Recuerdo que hace algunos años me interné en la hemeroteca de El Comercio para buscar noticias antiguas sobre El Niño. Encontré que el 7 de marzo de 1871 se publicó la carta de un señor de apellido Colón que narraba cómo “en el camino a la Chosica” cayó tanta lluvia que el río arrastró una vaca y una mula, así como tierra, piedras y rocas “demoliendo las tapias, llenando las acequias y cubriendo el camino hacia la sierra con una capa espesa de arena y de cascajo”. Seis años después, en pleno 31 de diciembre, se desató una lluvia que aterrorizó durante 15 minutos a Lima. Fue tal el diluvio que El Comercio dio una explicación científica para calmar a los lectores que se habían refugiado en las iglesias pidiendo perdón por sus pecados.
Uno puede sonreír al leerlo siglo y medio después. El problema es que, si seguimos avanzando por las páginas del Archivo, ya no da risa. Y es que pasan los años y se repiten las mismas historias de lluvias, inundaciones y deslizamientos que pasan por los mismos sitios, en los mismos meses y nunca estamos preparados. ¿Es desidia? ¿Es desinterés? ¿O somos idiotas?
Sea como fuere, desde estas páginas venimos hace meses haciendo un llamado a la acción porque El Niño nos afecta a todos. Eso es precisamente lo que intenta mostrar el gran especial que nuestro equipo de Nuevas Narrativas acaba de poner a disposición de ustedes. A través de nueve historias en distintos departamentos del país, el trabajo conecta diez señales de alerta que a primera vista podrían parecer problemas locales y demuestra cómo forman parte de una misma cadena. El especial, además, incluye una calculadora que permite conocer el nivel de riesgo, un modelo que muestra dónde podría golpear con mayor fuerza el fenómeno, información recogida del Archivo Histórico de El Comercio sobre los últimos cuarenta años y una serie de advertencias que permiten entender no solo lo que puede venir, sino también cuánto de ello ya conocemos.