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Carnaval de Cajamarca: la intimidad de una de las fiestas más vistosas de Latinoamérica

Cajamarca es el epicentro de esta fiesta, entre el 2 y el 4 de marzo. El sábado, cuando ingresa Ño Carnavalón, casi todo está permitido. El domingo las avenidas se visten de gala para presenciar el concurso de disfraces. El lunes se da el corso con carros alegóricos.

Hay dos ramas de Rocha en el Perú: una proviene de Ica, que logró, gracias a Temístocles Rocha, ministro del Interior de Odría, que el apellido se asociara a una acuífera máquina de represión: el ‘rochabús’. La otra proviene de Cajamarca, precisamente de Celendín, y fueron una estirpe conocida por elaborar los mejores zapatos de la región, por encarnar artistas de la talla de Alfredo Rocha y médicos de gran sensibilidad social como mi abuelo Teófilo. Cosa curiosa, una mañana de 1992, cuando retorné de Celendín para contarle a él que había conocido su tierra, este expiraba en una clínica local. Y el viernes pasado, cuando regresé del Cusco, mi padre pasó a mejor vida. Los viajes y la muerte están íntimamente ligados. Son, en definitiva, un desplazamiento.

Prefacio concluido, toca entrar de lleno en el carnaval de Cajamarca, y de las personas que están detrás de esta festividad. De Juan Aliaga, que prepara desde hace 40 años trajes para una de las comparsas (“Embajada de Cumbe”) del barrio Cumbemayo, la que más premios ha ganado; de Luis Saldívar, cabeza de la comparsa “Ayacucho Señorial”, del barrio San Sebastián, ganadora del año pasado y clásico rival de Cumbemayo. Luis participa desde los cuatro años; “para chicha y para pan, San Sebastián”, me dice. De las picarescas coplas de Guillermo Salazar; del ‘Che’ Horacio Gálvez, que presta su cisterna para montar encima al Ño Carnavalón; de Flor Vélez, de 94 años, que prepara chicha de jora y maní; y de Juan Jave, que cocina sancochado para medio millar de comensales totalmente gratis.

Esta es la gente que vale, junto a Eusebio Díaz, presidente de la Cámara Regional de Turismo, de las pocas autoridades que ponen el hombro, pues la mayoría solo figuretean. Y si piensan impulsar el desarrollo de Cajamarca sobre la base del turismo y la agricultura (dejando de lado la minería), deberían dinamizar estas actividades de forma seria. //

SEPA MÁS:
​-El sábado, cuando ingresa Ño Carnavalón, casi todo está permitido. El domingo las avenidas se visten de gala para presenciar el concurso de disfraces. El lunes se da el corso con carros alegóricos.

-El carnaval no es religioso, sino pagano, donde prima el sarcasmo y hasta desfilan monjas embarazadas.

-Las coplas y contrapuntos eróticos son el deleite del público. Tienen un tono ácido pero también tierno.

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