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Janet Tello: “Nadie tiene derecho siquiera a decirme un piropo en la calle si no lo conozco”

La magistrada suprema, reconocida con el premio "Rostros por la Igualdad" , habla sobre la igualdad de género en el Poder Judicial

Jueza Janet Tello

La magistrada Janet Tello fue reconocida con el premio "Rostros por la Igualdad" 2019, entregado por la Embajada de Canadá. (Foto: El Comercio) 

Janet Tello es jueza suprema, presidenta de la Comisión de Acceso a la Justicia de Personas en Condición de Vulnerabilidad, de la Comisión de Integridad Judicial y miembro de la Comisión de Género del Poder Judicial (PJ). El pasado 8 de marzo, Día de la Mujer, fue galardonada por la Embajada de Canadá con el premio "Rostros por la Igualdad". Conversamos con la magistrada sobre su trayectoria y los desafíos para lograr la equidad en un poder del Estado históricamente masculino.

¿Cómo se siente ser reconocida con este premio?
Es un honor que me lo haya concedido el Gobierno de Canadá. Canadá es un país referente y ejemplo de democracia, defensa de derechos humanos y respeto a la dignidad de las personas. Por la fecha, conmemoramos una lucha de cientos de miles de mujeres que dieron incluso la vida para la conquista de derechos fundamentales. Eso nos lleva a comprometernos con este premio y a seguir trabajando por los derechos de las mujeres.

La justicia no tiene rostro de mujer

► Presencia de mujeres en altos cargos públicos no supera el 35%

El Tribunal Constitucional ha dicho que el enfoque de género es una herramienta constitucional.
En el Poder Judicial tenemos una Comisión de Justicia de Género, de la que soy parte, que trabaja la implementación del enfoque de género en las instancias judiciales y el aparato administrativo. Además, desde la Comisión de Acceso a la Justicia de Personas en Condición de Vulnerabilidad implementamos políticas para superar las barreras de las poblaciones vulnerables, entre las que están las mujeres víctimas de violencia en el acceso a la justicia. Por un lado, capacitamos a jueces y juezas en enfoque de género; por el otro, trabajamos directamente con las víctimas de violencia de género y con la población trabajamos con orientadoras judiciales que permiten que los hechos de maltrato o violencia puedan seguir su cauce institucional.

¿Qué diagnóstico ve en los magistrados? Hablar de estereotipos de género es hablar de un tema social y cultural muy arraigado.
Claro. Jueces y juezas también somos productos de una sociedad que tiene enraizados criterios sexistas, machistas, racistas; por tanto, cambiar la mentalidad es lo más difícil. Por eso estamos empecinadas en cambiarlo desde el aparato judicial, administrativo y personal de seguridad, con capacitaciones. Estoy segura de que va produciendo cambios importantes.

Se suele decir que el discurso de la desigualdad de género es monopolio de las mujeres. ¿Cómo percibe a sus pares, los jueces varones, hablar de estos temas?
Cada día hay más apertura. No podemos negar que el conservadurismo ha sido una constante en años pasados en el PJ. Pero hoy cada vez más vemos jueces varones involucrados y juezas que ven la necesidad de capacitarse en el enfoque de género.

Hemos hecho cursos desde la academia, donde hemos tenido mucha demanda y, dado que había cupos, muchas se quedaron fuera. Eso nos demuestra que están interesados. Este premio es una oportunidad para visibilizar ese interés de capacitarse en este enfoque, que no es más que un enfoque que apuesta por la igualdad.

Una mujer indígena quechua hablante está en una posición distinta que una mujer afrodescendiente cuyo idioma materno es el español. ¿Cómo se abordan estas diferentes situaciones?
Nosotros trabajamos con 10 ejes poblacionales, que son sectores de la población que, por razones de edad, discapacidad, estar privados de la libertad, ser migrante, pobres, ser mujeres, integrantes de minorías étnicas, tienen barreras que impiden el acceso a la justicia en condiciones de igualdad. Para eso trabajamos de manera articulada con otras comisiones como la de interculturalidad y otras.

¿Un ejemplo?
La justicia itinerante, que es el desplazamiento del sistema de justicia a lugares alejados de las sedes de corte. En Cochapampa, Ayacucho, las juezas van y atienden especialmente las situaciones de violencia, alimentos, reconocimiento de paternidad, y dictan sentencias en el idioma de la población.

