Las primeras señales aparecieron hace algunas semanas, en carteles colgados de puentes o amenazas escritas en papeles junto a cadáveres en calles o carreteras. Luego hubo emboscadas y asesinatos múltiples. Después surgieron grupos armados en varios pueblos que desterraron a quienes controlaban el territorio.

Los ataques ocurrieron en zonas que hasta 2012 se creían controladas por el Cartel de Sinaloa, y en varios casos aparecieron mensajes contra al líder visible de la organización: Joaquín Guzmán Loera, El Chapo.

Especialistas y consultoras como la estadounidense Stratfor ven un creciente desafío contra la organización de narcotráfico más importante de América Latina, que parece enfrentar una revuelta en su propia casa.

Se trata de una consecuencia de la guerra contra grupos enemigos y autoridades, pero también es el indicio de una nueva generación de jefes dentro del Cartel, explica a BBC Mundo Martín Barrón, investigador del Instituto Nacional de Ciencias Penales (Inacipe).

Son cambios generacionales por diversas razones, como el envejecimiento de los jefes y las bajas que han sufrido por enfrentamientos entre carteles y la autoridad. Eso merma su capacidad de respuesta, afirma Barrón.

GUERRA EN GUASAVE La Mochomera, Los Mazatlecos, Jalisco Nueva Generación, El Dos Letras

Nombres de algunos que se han enfrentado al Cartel de Sinaloa en los últimos meses. Detrás de algunos de estos grupos se encuentra la organización de la familia Beltrán Leyva, que se separó de la organización de El Chapo en 2008 cuando uno de los sus principales líderes fue detenido.

Los hermanos Beltrán culparon a Guzmán Loera de la captura, y a partir de ese momento iniciaron una guerra en su contra donde se aliaron con quienes en algún momento fueron sus enemigos, los carteles de Juárez y de Los Zetas.

Esta alianza, señala Stratfor, es el motor principal de la revuelta en los pueblos que controlaba el Cartel de Sinaloa.

La agencia estadounidense y medios locales documentaron que grupos de sicarios de Los Zetas se instalaron en los suburbios de Culiacán, la capital de Sinaloa, así como en Mazatlán, un balneario en la costa del pacífico de ese estado.

La rebelión llegó incluso a Guadalajara, Jalisco, ciudad considerada como el sitio de descanso y estudio de las familias de la Federación del Pacífico y uno de sus principales centros de operación financiera según la Procuraduría (fiscalía) General de la República (PGR).

Pero el problema más serio se ha presentado en municipios de la región montañosa de Sinaloa, como en Mocorito, Cosalá o Guasave, cercanos a las comunidades donde nacieron los principales líderes de la Federación.

En su reporte de seguridad sobre México llamado Un Nuevo Conflicto en el Norte de Sinaloa, Stratfor advierte que la banda conocida como La Mochomera ha amenazado a los jefes de policía de Guasave.

Y antes hubo reportes de medios locales de grupos armados presentes en el municipio de Badiraguato, donde nacieron El Chapo Guzmán y otros líderes del Cartel de Sinaloa.

EL FUTURO ¿Por qué la revuelta en el territorio de Guzmán Loera?

Una de las razones es que la guerra de los últimos años contra carteles rivales y el gobierno federal agotaron parte de los batallones de confianza de la Federación del Pacífico, explica el académico de Inacipe‎.

Desde su nacimiento, en la década de los años 70, la fortaleza del Cartel de Sinaloa se fincó en que su red de líderes y operadores eran familiares, conocidos, amigos o vecinos de la misma región.

Esta alianza de sangre, como se le conocía en agencias estadounidenses, era una de las diferencias principales con otros carteles como el del Golfo y su derivación, Los Zetas, unidos por vínculos económicos más que familiares.

Pero esa estructura pareció debilitarse en los últimos años, no sólo porque muchos de los herederos de los viejos líderes del cartel (chacas, les dicen en Sinaloa) fueron asesinados o encarcelados, sino porque la organización amplió su cartera de negocios y territorios.

Parte de su identidad es que eran una familia extensa, cuenta, pero ahora ya no.

Se han acabado y para mantener el funcionamiento de la organización recurren a lugartenientes o intermediarios”, que en algún momento se rebelan, indica.

Estos nuevos grupos, que no tienen elementos para obedecer al líder histórico del cartel, son un riesgo mayor a los viejos dirigentes del narcotráfico.

Como tienen el control de los sicarios creen tener capacidad y fuerza para retar al líder, explica.

¿Sobrevivirán los viejos líderes del Cartel, como El Chapo, al relevo generacional?

Hasta ahora no hay consenso en la respuesta. Lo único claro es, según los especialistas, que el proceso de renovación puede generar más violencia, como ya ha ocurrido con organizaciones que enfrentaron el mismo dilema.

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