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Tirar la primera piedra, por Javier Díaz-Albertini

“La gran falta de Sodoma fue su maltrato a los forasteros; es decir, incumplir con la ley de la hospitalidad, una virtud altamente valorada por el pueblo hebreo”.

Javier Díaz-Albertini Sociólogo y profesor de la Universidad de Lima

Educación

“La congresista Tamar Arimborgo debe guardar sus piedras antes de lanzar la primera porque –parafraseándola– 'para muchos, su Parlamento se llama Sodoma y Gomorra'”. (Ilustración: Rolando Pinillos Romero).

Ilustración: Rolando Pinillos Romero.

La aseveración de una congresista de que el Ministerio de Educación debe llamarse “Sodoma y Gomorra” me llevó a reflexionar sobre por qué estas ciudades fueron destruidas por disposición divina. Asimismo, me hizo cuestionar si el símil propuesto era el más apropiado.

Recordemos: Yahvé le comunica a Abraham que va a destruir las ciudades por sus pecados. Abraham le ruega para que justos no paguen por malvados y, luego de negociar, se acuerda perdonar a las ciudades si descubren dentro de ellas a diez personas honestas. La búsqueda la realizarían unos ángeles.

Dos ángeles disfrazados de viajeros se encuentran con Lot –sobrino de Abraham– en la entrada a Sodoma y él insiste en que sean sus huéspedes en vez de pasar la noche en la calle. Los forasteros se acicalan y son alimentados. Poco después, los sodomitas se acercan a la vivienda de Lot y exigen que salgan los viajeros para “conocerlos” (interpretado en el contexto en un sentido sexual). Él se niega a entregarlos y, en su lugar, ofrece a sus dos hijas vírgenes a la turba y les dice: “Haced con ellas como mejor os parezca”. Los sodomitas no aceptan la propuesta y, cuando estaban a punto de tumbar la puerta, los ángeles ciegan a la muchedumbre y convencen a Lot para que huya con su esposa e hijas porque las ciudades serían destruidas por la furia divina.

¿Cuáles son los pecados que llevan a la destrucción? El énfasis puesto en el sexo anal como causa principal recién comienza a tomar forma en los primeros siglos de nuestra era, no en la narrativa hebrea. El profeta Ezequiel (16:49-50), por ejemplo, indica que los motivos fueron arrogancia, gula, ociosidad, soberbia, inasistencia al pobre o al necesitado y la comisión de abominaciones ante la vista divina. En otras partes del Antiguo y el Nuevo Testamento, se considera que las principales faltas fueron la inhospitalidad, la lujuria, la fornicación y el adulterio, la gula, la mentira y el abandono de Dios.

Aun aquellos expertos que insisten que la homosexualidad fue una de las causas, reconocen que la gran falta de Sodoma fue su maltrato a los forasteros (viajeros, peregrinos, extraños); es decir, incumplir la ley de la hospitalidad, una institución moral y una virtud altamente valorada por el pueblo hebreo. Aunque parezca poco para motivar la ira divina, la hospitalidad era una de las principales obligaciones en las sociedades pastoriles tradicionales. No acoger a un viajero o a un necesitado equivaldría a condenarlo a muerte al dejarlo desamparado, sin alimento, agua ni protección en un medio agreste y hostil. Es un grave pecado de desamor.

Teniendo en cuenta estas precisiones, creo que la congresista Tamar Arimborgo debe guardar sus piedras antes de lanzar la primera porque –parafraseándola– “para muchos, su Parlamento se llama Sodoma y Gomorra”. El maltrato a los citados –enmascarado en un supuesto afán fiscalizador– no solo muestra prepotencia, sino también el poco interés en la verdad y una evidente parcialidad (véase el caso de la Comisión Lava Jato). No tratan así, por ejemplo, a los de casa, especialmente si son adeptos a la mayoría. Asimismo, se muestran mansos y serviles ante los que tienen poder o información comprometedora aunque estos estén acusados de diversos delitos (Keiko Fujimori, Alan García o Pedro Chávarry). También emulan a las ciudades incineradas en el cúmulo de mentiras y engaños (hojas de vida), avaricia (cobros indebidos, maltratos laborales), lujuria (acoso sexual), corrupción, egoísmo (indolencia hacia el país) y sus muchos otros pecadillos. Sin embargo, soy optimista. Creo que en el Congreso hay más de diez justos. ¿Serán suficientes para evitar que sea disuelto?

Dicho esto, también quería referirme a los prejuicios de los congresistas predicadores que se escandalizan por los textos modernos y silencian pudorosamente hechos que en la Biblia se abordan con naturalidad. En el caso de Sodoma, solo destacan el fantaseado sexo anal, pero no cómo Lot ofrece a sus hijas vírgenes a una horda de violadores. Tampoco mencionan cómo, mientras se ocultaban en una cueva una vez destruidas las ciudades, Lot fue emborrachado por sus hijas para tener relaciones sexuales y así garantizar la descendencia.

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