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Lecturas de Marx, por Hugo Neira

“Tengo la convicción de que el aprendizaje del marxismo, para luego negarlo, enriquece el siglo XX”.

Hugo Neira Sociólogo

Giovanni Tazza

“Lo dice el italiano Labica, si hay un concepto que se repite en Marx no es ‘proletario’ o ‘burguesía’, sino la palabra ‘crítica’”. (Ilustración: Giovanni Tazza)

De Marx no interesa “el sistema político instalado en 1917 y que se hunde en 1991”, dice secamente la Encyclopædia Universalis. Se hunde el Kremlin. Pero la lenta agonía de una élite del poder y su doctrina —el marxismo-leninismo— a lo largo del siglo XX fue algo que mi generación ha padecido, ora dentro del comunismo, ora fuera del mismo. Desde hace un buen rato, preferí ser un hereje. Y hoy, ¿celebrar 1917? ¿Ese desastre? Lo que cuenta son las ideas de Marx, pero sin mentirnos. La idea de clases no proviene de “El capital”. En la famosa carta a Weydemeyer (5 de marzo de 1852), el exiliado de Londres reconoce que el concepto le precede.

Con Marx se abre la crítica a las alienaciones contemporáneas acarreadas por la sociedad industrial, la sociedad de clases, la burguesía, el capitalismo. Cada uno de estos términos es discutible, pero eso es Karl Marx. Sus obras y algunas de sus acciones han modificado esas mismas sociedades industriales a un punto extremo que si los empresarios del siglo XIX volvieran del sueño de la muerte, no las reconocerían. No solo innovaciones tecnológicas sino cambios sociales: la desaparición paulatina de la extrema pobreza en el planeta. Pero nuestro mundo también sorprendería al propio Marx. ¿En qué país –versión 1840 o la Comuna 1871– el proletariado toma el poder y establece el paraíso socialista?

Ante Marx hubo pensadores libres que a desmedro de las varias “religiones políticas” que él inspira, no lo siguen pero tampoco lo ignoran. De Max Weber a H. Arendt, pasando por Raymond Aron, Habermas, Sartre, Derrida, hay una lectura de Marx que no es marxista. Nunca se han beneficiado más las ciencias humanas que en ese fin del siglo XX al hundirse la Roma del convencionalismo que fue Moscú. El fin del comunismo no fue el fin de Marx. Por la sencilla razón de que no sabemos en qué va a desembocar la economía-mundo en la que vivimos.

Marx actual. No es que haya tenido razón en su teoría de la historia del capitalismo y de sus crisis, sino que ese esfuerzo estuvo marcado por dos exigencias filosóficas: el espíritu de sistema y el espíritu crítico. Lo dice el italiano Labica, si hay un concepto que se repite en Marx no es ‘proletario’ o ‘burguesía’, sino la palabra ‘crítica’. Contra Hegel, la “crítica” a su derecho político; los Grundrisse son la “crítica de la economía política”. La ideología alemana es la crítica y demolición de Feuerbach. Ni Max Weber ni Schumpeter fueron marxistas. Pero rindieron homenaje crítico a Marx. Tengo la convicción de que el aprendizaje del marxismo, para luego negarlo, enriquece el siglo XX.

Los años 90: el marxismo deja de ser la teoría de referencia. Quien se felicita es un pensador de la izquierda europea, es decir, Castoriadis. “Se desvanecen esos bolcheviques que consideraban su sistema inabordable”. Obviamente, Castoriadis pensaba en Europa y el Primer Mundo, mucho se hubiese enfriado de conocer las ideologías de la América Latina. Hemos hecho el ridículo. “El socialismo del siglo XXI” de Hugo Chávez. La carnavalización de Marx desde un caudillismo petrolero que no duró mucho.

El paralelo con la religión es inevitable. Eric J. Hobsbawm en italiano, la “Storia del marxismo” (Einaudi, 1982, t. IV): “De los pensadores que hayan ocupado una posición comparable a los fundadores de las grandes religiones del pasado, y a excepción quizá de Mahoma, ninguno ha triunfado a una escala semejante”. Pero esa idea alguien en Lima la repite como si fuera suya.

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