Letra viva

Por Ricardo Gonzáles Vigil

Oráculo enamorado
Colaborador de la memorable revista "Narración", a comienzos de los años 70, y parte activa del Taller de Reparación de Frases (México, 1983) que dirigió uno de los mayores estilistas del idioma en el siglo XX, Juan José Arreola, Nilo Espinoza Haro (Huaraz, 1950) es un prosista depurado y un cultor de la imaginación liberada de las pautas realistas, abierta a lo fantástico, lo onírico y lo caricaturesco-grotesco, y rica en referencias culturales.

Luego de cuatro libros de textos breves, uno de ellos ("País de papel") ganador en México del Premio Hispanoamericano de Cuento y otro, un original libro-juguete para niños ("Mar de cuentos", 1996), Espinoza nos entrega una fascinante novela histórica en la España visigótica: "Bruniquilda", en la que gran parte de los personajes existieron, así como los sucesos narrados por los pergaminos.

Empero, así como en conocidas novelas del realismo maravilloso (por ejemplo, "El reino de este mundo" y "El siglo de las luces" de Carpentier, de modo más laxo "Pedro Páramo" de Rulfo y "Cien años de soledad" de García Márquez), el marco de la novela histórica ha sido reelaborado radicalmente por una óptica maravillosa con rasgos míticos, mágicos, oníricos y visionarios. Los pergaminos hacen que recordemos al Melquiades de Macondo, pero aquí generan un efecto oracular en Isidoro (nombre que rinde homenaje al sabio San Isidoro de Sevilla, siglo VII) y ponen en movimiento versiones enfrentadas de lo que pasó, y no la profecía única de un Melquiades. Si Isidoro profetiza, actúa como un ciego (mismo adivino Tiresias): "Cuando repito esas palabras siempre tengo que cerrar los ojos. (...) claramente puedo percibir sus verdaderos afectos, sus alegrías, sus iras y sus anhelos. Es decir, con los ojos cerrados me percato de muchas cosas". (p. 144).

La figura dominante es Bruniquilda, compendio de las idealizaciones grecorromanas, germánicas y medievales: belleza que no envejece, como Helena de Troya; mujer fatal que esclaviza con sus hechizos y siembra la destrucción, cual Circe y las hechiceras germánicas; y "belle dame sans merci". Isidoro padece la enfermedad del amor que ya supieron retratar los trágicos griegos, Virgilio y Catulo; y lo hace con los rasgos idealizadores de sentirse vasallo ante la reina de su corazón, prefigurando así el amor cortés de los trovadores de los siglos XI y XII.

Título
"Bruniquilda"

Autor
Nilo Espinoza

Editorial
Suma

Argumento
En Toletum (Toledo) el copista Isidoro, por orden de su señor Suiberto, raspa unos pergaminos secretos que contienen, debajo de la capa exterior, antiguos mensajes que narran el comienzo (siglo V) y el fin del reino de los visigodos en España (destruido por los musulmanes en el año 711), interesado en que le revele su destino. Brotará de esos pergaminos la hermosísima Bruniquilda, e Isidoro queda prendado de ella, más interesado en verla y conocer su historia (sobre la que los pergaminos ofrecen versiones contrapuestas, alabándola o vituperándola) que en el encargo de su señor, aunque se mantenga leal a él y al rey Wamba, mientras que la mayoría de los personajes no repara en traiciones y envenenamientos.