Descontrol y caos refleja crítica situación penitenciaria
Por Luis García Panta y Óscar Castilla
La ingobernabilidad, el caos y el descontrol en el penal de Lurigancho, el más poblado del país, nuevamente se pusieron de manifiesto ayer cuando 400 reclusos se enfrentaron con armas de fuego, piedras y armas blancas contra 150 policías a fin de proteger a un presidiario que era buscado en el interior del establecimiento por haber organizado un motín pasado.
Como consecuencia del enfrentamiento, producido a las 5:30 de la madrugada en el pabellón 20, el suboficial de tercera Jorge Luis Hernández Sanabria, de 26 años, resultó con traumatismo encefalocraneano grave por fractura del parietal derecho, tras caerle un ladrillo lanzado desde la azotea.
Actualmente, Hernández se encuentra en la Unidad de Cuidados Intensivos de la clínica San Juan Bautista, de San Juan de Lurigancho, con pronóstico reservado. Mientras que otros dos policías resultaron con heridas menores.
El ladrillo fue arrojado por Eduardo Antonio Campos Pilco (24), quien fue aislado.
BATALLA CAMPAL
La trifulca se inició a la hora antes indicada cuando los policías, comandados por el coronel Ronald Bayona, director del penal, quisieron ingresar al pabellón 20, en donde el interno Juan Carlos Bernuy Santibáñez, 'Jimmy', se refugiaba.
'Jimmy', un peligroso asaltante, era buscado en el interior del establecimiento por haber organizado el sábado último un motín, con el que quiso tomar a balazos la conducción del pabellón 1. En esa oportunidad, la Dirección de Seguridad de Penales de la PNP (Dirsepen) logró decomisar dos pistolas y cuchillos. "Sabíamos que 'Jimmy' tenía otras dos armas de fuego y andaba huyendo de pabellón en pabellón", señaló un oficial PNP.
Como es de conocimiento, los más prontuariados hampones de esta cárcel suelen comandar los pabellones para hacerse cargo de la distribución de los víveres, la venta de celdas, el cobro de cupos por protección, así como el expendio de drogas y alcohol.
Un informe del INPE señala que cada delegado o 'Taita' de un pabellón obtiene de ganancia en promedio 20.000 soles mensuales por estos negocios.
En esta oportunidad, los efectivos no previeron que los presidiarios se habían preparado para recibirlos y estaban dispuestos a todo. Fue así como empezó la batalla campal.
Mientras los internos lanzaban piedras y disparaban, los efectivos lanzaban gases lacrimógenos e igualmente efectuaban disparos. El enfrentamiento duró casi una hora. Luego de la refriega, los efectivos ingresaron para hacer salir a los reclusos.
A Bernuy Santibáñez 'Jimmy' se le decomisó un arma de fuego. Asimismo, fueron detenidos los delegados del pabellón 20, Carlos Manuel Medina Jiménez 'Buho' y Jorge Murga Constantino 'Bicho'.
TRASLADOS
Los tres, junto con otros 42 reclusos de los pabellones 1 y 20, serán trasladados en las próximas horas al penal Piedras Gordas y a otras cárceles de provincias por actos de indisciplina.
Los restantes presos del pabellón 20 han sido confinados en un pabellón de castigo. Se les recortará la visita por un mes y no tendrán acceso a los talleres ni a los medios audiovisuales.
Ayer en la mañana, los familiares de algunos internos llegaron al penal para averiguar la suerte de sus seres queridos. Como medida de precaución, las visitas habituales de los religiosos, activistas de derechos humanos y abogados fueron suspendidas. A la 1 p.m., luego de una requisa, la calma volvió al penal.
Solo el 17% tiene sentenciaEl penal fue creado en los años sesenta con el fin de albergar a 1.500 reclusos. Sin embargo, actualmente presenta el hacinamiento que todos conocemos.
Por ello, el 17 de febrero de este año las autoridades penitenciarias lo declararon en emergencia e impidieron la admisión de más procesados. No obstante, el plazo se cumple el 17 de mayo y, a partir de entonces, Lurigancho volverá a albergar más internos.
A inicios de los años noventa, a raíz de la crítica situación de hacinamiento que presentaba el penal de Lurigancho, se construyeron los penales de Cañete y Huaral con una capacidad para unos 2.000 internos entre ambos. Al poco tiempo, estos se llenaron y la capacidad de Lurigancho siguió el camino del colapso.