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Impuestos y tortillas, por Enzo Defilippi

Basta escuchar la presentación del ministro David Tuesta ante la Comisión de Economía del Congreso (o darle una miradita a su ppt) para comprobar que su intención era modificar el Impuesto a la Renta.

Enzo Defilippi Profesor de Pacífico Business School

villanueva tuesta

"El lunes por la tarde empezaron los rumores de que el ministro de Economía, David Tuesta, habría renunciado debido a las recientes declaraciones del premier César Villanueva".

El lunes por la tarde empezaron los rumores de que el ministro de Economía, David Tuesta, habría renunciado debido a las recientes declaraciones del premier César Villanueva. Como sabemos, este último dijo que nunca se tuvo la intención de modificar el Impuesto a la Renta. Desafortunadamente, eso no es creíble. Basta escuchar la presentación del ministro Tuesta ante la Comisión de Economía del Congreso (o darle una miradita a su ppt) para comprobar que esa era precisamente la intención.

Es la tercera vez en los dos meses que lleva esta administración que se busca imponer consideraciones políticas sobre las técnicas. La primera fue la pretensión de revisar los peajes establecidos en los contratos de concesión, sin los cuales seguiríamos teniendo las pocas y mal mantenidas carreteras que teníamos en los ochenta. La segunda, tratar de impedir que la Sunass cumpla con hacer que las tarifas de agua reflejen su costo real, sin lo cual los más pobres seguirán enfermándose al consumir agua cara y mal tratada. Esta es la tercera. Ya podemos hablar de una tendencia.

Viendo en retrospectiva, creo que el ministro Tuesta pudo explicar mejor lo que pensaba hacer, y que se equivocó al aumentar el Impuesto Selectivo al Consumo (ISC) antes de reformar el Impuesto a la Renta. Ahora hay más resistencia a aceptar un aumento de impuestos que hace dos semanas (aunque, para mi sorpresa, más del 50% está de acuerdo con el aumento del ISC, según Datum). Pero esto no justifica las declaraciones de Villanueva, que lo dejan mal parado y le restan credibilidad al manejo de la política económica.

En principio, los únicos que no deberían pagar Impuesto a la Renta son los pobres. En el Perú, sin embargo, solo lo pagan quienes ganan S/29.050 (7 UIT) al año o más, una cantidad muy por encima del umbral de pobreza (y del salario promedio). También es un nivel cinco veces más alto que el de México y tres veces el de Chile. Por eso, en nuestro país solo paga este impuesto el 20% de quienes declaran sus ingresos. Yo creo que es razonable buscar que contribuyan más personas que puedan hacerlo.

La tasa para los que ganan poco bien puede ser reducida. Si se fija en 5% y se reduce el tramo exento a 5 UIT, por ejemplo, alguien que gana al año el equivalente a 6 UIT (S/24.900) solo pagaría S/17,3 al mes. Pero el efecto en la recaudación sería importante porque estamos hablando de cientos de miles de nuevos contribuyentes. Mucho se habla de ampliar la base tributaria; bueno, esta es una forma de hacerlo. Otra es usando tecnología para perseguir a los evasores (que también se está haciendo). Por otro lado, la etapa del ciclo económico ayuda. Hacer una reforma así cuando la economía se está desacelerando es poco recomendable. Pero ya no estamos allí.

En una columna anterior he opinado que el tipo de política que necesita el Perú es una que haga posible llevar a cabo reformas difíciles pero necesarias. Lo que vemos, en cambio, es la voluntad de tirarse para atrás ante la más mínima resistencia. Y así no vamos a llegar a ningún lado. No es posible hacer tortillas temiendo molestar a los huevos.

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