Si vemos el porcentaje de presencia femenina en la Corte Suprema, es menor.
Es cierto que las mujeres en el PJ, a medida que se avanza en jerarquía, disminuimos. Pero es positivo que hoy seamos 4 mujeres en la Corte Suprema de 18 jueces (son 20, en realidad, pero uno va al JNE y otro ha sido destituido). No refleja una equidad de género, pero hasta el 2011 solo había una mujer. Estos espacios han sido tradicionalmente reservado para varones.

¿Cuánto le ha costado a usted como mujer llegar a este espacio?
Cuando yo postulo a la vacante, era una plaza a nivel nacional. Se conjugaron muchos factores. Yo he trabajado en la corte desde que era estudiante. Dejé unos años para ver el mundo de afuera y regresé cuando pensé que podía hacerse más desde dentro del PJ. Pero he sido trabajadora. Voluntariamente acepto el sacrificio total. Incluso el de la familia. Si no hubiera tenido una familia que me dio los recursos para desarrollarme profesionalmente, habría sido casi imposible.

¿Qué tipo de barreras superó?
Barreras como todas; el tener que trabajar y atender el hogar, demostrar mayores capacidades que nuestros pares, maestrías, doctorados, no veía durante semanas a los hijos, incluyendo sábados y domingos; no pude ir a las actuaciones del Día de la Madre, que son tan importantes para los niños y niñas. Tuve que priorizar el trabajo a la familia para llegar a donde estoy. Suena duro, pero es cierto.

¿Usted ve en el PJ todavía visos de machismo?
Yo pienso que a medida de que vamos avanzando, cada vez habrá menos. Pero también hay que reconocer que ha habido algunas sentencias que han traducido criterios sexistas, machistas, contra los que estamos luchando.

El PJ ha establecido directrices para que todos los jueces y juezas interpreten de manera uniforme varios delitos de violencia de género. Pero si no hay operadores capacitados, es letra muerta.
Las autoridades de las cortes, la cabeza del PJ, tienen una apertura y eso va a incidir en que cada vez menos haya sentencias que no lleven este enfoque de género. Hay que reiterar que estos acuerdos son vinculantes y, si no se cumplen, hay que denunciarlo y estaremos prestas a escuchar para no dejar estos hechos impunes.

Para denunciarlo, hay que identificarlo. Aun en temas como el acoso sexual, hay un área gris que lo dificulta. El tema está siendo debatido por la opinión pública a raíz de la denuncia de una periodista a un congresista.
No quiero discutir el caso de la periodista en concreto. Pero sí puedo decir que hemos sido tan severas con la lucha contra el acoso que, incluso antes de ser considerado delito, un presidente de la corte de Lima fue destituido hace unos años por un tema de acoso a una trabajadora. Nosotros no somos de otorongo no come otorongo. 

A veces ni la víctima identifica que es acosada sexualmente.
El cambio debe ser radical. Debe ser un trabajo conjunto, de la sociedad civil, de la empresa privada, de las instituciones del Estado. Este es el momento para cambiar. Nadie tiene derecho siquiera a decirme un piropo en la calle si no lo conozco.

Debido a que es acoso.
Así es. Hay que cambiar también las mentalidades a las mujeres. He escuchado a colegas decir que si una está en la vía pública y alguien le dice algo bonito, ¿por qué no? Y yo les digo: de ninguna manera. Se cree que si es algo bonito, aunque no conozca a la persona, tengo que agradecerlo. De ninguna manera. Es difícil porque es cultural, pero hay que arrancarlo de raíz.

La paridad no llegó a prosperar como parte de la Junta Nacional de Justicia.
Nosotros, como Corte Suprema, insistimos. Incluso dijimos que haya un cuadro de meritocracia con paridad, que sean listas independientes y que la experiencia y el conocimiento sean evaluados de igual manera [que la de los hombres]. Una experiencia muy interesante es el de la Corte Penal Internacional, que de sus 18 miembros, 9 son varones y 9 son mujeres. Eso va a seguir siendo un reto, a pesar de que nos digan: ¿y qué pasa si todas son mujeres?

Pero así siempre ha sido del otro lado.
Exacto. Además, la discriminación por género ha estado presente en varias oportunidades en los concursos de magistradas para ascenso. Como cuando preguntaban a las mujeres candidatas una receta de cocina. Eso significaba que los conocimientos que pudieran tener no valían ni interesaban. Esperamos que nunca más vuelva a suceder.

¿La nueva JNJ debe tomar en cuenta el enfoque de género al momento de evaluar?
Sí. Los conocimientos con enfoque de género deben ser un requisito para poder ser juez o jueza en el futuro. Ojalá que sea así.

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