisión preventiva, investigada por lavar aportes de Odebrecht? ¿O Villarán con impedimento de salida por aportes ilegales de Odebrecht a su campaña? ¿O Félix Moreno con pedido de prisión preventiva por nuevas evidencias de coimas de Odebrecht?

Y para completar la plural lista de prominentes políticos investigados por la justicia: ¿no está acaso Alan García con impedimento de salida del país luego de documentarse que Odebrecht había pagado de la ya famosa caja 2 unos inverosímiles US$100.000 por una conferencia suya?

¿No es acaso cierto que lo que motivó su asilo fue su temor (hecho público por él mismo) sobre la posibilidad de que los funcionarios apristas ya presos por recibir “propinas” se acogieran a la colaboración eficaz y dijeran (falsamente, según él) a dónde fue el grueso de los sobornos que dio Odebrecht para la línea 1 del metro de Lima?

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