HACIA UNA NUEVA PRÁCTICA PARLAMENTARIA

El debate sobre la bicameralidad

"Tener dos cámaras, pausar y combinar el debate de las principales leyes en una y otra es una mejor manera de organizar el trabajo del Congreso"

Por Henry Pease García, Ex presidentedel Congreso

Es un acierto de la Comisión de Constitución y en particular de su presidente, el congresista Aurelio Pastor, insistir en la reforma constitucional que restablece el sistema bicameral en el Parlamento. Aunque el debate vuelva a ser el mismo, es preciso convencer con las razones que nos hacen insistir en el tema que trabajamos en el dictamen aprobado por consenso en julio del 2002 por la comisión que me tocó presidir del 2001 al 2003. El artículo principal fue aprobado por el pleno antes de la interrupción del debate constitucional al romperse el consenso multipartidario en el Congreso anterior. Un dictamen similar fue nuevamente aprobado tres años después en la misma comisión, pero desaprobado finalmente por el Congreso anterior cuando abundaron los tránsfugas y se quebraron los acuerdos de varias bancadas, entre ellas la mía.

Esta no es una decisión que se puede tomar a la ligera o con argumentos simplistas, como el costo presupuestal o la pérdida de tiempo. Hay que insistir ante quienes lo repiten imitando el simplismo autoritario de Fujimori, que hacer leyes no es igual a hacer panes, no hay recetas, no manda la cantidad sino la calidad y los temas tienen que discutirse desde varios lados y varias veces. La antigua tradición autoritaria en la que se han formado acríticamente muchos peruanos, hace que se olvide que la deliberación pública es un principio fundamental en la democracia representativa. ¡Deliberar no es perder el tiempo! Es eficaz para no tener leyes mal hechas, para que la ciudadanía se entere del contenido de las leyes y de la intención de los legisladores antes que la norma exista y la deliberación requiere escenarios adecuados y personas diferentes con representación diversa. Con soberbia repiten muchos parlamentarios de ayer y hoy que el Senado es una pérdida de tiempo en su función revisora. ¿Por qué no buscan ejemplos de las barbaridades que se dicen en los debates y que llegan a convertirse en leyes?

Que las leyes más importantes se debatan dos veces y que se negocie para corregir algo y consensuar la alternativa, es una necesidad política no solo por razones de calidad sino también por razones de democracia. Hay que insistir, otra vez: democracia es negociación, es buscar acuerdos, es concertar y crear consensos, al revés de lo que muchos autócratas han reiterado y practicado. ¿No se acuerdan cuando en el fujimorismo nos reiteraban que democracia era dictadura de la mayoría? Con ese simplismo vean hasta dónde llegaron. Toda la historia del gobierno representativo en el mundo ha ido reiterando tercamente que hay que deliberar y hay que negociar públicamente y llegar a acuerdos, que hay que buscar consensos porque la sola imposición del voto no convence y polarizando se cometen los peores errores.

Este debate debe ayudar a crear condiciones para afianzar la institucionalidad democrática. Hay que combatir el sectarismo y la suficiencia que tantas veces se disfraza de ideas simples. La imposición de ideas no es sino la contracara de la voluntad de excluir al otro y los dueños de la verdad nunca serán representantes democráticos. Tener dos cámaras, pausar y combinar el debate de las principales leyes en una y otra, junto con una división del trabajo que reparte adecuadamente las funciones entre ambas, es una mejor manera de organizar el trabajo sostenido que tiene un Congreso en este Perú de la diversidad en todos los temas y problemas.

Pero los parlamentarios de hoy también tendrán que enfrentar un asunto que en esta materia se dice en voz baja y desanima a muchos. Con profunda desconfianza se dice que el Senado es de origen aristocrático y allí se instalarán miembros de alguna élite distante del pueblo, que sí puede llegar a la otra cámara, la que quedará mediatizada. Siempre he constatado esta desconfianza hacia intelectuales o profesionales con experiencia, que obviamente requiere más años de edad. Si se revisa la historia del Senado, se va a encontrar en los años 60 y en los años 80 senadores de todos los pelajes y había experimentados y antiguos parlamentarios en ambas cámaras. Conviene sincerar el debate y analizar los mecanismos de selección previa a la elección, así como cualquier elemento de exclusión o de privilegio porque debe ser eliminado.

Esta reforma debió incluir, como en las veces anteriores, la renovación por tercios, porque el Parlamento se desgasta más rápidamente que los cargos ejecutivos y una renovación a la mitad del período presidencial renovaría la legitimidad del Parlamento y de todo el régimen en tiempos de natural desgaste, además de hacer más fácil la aprobación de esta reforma.

Este debiera ser un primer paso para una reforma política de todo el sistema de representación para asegurar que en los tres niveles de gobierno se delibera, se buscan acuerdos en vez de polarizar, y se asume la representación de cara a un electorado que hace tiempo se siente muy lejos de los parlamentarios. Estos necesitan estar más