El Senado que el Perú necesita

“Lo que el Perú espera de su Congreso es simple de enunciar y difícil de cumplir: dos cámaras que piensen mejor juntas, no que se vigilen”.
"La separación de poderes comprende la cooperación y que, ante un entrampamiento, debe preferirse el diálogo institucional 'a través de los espacios de deliberación pertinentes y adecuados'". (Foto: Congreso)

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Durante más de tres décadas, el Perú legisló con una sola cámara. Cada ley dependió de una única votación, a menudo bajo la presión del día, con exoneraciones de dictamen. El retorno del Senado no es un lujo institucional: es la recuperación del tiempo de la segunda mirada.

James Madison lo explicó en “El federalista N.º 62”: una segunda cámara “duplica la seguridad del pueblo” al exigir el concurso de dos cuerpos distintos. Su valor no está en bloquear, sino en obligar a la primera cámara a considerar razones que no había visto.

Por eso el entrampamiento que rodea la delegación de facultades al Ejecutivo no es, en su raíz, un problema político, sino de diseño normativo incompleto. La Constitución permite al Senado aprobar, modificar o rechazar lo que remite Diputados, pero no le ofrece un cauce para devolver un proyecto con observaciones y pedir su reconsideración. Sin ese cauce, cada desacuerdo se convierte en un pulso, y se exigen compromisos previos donde debería haber una regla.

Los bicameralismos modernos resolvieron este problema: el cauce constitucional es el reenvío. El artículo 72 de la Constitución mexicana devuelve a la cámara de origen el proyecto modificado por la revisora, para que delibere solo sobre lo modificado; Francia ordena la ‘navette’ entre sus asambleas, y España permite al Congreso pronunciarse sobre las enmiendas del Senado. En todos los casos las rondas son limitadas y la regla de cierre está escrita.

El Tribunal Constitucional ha señalado el camino. En el expediente 0006-2018-PI/TC afirmó que la separación de poderes comprende la cooperación y que, ante un entrampamiento, debe preferirse el diálogo institucional “a través de los espacios de deliberación pertinentes y adecuados”. Entre nuestras dos cámaras, ese espacio aún no existe.

Urge una reforma que regle: un reenvío motivado del Senado a Diputados, por una sola vez, con observaciones concretas, plazos breves, deliberación limitada a lo observado y sin aprobación tácita. Ninguna cámara impone a la otra lo que esta no aceptó, y ninguna bloquea indefinidamente.

Lo que el Perú espera de su Congreso es simple de enunciar y difícil de cumplir: dos cámaras que piensen mejor juntas, no que se vigilen. Quienes hoy ocupan un escaño están fundando prácticas que durarán décadas. Completar la reforma bicameral es la manera de demostrar que el retorno del Senado valió la pena.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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