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Banksy y el arte de la destrucción: ¿Un hito en la historia del arte o vil ardid comercial?

Hace solo unos días, Banksy, rockstar por excelencia del street art británico, destruyó una obra suya que acababa de ser subastada a un precio millonario y muchos aún se preguntan de qué va su rollo

Banksy es el artista más famoso del mundo al que (casi) nadie ha visto nunca. Algunos pensaron por un tiempo que podía ser también una mujer. O un grupo de mujeres y hombres. Su nombre podría ser Robin Gunningham o Robin Banks, nacido en Bristol, Inglaterra, a mediados de los años 70. Su sello es la rebeldía y lo antisistema, aunque gane millones con ello.

“Parece que acabamos de ser Banksy-tados”, dijo el director de arte de la célebre casa de subastas Sotheby’s, Alex Branczik, después de ver cómo el cuadro Girl with Baloon (Niña con globo) empezaba a convertirse en tiras de papel en el mismo instante en el que se concretó su venta, por 1,2 millones de euros. Ante el asombro de los asistentes, una alarma comenzó a sonar en ese mismo momento, mientras el mecanismo instalado en el interior del cuadro destruyó la obra anterior –hasta la mitad–, convirtiéndola en una nueva: Love is in the Bin (El amor está en la papelera). El mismo Banksy lo explicó a través de un video en su cuenta de Instagram –donde suma más de 4’800.000 seguidores, pero no sigue a nadie–, que ha sido reproducido casi 13 millones de veces. “Hace unos años construí en secreto una trituradora por si acaso el cuadro salía alguna vez a subasta”, confesó.

“Lo de Banksy no es arte: es una feria, una diversión”, ha dicho sobre lo ocurrido Fernando Botero. “La verdad es que el tipo me parece realmente un genio”, nos dice por su parte la galerista Cecilia González. “Cuando aparece alguien como Banksy, la gente se atreve a decir cosas que antes no”. A Ramiro Llona, en cambio, no le parece un artista importante. “Lo que hace lo encuentro simplón. Siempre he pensado que era algo armado con fines publicitarios y comerciales”. Y agrega: “La compradora dijo que se sentía feliz porque se había dado cuenta de que ahora poseía no solo una obra, sino ‘un momento importante de la historia del arte’. Me parece la manipulación del mercado del arte llevada a niveles de histeria colectiva”. Por su parte, Edwin Higuchi, Pésimo, también artista urbano como él, reconoce su estética y mensaje controversial, “pero decir que por este último acto es un genio es exagerar. Tampoco es un pionero”. La escritora Katya Adaui, seguidora de Banksy, asegura que lo ocurrido es una mezcla de estafa, hito y mito. “No le creo nada, pero le creo todo”, dice, como ironizando sobre los verdaderos objetivos del artista.

Precisamente, quizá una de las mayores ironías de todo esto sea que antes se hablaba de salvar al arte de su autodestrucción… y hoy se habla de la autodestrucción como la salvación del arte. //

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