Sábado, 31 de marzo de 2007
En el nombre del quechua

Mayra Castillo
PÉRDIDAS. Aunque loables, los intentos por incluir a la comunidad de quechuahablantes en la modernidad --como el Google y Windows en quechua-- parecen ser insuficientes. Especialistas hablan sobre nuestra lengua originaria que lucha por sobrevivir a la discriminación

Escuchar quechua en cadena nacional no es tan común y cuando ocurre merece titulares de prensa. Así fue el 27 de julio pasado. El segundo idioma oficial del Perú --después del castellano-- retumbó en el hemiciclo del Congreso durante la juramentación de los novísimos 120 representantes del Perú. Dos de ellos hablaron en quechua y pocos los comprendieron. ¿Por quiénes estarían jurando Hilaria Supa y María Sumire? ¿Por su familia, por los campesinos, por el TLC?

Hubo extrañeza en los rostros del resto de padres de la patria, en especial de la parlamentaria Martha Hildebrandt, quien días después diría que ya estaba cansada de oírlas hablar en otro idioma.

Del otro lado de la televisión, millones de hombres, mujeres y niños esperaban una traducción. Cuatro millones de peruanos deben haber sonreído, prestado atención y entendido que estaban jurando por ellos. Aunque sonara populista, alguien les dirigía la palabra.

LA LENGUA DE LOS HOMBRES
Quechua o 'runasimi' significa 'lengua de los hombres'. Su origen está ligado a la milenaria ciudadela de Caral, según el lingüista peruano Alfredo Torero, de donde se expandió hacia la sierra central del Perú y al resto del país. Es decir, el quechua surgió 2 mil 600 años antes de Cristo, a la par de civilizaciones tan imprescindibles como Mesopotamia y Egipto.

A doña Hilaria Supa, de 49 años, estos datos históricos le saben a orgullo y a identidad. Aunque claro, asumir este sentimiento le costó varios traumas y complejos, en especial desde que abandonó su Cusco natal para vivir en Arequipa. "El español lo aprendí a golpes, esa es la verdad. En la casa donde trabajaba nadie me entendía y yo tampoco a ellos". Como muchas niñas indígenas, doña Hilaria tuvo que cambiar las horas de clase por las labores de otro hogar. La pobreza de la comunidad de Huallaccocha la obligó a ser autodidacta.

"Existe algo llamado índice de sustitución. Cuando un quechuahablante aprende español va reemplazando su idioma natal según la zona geográfica donde esté. Este índice aumenta mientras más se acerca a Lima", explica Roberto Zariquiey, lingüista y catedrático de la Universidad Católica.

Su experiencia reciente en Azángaro, en una comunidad altopuneña, arrojó que solo el 10% de actividades sociales y económicas se entablan en castellano. Si uno de estos pobladores migra a Puno, esta cifra aumentará a casi el 50% y si continúa su viaje a Arequipa habrá una sustitución del 70%. La cifra se invierte por completo cuando el quechuahablante llega a Lima: el 90% de sus actividades las tiene que hacer en español.

"Este tipo de bilingüismo que no añade conocimientos sino que suplanta es muy destructivo. A veces no se desea hablar en quechua ni siquiera en la esfera íntima, es decir, con la familia", añade el experto.

Aunque ella y su hija mayor --oriunda también del Cusco-- dominan el quechua, doña Hilaria tiene otra hija nacida en Lima que solo lo entiende. Una manera de recuperar el tiempo perdido es enseñarle el quechua sureño a su nieta de 5 años: "Lo hablamos en nuestras reuniones familiares o en el pueblo. Uno no abandona el quechua porque quiere sino porque estamos forzados".

La pérdida lingüística se convierte en un reflejo de otra pérdida mayor: la cultural, la que determina costumbres, gustos y visiones. Aunque no se admite con total apertura, eso es lo que está ocurriendo con los migrantes que resisten la marginación ocultando su lengua materna. Más de 4'400.000 peruanos sufren este conflicto interior, el número más alto de quechuahablantes de Sudamérica. La cifra más cercana la presenta Andrés Chirinos en el libro "Atlas Lingüístico del Perú" (2001) sobre el censo de 1993: el 16,6% de peruanos mayores de 5 años declaró que el quechua era su lengua materna. "Si incluimos el aimara y el resto de lenguas nativas de la selva, hablamos de un tercio de peruanos que no tiene el español por lengua materna. Eso no es una minoría", aclara el sociólogo Sandro Venturo.

Pese a ello ni el Estado ni la economía de mercado ni la política ni los medios de comunicación han promovido la supervivencia del quechua. Por el contrario, han ido cercando sus límites y hoy, como al resto de otras lenguas nativas --aimara o selváticas--, el quechua es un idioma netamente oral. "Para que un quechuahablante escriba en quechua deberá aprender primero el español porque luego tendrá que utilizar el alfabeto castellano", menciona Venturo.

Con semejantes dificultades, es obvio que no existan cursos de quechua en escuelas de primaria o secundaria. En las universidades San Marcos y Católica se dicta un curso electivo en Estudios Generales y otro obligatorio para los alumnos de Lingüística. No extraña tampoco que quienes llevan estas materias sean profesionales especializados en Lengua, Antropología y Sociología, o funcionarios públicos que trabajan en provincias y se encuentran con una población a la que apenas comprenden. Es el revés de la misma moneda de los migrantes en nuestra ciudad.

