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La justicia no tiene rostro de mujer

Mientras en la Fiscalía de la Nación una mujer ocupa el cargo por quinta vez, en el Poder Judicial, desde 1825, no ha habido una presidenta de la Corte Suprema

Palacio de Justicia

Vista frontal del Palacio de Justicia, en el Centro de Lima. (Poder Judicial)

La fiscal suprema Zoraida Ávalos asumió hace unos días la jefatura del Ministerio Público. Si bien es de manera interina, en la Junta de Fiscales Supremos (JFS) hay un acuerdo para que la próxima elección del fiscal de la Nación sea por antigüedad, por lo que Ávalos ocuparía el cargo de forma definitiva en el futuro.

Ávalos es la quinta mujer en el cargo –de los 15 fiscales supremos que lo han ocupado– desde la creación del Ministerio Público, a inicios de los 80. Antes lo hicieron Blanca Nélida Colán, Nelly Calderón, Adelaida Bolívar y Gladys Echaíz.

A diferencia de la Fiscalía de la Nación, en el Poder Judicial nunca en su historia ha habido una presidenta. Desde 1825, hace 194 años, cuando se designó a Manuel Lorenzo de Vidaurre y Encalada, ha habido al menos 116 presidentes de la Corte Suprema –algunos han ocupado el puesto más de una vez, como De Vidaurre–, pero no una presidenta.

Diferencias
Que no haya habido una presidenta del PJ es una pregunta que desde hace mucho tiempo se hace la ex fiscal de la Nación Gladys Echaíz.
“Siempre he tenido esa curiosidad. A veces he pensado que allá [en el PJ], como son más hombres y tienen [...] unas costumbres muy tradicionales, muy reverenciales... [...] Sé poco de la idiosincrasia de los magistrados, pero sí sé que son muy conservadores; es decir, se puede advertir –y todos lo vemos– en su cultura organizacional. Tal vez eso influya, pese a que ahora hay gente joven”, comentó Echaíz, quien antes de ingresar al MP laboró en el Poder Judicial.

Echaíz afirmó que la Junta de Fiscales Supremos es diferente y recordó que en un momento fueron más mujeres que hombres (a mediados de la primera década del 2000, en la JFS solo estaban Calderón, Bolívar y Echaíz, y luego ingresaron Pablo Sánchez y José Peláez; todos fueron fiscales de la Nación, y en casi todos los casos su elección fue por antigüedad).

“[Además] no sé si influya [el hecho de que en la JFS solo son cinco], pero el trato entre sus miembros es parejo, de igual a igual”, recalcó.
Además, consideró que en el MP “hay más comunicación y acercamiento con el fiscal. Hay un trato directo, tal vez porque la función es diferente. Tal vez eso pueda influir. Como son instancias marcadas, al que está abajo [el fiscal] lo revisa el que está arriba [el juez]”.

La jueza suprema Elvia Barrios, quien es presidenta de la Comisión de Justicia de Género del PJ, también recordó el hecho de que ambas instituciones tengan una diferencia de años, respecto a su creación, de poco más de 150.

Barrios lamentó que históricamente no se haya elegido a una presidenta de la Suprema, y recordó que recién en la década del 90 una mujer ingresó a esta. Se refiere a Elcira Vásquez, nombrada en 1993.

Por muchos años, Vásquez fue la única suprema titular. Pasaron 18 años hasta que otras dos vocales ingresaran a la Suprema como titulares: en el 2011 fueron designadas Ana María Aranda y Barrios. Dos años después entró Janet Tello y, a fines del 2017, Mariem de la Rosa. “Poco a poco nos hemos ido abriendo espacio”, señaló Barrios.
Actualmente, la Suprema tiene 18 magistrados.

Barrios ha postulado dos veces a la presidencia del PJ: en el 2016 y 2018, en las que perdió en segunda vuelta. Para ella, el momento de las juezas ya llegará, como también en la presidencia de la República (Keiko Fujimori ha llegado dos veces a la segunda vuelta).
“Son los dos poderes del Estado donde falta que las mujeres tengan un espacio”, señaló.

“Los varones siempre han controlado estos espacios de poder. [...] En cambio, las mujeres históricamente pertenecemos a un grupo que ha tenido que luchar por el reconocimiento de derechos igualitarios junto al varón. Creo que debemos universalizar el acceso al poder, porque eso va a permitir transformar las relaciones de poder que tenemos hasta ahora”, recalcó.

