Miércoles, 28 de marzo de 2007
Mallkikuna


Alberto Quintanilla inaugura mañana la muestra --cuyo título, en quechua, quiere decir 'espíritus'-- en las Alianza Francesa de Miraflores y La Molina.

Por Marianne Blanco Dejardin

"La gente está habitada por fantasmas, lo que hago es plasmar en mi obra los fantasmas que salen de mi alma sin pensar muy bien qué saldrá. Solo cuando termino mi trabajo me doy cuenta de lo que he creado. Yo soy un pintor intuitivo... inteligente pero no intelectual", empieza diciéndonos Alberto Quintanilla mientras camina entre sus alucinantes esculturas que para él son juguetes gigantes de fierro, algunas de las cuales serán expuestas en esta muestra antológica. Dice que su trabajo es un intento por encontrar la identidad peruana que aún no tenemos, una identidad cuyo origen --afirma-- se puede vislumbrar en antiguos mitos precolombinos. Su obra, llena de color, es lúdica y a la vez fantástica.

Alberto fue el único artista de una vasta familia cusqueña. Creció en el Cusco, rodeado por mujeres (23 para ser exactos), donde conoció la historia de la conquista española que lo marcó profundamente. Comenzó a pintar y hacer modelado a los 8 años, y los domingos vendía sus obras en ferias artesanales.

Ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes del Cusco y paralelamente estudió y trabajó en restauración. Fue gracias a esto que pudo conocer mejor el mestizaje cultural de su tierra y la escuela cusqueña. "Fue un mandato de los católicos, no el arte de los indios que se fue olvidando", afirma. Mientras iba cayendo en la cuenta de que los peruanos habíamos perdido nuestra visión estética, se iba interesando cada vez más en los mitos populares. "El mito encierra un misterio y tenemos que descubrirlo para crecer como pueblo. Tenemos que vernos en el espejo sin sentir vergüenza de nuestra cara, nuestro color, nuestro pasado", dice, enfático, Quintanilla.

Se mudó con su familia a Lima, donde terminó la carrera en Bellas Artes en 1959. Ganó un concurso y viajó becado a Francia, donde vive hace más de 40 años. "Si me hubiera quedado acá no hubiera vendido nada, acá te limitan en todo", comenta con cierta molestia.

Cumplió su sueño de viajar por casi todo el mundo y de vivir de su arte. Dice ser el único pintor peruano que ha ganado dos premios internacionales: la medalla de oro de la Bienal de Florencia, en 1972, y la medalla de oro Intergrafik en Berlín, en 1987.

MUESTRA ANTOLÓGICA
"Mallkikuna" es el nombre que escogió para esta muestra, pues dice que refleja bien la intención que hay detrás de su obra: que los fantasmas de los mitos nos pueden ayudar a hallar nuestra identidad nacional.

La exposición mostrará una gran variedad de trabajos de Quintanilla: grabado, óleo, acuarela y esculturas de fierro de gran formato. La muestra se presentará paralelamente en la Alianza Francesa de Miraflores y en la de La Molina, debido a la gran cantidad de obras que tiene y al gran formato de sus esculturas.

FANTASMAS DE DOS CARAS
Algo que se repite en sus cuadros y grabados es la presencia de seres con doble cara, como si tuvieran una máscara o dos personalidades. "Un día, mientras hacía un retrato, no estaba contento con el resultado cuando lo hice de frente. Entonces lo tapé y lo hice de perfil. De casualidad se mezclaron los trazos y finalmente quedó una doble cara que me pareció muy interesante. Puse el cuadro en una exposición y tuvo mucho éxito, pues cada espectador le ponía sus propias categorías", comenta el artista que desde entonces emplea a menudo este recurso en sus cuadros y grabados.

"Soy un pintor moderno que está tratando de tener una identidad peruana y el arte es un reflejo y una forma de identidad", concluye Alberto Quintanilla, quien con sus 80 años dice sentirse más fuerte y vital que nunca.

La muestra estará abierta desde mañana hasta el 30 de abril.





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