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Referéndum: ¿cuál era la pregunta?, por Daniela Meneses

Muchas de las preguntas que respondemos (o decisiones que tomamos) están basadas directamente en nuestras emociones.

Daniela Meneses Periodista y abogada

Referéndum

 Los mecanismos psicológicos no tienen lealtades con ningún equipo (Ilustración: Giovanni Tazza)

A cuatro días del referéndum, la suerte de quienes querían hacer una larga carrera en el Congreso parece decidida. Según la encuesta de El Comercio-Ipsos de noviembre, 68% de los peruanos está de acuerdo con prohibir la reelección de parlamentarios. Esto a pesar de que los argumentos en contra de esta propuesta abundan (entre ellos, que la tasa de reelección baja indica que no hay un problema de atornillamiento al cargo; los muchos casos donde los escándalos los protagoniza un congresista primerizo; o la utilidad de la experiencia). No en vano en el informe que publicaba este Diario el domingo, la no reelección fue la única de las cuatro preguntas electorales sobre la que los expertos consultados mostraron rechazo tajante.

Es usual escuchar que disonancias tales entre expertos y votantes se explicarían, al menos en muchos casos, por falta de información o por ‘votos con el hígado’. Nuestras intuiciones tienen, de hecho, una explicación científica. En “Pensar rápido, pensar despacio”, el psicólogo y Nobel de Economía Daniel Kahneman explora cómo formamos nuestras opiniones y tomamos decisiones.

Kahneman sostiene que cuando no encontramos la respuesta a una pregunta difícil rápidamente, solemos sustituirla por una pregunta más fácil, que él llama la pregunta heurística. Por heurística, se refiere a los procedimientos de nuestro cerebro que nos ayudan a “encontrar respuestas adecuadas, aunque muchas veces imperfectas, a preguntas difíciles”. Esto se entiende mejor con un ejemplo. Cuando se nos consulta por la frecuencia de un evento, lo que contestamos en realidad refleja muchas veces no una respuesta exacta y calculada, sino qué tan fácil nos ha sido pensar en ocasiones en las que ese evento ha tenido lugar. Un experimento que ilustra bien esta “heurística de la disponibilidad” es citado por Kahneman. Se le pidió a personas que dijeran cuáles eran las causas más frecuentes de la muerte: los infartos o los accidentes. Aunque en realidad los infartos causaban el doble de muertes que los accidentes, el 80% escogió esta última opción. Una pregunta similar reveló que la mayoría de individuos creía, erróneamente, que la muerte por tornado era más probable que la de por asma. En la práctica, los individuos parecían estar contestando que las muertes por tornado y accidentes, que suelen ser más mediáticas, eran más fáciles de recordar que sus alternativas.

Otra heurística muy particular –estudiada por experimentos que también pueden encontrarse en el libro de Kahneman– es la de la afectividad. Muchas de las preguntas que respondemos (o decisiones que tomamos) están basadas directamente en nuestras emociones. Kahneman explica que, al igual que en el caso anterior, nuestra mente intenta minimizar el trabajo que necesita realizar para tomar una decisión. Por eso, solemos sustituir la pregunta difícil –¿qué pienso acerca de X?– por una fácil –¿cómo me siento acerca de X?–.

Las implicancias para el caso que nos concierne se van haciendo evidentes. Tenemos una pregunta extremadamente compleja, que involucra el diseño de instituciones del Estado. Tenemos, por otro lado, que semanalmente Mamanis, Donayres, ‘robacables’ y ‘comepollos’ causan sentimientos que van desde el descreimiento hasta la ira, y es bastante más fácil pensar en estos casos que en los de congresistas decentes y experimentados. Cabe, pues, pensar si es que la pregunta que contestaremos el domingo en las urnas es realmente por la prohibición a la reelección de congresistas. O si no estaremos contestando, más bien, algo como esto: basándonos en los casos que nos acordamos y en el sentimiento que estos nos producen, ¿los congresistas son merecedores de la reelección?

Por supuesto, no se trata de pensar que esta sustitución sucede en todos los casos, ni que explica el voto de todos aquellos que estén a favor de la no reelección. Pero sí de saber que los sesgos existen (y son útiles en muchísimas instancias de nuestra vida) y que debemos conocerlos y ser conscientes de ellos para tratar de evitarlos. Y de saber también que, aunque esta vez parece que la manera en la que funciona la mente jugará a favor del gobierno, que como sabemos ha impulsado la reforma, los mecanismos psicológicos no tienen lealtades con ningún equipo. Cabe por eso preguntarse qué impacto tendrán en la popularidad del presidente dentro de unos meses. Especialmente considerando la reforma que tendría efectos más claros durante la presidencia de Martín Vizcarra: la del Consejo Nacional de la Magistratura (que pasaría a llamarse Junta Nacional de Justicia). Porque, ¿qué pasará si, con la junta ya instalada, aparecen nuevos escándalos de corrupción de jueces o fiscales? ¿O en la misma junta? ¿Los entenderemos como parte de un proceso complejo y que inevitablemente tendrá contratiempos? ¿O algún mecanismo similar a los antes señalados hará que, cuando se nos pregunte por la aprobación del mandatario solo podamos recordar el escándalo más reciente?

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