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Marleny Bardales dirige 36 colegios de la red educativa Fe y Alegría y usa tablets para mejorar el aprendizaje de 2.550 escolares en Tambogrande, Piura. Esta es la historia de su vocación.

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Marleny Bardales Raymundo es piura de nacimiento y lidera 36 escuelas de la red rural Fe y Alegría N° 48 en Tambogrande, Piura.

Texto: María Huamán Luna
Fotos: Omar Lucas

En medio de una noche calurosa, la hermana Marleny Bardales planifica el futuro de los colegios que dirige. Es un miércoles de noviembre y aquí, en Tambogrande, distrito famoso por sus jugosos mangos y limones, la directora de la red educativa rural Fe y Alegría N° 48 revisa en su laptop los nuevos proyectos que mejorarán la educación de sus niños: 2.750 escolares que viven en 22 de las comunidades más empobrecidas de Piura.

Durante la mañana, la hermana Marleny no solo envió decenas de e-mails. La mujer que acaba de ganar el Premio Nacional Almirante Miguel Grau 2018 por su labor en la comunidad, atendió llamadas, coordinó trabajos con sus docentes por WhatsApp, hizo seguimiento a sus alumnos por Facebook y envió a una maestra a la ciudad con un niño que se fisuró la cadera.

Para la hermana Marleny no hay tiempo que perder. Sobre todo, cuando sabes que 3 de cada 10 niños de la zona trabajan, la mayoría, en la agricultura o minería informal. “Hacer que los chicos no falten al colegio nos ha tomado tiempo. Teníamos que convencer a los padres de que la educación es el único recurso que podemos heredarles”, dice la religiosa de 50 años, sentada en el patio de su casa. “Ningún niño debería quedarse fuera del sistema educativo”.

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Nacida para enseñar
Al día siguiente, a las 6:30 de la mañana, Marleny Bardales está lista para orar. Luego, sale presurosa, sube a una camioneta y, timón en mano, va por la trocha que la conduce a las 36 escuelas que lidera. Durante el trayecto, sobrepara: “¿Ya están yendo al colegio? ¿No se les está haciendo tarde?”, les dice, cariñosa, a un grupo de niños con los que se encuentra.

Mientras avanza, la escena se repite. Los padres se acercan a abrazarla y más niños la saludan. Antes nadie hubiese imaginado el salto que darían colegios como la I.E. Totoral Bajo, la I.E. Santa Rosa de Palominos o la I.E. N° 15219 de Tinajones. La hermana Marleny usó la tecnología para cambiar el rumbo de la educación en Tambogrande.

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La hermana Marleny ha disminuido el problema del trabajo infantil de 50% a 20%.

El poder de la tecnología
“Ahora mis hijos vienen más contentos al colegio”, dice orgullosa Cristina Abramonte, madre de familia del colegio N° 15219 de Tinajones, a unos 70 kilómetros de Tambogrande. Y en lo que organiza junto a otras mamás lo que será el viaje escolar para ver el mar por primera vez, un mundo paralelo existe.

En el salón, 14 niños del primer al sexto grado aprenden sobre el orden y la limpieza a través de tablets. Gracias al esfuerzo de Fundación Telefónica, los papelógrafos quedaron atrás. Mediante una aplicación llamada ProFuturo, 2.550 escolares de inicial, primaria y secundaria de la red Fe y Alegría de Tambogrande, acceden a clases interactivas. Así aprenden ciencias, lenguaje, matemáticas, ciudadanía y más. Los docentes eligen los temas que quieren desarrollar y se valen de recursos como videos y juegos para trabajar con sus alumnos.

“Los mejores aliados que tenemos para el desarrollo educativo son los niños”, dice Marleny Bardales.

“A través de este programa los niños han fortalecido su escritura y la comprensión de textos”, comenta Daniel Riofrio, uno de los 107 profesores beneficiados con el proyecto, quien enseña en el único colegio de primaria de Tinajones. Donde, ahora mismo, Clarita, Diego, Celia, Nelson y todos en el salón, juegan a ordenar la casa de Drica y Joaquín, los personajes principales de la plataforma educativa. “Hay que recoger todo lo que está en el suelo y ponerlo en su sitio”, dice una voz, “¡Ya casi termino!”, dice otra retando al resto.

Conocida como Mochila Digital, esta iniciativa –que también brinda una laptop e Internet inalámbrico para cada institución–, es el resultado de una serie de mejoras que Fundación Telefónica hizo al programa desde que llegó a Piura en 2006. ¿El propósito? Reducir las brechas educativas y continuar el proyecto durante el 2019.

“Ahora los niños tienen mayor autoestima, son más expresivos y vienen con más ganas a estudiar”, cuenta la hermana Marleny, para quien no hay mejor satisfacción que escuchar a sus chicos decirle: “Ya no tengo nada que envidiarles a los niños de la ciudad”.

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