Poder Judicial

Otras miradas
Como Barrios, el juez supremo Francisco Távara, ex presidente del PJ, cree que el momento de una titular de la Suprema llegará. Además, considera que debe incentivarse una mayor participación de las mujeres en procesos de selección de magistrados. Estos los desarrollaba el CNM. En el futuro lo hará la Junta Nacional de Justicia (para la que se ha propuesto que, como mínimo, tres de sus siete miembros sean mujeres). Según estadísticas del PJ y de la fiscalía hasta el 2017, en ambas instituciones hay más magistrados hombres.

Respecto a la poca presencia femenina en el PJ, su ex titular, el vocal supremo Víctor Prado, recordó que “quienes obtienen las plazas son los que alcanzan el puntaje establecido, con independencia de si es hombre o mujer”.

Para Prado, lo que debe cambiar es el sistema de elección. “Sea hombre o mujer, lo importante es que toda la población judicial, entendiendo a los jueces titulares, sea la que elija al presidente del PJ”, comentó.

“El electorado actual, sea en el MP o el PJ, es muy diminuto para un cargo tan importante, para la representación de todo un sistema”, acotó.

Sin embargo, en las cortes superiores del país, donde la elección es universal, solo 4 de 34 tienen titulares mujeres.

La ex primera ministra y ex defensora del Pueblo Beatriz Merino –la primera mujer en ocupar ambos cargos– comenta que esta situación no es exclusiva de entes estatales: “Si hablamos del sector privado, tampoco se encontrará, salvo que me equivoque, mujeres que hayan sido presidentas de bancos o de compañías de seguros privadas, como seguro tampoco encontrará una directora general de El Comercio”.

“Esto tiene que ver con el ejercicio del poder. Si uno analiza la historia, no solo del Perú, sino del mundo, aquellos lugares donde se ejerce el poder real de las sociedades son, y han sido siempre, cotos más bien cerrados, de carácter, por así llamarlo, patriarcal, en el lenguaje del feminismo. En las últimas décadas, esto se ha ido modificando y han aparecido mujeres, prácticamente en todos los ámbitos. Si se analiza con detenimiento, algunos centros de poder son cotos muy cerrados, por ejemplo, la presidencia de la República. En el PJ tampoco hemos tenido una presidenta”, finalizó.

—Experiencias—

Beatriz Merino sobre su nombramiento como primera ministra en el 2003:

Yo ejercía como superintendenta de la Administración Tributaria [...] En ese momento [2003] me estaba preparando para tomar una decisión de carácter académico: quería ir a Europa a estudiar un doctorado en Economía y Filosofía. En mi vida académica, además del lado profesional, he logrado a tener una maestría en una gran universidad como es Harvard, pero no había hecho el doctorado, porque nunca tuve el tiempo, y decidí que ese era el momento en el que quería [hacer el doctorado]. De hecho, conseguí la admisión, [y tenía] todo lo necesario. Pero cuando tenía que ir a hablar con el presidente [Alejandro Toledo] para decirle que me iba a retirar, me di cuenta de que había una crisis política, porque cuando uno está al frente de instituciones apolíticas, totalmente técnicas, como es la administración tributaria, lee El Comercio, como digo yo, de la página 10 en adelante [risas]. No lee la parte política necesariamente porque no forma parte de lo que es requerido para la función de uno necesariamente. Me di cuenta de que había una tremenda crisis política, el presidente tenía una aprobación muy baja, e iba a cambiar su Gabinete. Decidí esperar a que pasara la crisis política para hablar con él porque no me parecía prudente en esas condiciones.

Para mi sorpresa, yo escuchaba mi nombre o me llamaban y me decían que mi nombre estaba en el bolo. Siempre ignoraba los comentarios que no tenían ningún sustento, pero una tarde recibí una llamada que me hizo suponer que quizá era cierto que mi nombre podía estar siendo considerado. Entonces me retraje, como hago habitualmente en estas situaciones, para pensar a solas sobre qué podía pasar si el presidente efectivamente me llamaba y me ofrecía ese cargo. Y fue un gran debate personal, porque primero representaba dejar algo que fue la ilusión de toda mi vida. Toda mi vida quise hacer un doctorado en Economía y Filosofía, y ya tenía esa decisión tomada. Pero por otro lado me daba cuenta de que ese era un cargo que no había sido ofrecido a una mujer en casi 200 años de vida republicana, y luego de debatir conmigo misma, me dije: yo no seré la mujer que le diga no a ese ofrecimiento si se produce. Al día siguiente, a las 9 de la mañana, me llamó el presidente, me dijo que fuese a su casa y en la conversación me pidió que asumiese la responsabilidad. Nunca conversamos sobre el tema de género, porque la verdad nunca ha sido un tema de conversación en los cargos que he tenido. Creo que cuando me han llamado, ha sido porque han considerado que podía asumir esa responsabilidad.