Para graficar un poco la discriminación del quechua, basta revisar el informe que presentó la Comisión de la Verdad y Reconciliación hace tres años. Una de sus conclusiones es que las tendencias racistas --que incluían un claro desprecio por todo aquel que hablase quechua-- agravaron el problema de comunicación entre las fuerzas del orden y los campesinos de las principales zonas altoandinas.

Las regiones donde más se habla quechua son Apurímac (76,6%), Ayacucho (70,6%) y Huancavelica (66,5%), precisamente donde hubo más violaciones a los derechos humanos.

Como afirmó un ministro de Guerra de los años 80, "la única manera que aparecía como posible para enfrentar a los senderistas era matando a 60 campesinos para ver si entre estos habían terroristas", cita el libro "Memoria para los Ausentes", de la Comisión de Derechos Humanos (Comisedh). El dato es claro: el 75% de las víctimas mortales de la lucha armada entre 1980 y 1992 tenía el quechua como lengua materna. La imposibilidad de ver al otro --distinto pero con los mismos derechos-- le abrió las puertas al horror de la intolerancia.

En formas menos violentas, quienes hablan quechua pasan por otro drama y es la imposibilidad de comunicarse con sus autoridades, las únicas que podrían garantizarles justicia. Ni jueces ni policías ni militares saben el idioma cuando son destacados a laborar en zonas altoandinas. El abuso cobra forma de litigios infinitos, defensas sin sentido y excesos de quienes manejan la lengua del poder: el español. A nivel burocrático, los funcionarios públicos también pueden hacer de cuadritos una vida en quechua con los términos legales de sus resoluciones. Ni qué decir de los profesionales de la salud, que a veces no comprenden las dolencias ni síntomas en quechua. Otra diplomática manera de olvidar sus derechos.

MODERNIDAD CON ALMA
El buscador Google y la aparición del Windows XP en quechua pueden ser señales de una modernidad abrigada con chullo: ancestral y también muy útil en tiempos modernos.

Para Zariquiey, sin embargo, las políticas lingüísticas de rescate y propagación de una lengua van más allá: "Esos son detalles de poca importancia. Lo urgente es promover una educación bilingüe que rescate los valores y la cultura de cada localidad, que se le aproveche para un mejor entendimiento de las materias, que se aprecie su cosmovisión en pleno". Enfocarnos en los más pequeños, aquellos que nacen sin prejuicios y que, a veces por la frustración paterna, terminan escondiendo su identidad para parecer menos indígenas de lo que son.

Para Bernardo Roca Rey, director de Publicaciones y Multimedios de El Comercio y principal promotor de la edición de "El Quijote" en quechua (la obra tuvo un éxito enorme en la reciente Feria del Libro de Guadalajara), tenemos una oportunidad de oro para reivindicarnos con poblaciones olvidadas y golpeadas por la indiferencia.

"Más que traducción, se trata de una reinterpretación literaria de 'El Quijote', un personaje que es tan universal como el mejor de los héroes andinos", señala.

Aunque "El Quijote" impulsa a perseguir causas perdidas, lo cierto es que la pasiva desaparición del quechua debe revertirse. En ese sentido, el sociólogo Venturo propone que el 'problema' del quechua convoque el compromiso político de las élites quechuahablantes, sean políticas, económicas o artísticas. Solo ellas, afectadas y con conocimiento de causa, serán capaces de promover su uso y no convertir el 'runasimi' en una pieza de museo.

Por eso el gesto de las congresistas Supa y Sumire le resulta altamente simbólico y que sobrepasa de largo su carácter de anécdota. "Fue genial que hablaran en el otro idioma oficial. En vez de 'picarse', el resto de congresistas debió pedir disculpas por no tener un traductor en el pleno y pedirles que hablasen en español. Eso hubiese sido lo correcto", comentó.

Doña Hilaria es consciente de eso y no le afecta la extrañeza de sus colegas cuando la vieron con un traje de pollera y sombrero. "En realidad no reniegan de mí, de Hilaria. Reniegan de toda mi cultura", manifiesta.

Después del incidente del 27 de julio, el Congreso contrató a dos traductores que trabajan a tiempo completo. Quizá la modernidad se trate de eso: de complementar saberes, visiones y diálogos de dos culturas que tratan de mirarse sin odio desde hace más de 500 años.

EN PUNTOS
Cifras para no olvidarnos del otro
4
Hay 4'400.000 quechuahablantes en el Perú, 2'000.000 en Ecuador y 1'500.000 en Bolivia. La mayoría de quechuahablantes peruanos vive en Lima.

4 El quechua, como toda lengua, tiene sus variedades dialectales. Hay estudiosos que hablan del quechua norteño (Lambayeque, Cajamarca, San Martín, Amazonas e Iquitos, además de Ecuador, Colombia y Brasil); una variedad central (Lima, Áncash, Huánuco, Cerro de Pasco y Junín); y la sureña (Ayacucho, Huancavelica, Cusco, Apurímac, Arequipa, Puno; y también Chile, Bolivia y Argentina).

4 Según la Comisión de la Verdad, el 75% de las víctimas mortales del conflicto armado tenía al quechua --u otra lengua nativa-- como idioma materno. Además influyó ser pobre y excluido socialmente para que aumentaran las probabilidades de ser víctima de la violencia.





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