Por Juan Paredes Castro
Allá por el año 87 pasé un tiempo en el Medio Oriente trabajando en un reportaje sobre la entonces zona más convulsionada del mundo y no tuve otro libro en mis manos todo el tiempo (casi convertido en aparejo de tanto leerlo) que "Nada y así sea" de Oriana Fallaci, el mejor testimonio que se conozca de la guerra del Vietnam.
Deseaba aprender mucho más de lo que ya había aprendido de la peor guerra del último medio siglo pasado, para que menos cosas me cogieran de sorpresa allí donde estaba y donde precisamente los odios y fanatismos religiosos (entre musulmanes, judíos, palestinos, drusos, católicos, ortodoxos, persas) no solo han impedido el establecimiento de fronteras seguras entre las naciones, sino que subsisten desde el tiempo de las primeras pirámides y desde que el primer camello se echó a andar sobre las arenas del Sinaí.
"Nada y así sea" era en esos días el espejo retrovisor de mi recorrido por el Medio Oriente. Así, en mi reporte y análisis de cada día tenía una experiencia de violencia y muerte hacia delante y otra similar hacia atrás, a la luz de cómo en cada una de ellas podían moverse las fichas del poder. Pero en eso descubrí que el libro encerraba también un borde plateado sobre la vida misma que me interesó muchísimo y que ahora lo traigo aquí en recuerdo y en homenaje a Jimena Pinilla, tan hermanada con Oriana Fallaci en tres cosas: en la intensidad con que se vive el periodismo, en el heroísmo de dejar un jirón de la vida en cada reportaje y en saber que no se puede tardar más en morir.
¿Qué es la vida? Se pregunta la célebre periodista italiana al final de "Nada y así sea" y ella misma se responde como si quisiera que a la vez lo escuchara Francois Pelou, el reportero de France Presse que conoció en Vietnam y al que dedica su libro.
La vida es, pues, el escenario que uno tiene que atravesar con mayor o menor ligereza; no cuenta el tiempo que empleemos en hacerlo; cuenta la forma de atravesarlo; y lo importante es atravesarlo bien.
¿Y qué significa atravesar bien este escenario?
"Significa no caer en la concha del apuntador. Significa pelear. Como un vietcong. No dejarse degollar, no tumbarse al sol, no paralizarse bajo el pinchazo, no charlar por los codos y nada más como hacen los hipócritas y, a fin de cuentas, también nosotros. Significa creer en algo y pelear. Como un vietcong".
Jimena Pinilla atravesó el escenario bien. Atravesó la vida bien. Y peleó como un vietcong.
Oriana Fallaci sabe lo que dice cuando sentencia que la vida es también una condena a muerte. Y que precisamente porque es una condena a muerte hay que llenarla bien.
Jimena Pinilla llenó bien la vida, aunque al llenarla se le rompiera al final.
Mi admiración de reportero por Oriana Fallaci va de la mano con mi admiración de editor por Jimena Pinilla, de quien siempre supe que tenía dos ojos a los que no se les escapaba nada y que hubieran querido seguir examinando el Perú en muchos momentos justos de su historia, allí donde esta es noticia, como ahora.
Lo de ella es más un heroísmo de vida que contar, que una muerte temprana que lamentar .
(*) EDITOR CENTRAL DE OPINIÓN Y POLÍTICA