Me alegro mucho de haber aceptado. Claro, han pasado muchas cosas en la política, pero principalmente porque después hubo tres mujeres presidentas del Consejo de Ministros. Hace poco, en un evento en Australia mencionaron al Perú con un reconocimiento que en el país ha habido cuatro mujeres que han ejercido el cargo de primera ministra. Me sentía muy feliz. Una vez que sucede, ya los demás presidentes también [se deciden]. Y no tengo la menor duda de que el presidente Vizcarra, en su gestión, va a llamar a una mujer para presidir el Consejo de Ministros. Estoy segura de que eso ha enriquecido el Consejo de Ministros.

¿Cómo me sentí yo? A veces pienso que fue más difícil para los ministros que trabajaron conmigo que para mí. Una vez le pregunté a un ministro si había tenido una jefa mujer en su vida laboral, y me dijo que nunca. Y le pregunté si había tenido una mujer par, y me respondió que nunca. Y [luego] le pregunté cómo se sentía trabajando conmigo. Me dijo que era muy difícil. Me di cuenta que no era difícil para mí, pero quizá sí para él.

En las FF.AA. era la primera vez que la mujer recibía los honores militares y era muy curioso. Yo lo tomé con mucho respeto y humildad, pero me daba cuenta que para los generales y almirantes era algo nuevo y sorpresivo, pero siempre sentí su respeto y honorabilidad.

Me alegro [por haber asumido el cargo de primera ministra]. La parte triste de la historia es que nunca llegue a hacer mi doctorado en Economía y Filosofía. Pero no me arrepiento, me siento muy contenta y sé que habrá muchas más mujeres peruanas que asuman ese cargo y espero que, antes de que me muera, pueda ver a una mujer presidenta.

Martha Chávez sobre su elección como presidente del Congreso en 1995:

En mi caso, tuve la suerte en el sentido de que, si bien me he preparado y he llegado al Congreso con estudios de maestría completos, con tres idiomas aprendidos además del castellano, con el grado académico y mi licenciatura como abogada y con casi 20 años de ejercicio del Derecho, trabajé con un presidente [Alberto Fujimori] que reconocía y apreciaba y al que le gustaba trabajar con mujeres, y que calificaba a las mujeres como personas más responsables y trabajadoras que el común de los varones. El presidente Fujimori fue un mandatario que contó con ministras, no solo en carteras sociales, sino en temas que usualmente eran reservados a los hombres, como Comercio Exterior, por ejemplo. Y viceministras en Economía y en el Ministerio de la Presidencia o Transportes, y no hablemos de embajadoras, viceministras y asesoras.

Fue esa suerte y reconocimiento. Yo también he sido la primera y única secretaria del Consejo de Ministros por esa razón. Eso fue por unos meses en 1992. Luego de que el presidente toma la decisión del 5 de abril, se recompone el Gabinete, se nombra un nuevo Consejo de Ministros, y yo ingreso como secretaria, en junio. Me quedé hasta agosto, cuando tuve que pedir licencia porque el presidente me pidió que postulara al Congreso Constituyente. Fui invitada por el presidente para ello. Cuando fui elegida, renuncié [a la secretaría del Consejo de Ministros].

En 1995, no había ley de partidos, entonces las cosas se definían más dinámicamente. Entonces Nueva Mayoría no era un partido, sino una agrupación independiente. Hicimos alianza con Cambio 90. El presidente Fujimori mostró su voluntad de que liderara la lista del Congreso. Fui la número uno, y por lo tanto fui la más votada del grupo mayoritario. [...] De acuerdo a las reglas que rigen en el Congreso, presidí la junta preparatoria con Martha Hildebrandt y Anel Townsend [por ser las congresistas elegidas de mayor edad y más joven, respectivamente]. Luego, mi grupo político me postuló para la presidencia del Congreso. Esa fue la circunstancia.

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