A toda máquina: crítica de “La República Animal”, en la AAA

Lee la reseña de Juan Diego Rodríguez de “La República Animal”, del director Martín Velásquez, en temporada en la Asociación de Artistas Aficionados.
Crédito: Renzo Olaya.

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En “La República Animal”, el director Martín Velásquez elude las complicaciones de otras versiones de “Rebelión en la granja” y prefiere aproximarse a través del juego con máscaras, decisión acertada porque consigue un montaje pulcro y muy entretenido de casi una hora y cuarenta minutos. Por lo menos es así durante los dos primeros tercios de una puesta en escena que muestra un elenco bien coordinado, presente y que sabe apropiarse de los animales a los que da vida. Además de que siempre será chistoso escuchar los balidos del cordero en medio de discusiones sobre los derechos y el futuro de la revolución. El elenco funciona como un buen coro, pero es inevitable destacar el trabajo de cuerpo de Miguel Ángel Agurto (el cerdo Granizo), Keyla Ramírez (la perrita Campana) y Daniel Suárez (el pato Moisés).

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La reposición de esta versión del clásico orwelliano que se presenta en la Asociación de Artistas Aficionados calza bien con el contexto: descrédito de la clase política y de los outsiders, lo que sumado se sintetiza en la sensación de que cualquier proyecto de gobierno está destinado al fracaso o a derivar en un régimen autoritario. O peor aún, a venderse como una democracia que avanza a toda máquina mientras oculta el pisoteo a la población. Las coincidencias saltan a la vista. Ahí está el cerdo con traje, la dictadora que se erige victoriosa, pero también el caballo que confía ciegamente en la institucionalidad, los animales que prefieren no involucrarse y los que optan por irse a vivir a otras granjas, mientras que los ideales revolucionarios se convierten en excusas para perseguir a quienes cuestionan al poder.

Pero haríamos bien en preguntarnos qué es lo que “La República Animal” aporta a la discusión o, en todo caso, cómo se desliga del texto original. Allí es donde falla la puesta en escena. Si bien al inicio se anima a proponer términos en quechua y hacer algunas adaptaciones, los esfuerzos terminan por ser superficiales. ¿Será que la ausencia de una mirada más propia explica que el último tercio de la obra sea muy poco interesante? Fue claro cómo la reacción del público pasó de ser de profundo interés -incluso un niño se reía de lo que sucedía en escena, muy propio de su edad y de maravillarse con lo que veía a pesar de no entenderlo- a apagarse poco a poco.

Es verdad, sin embargo, que para entender la decisión de Velásquez podríamos tomar en cuenta el contexto más inmediato: el lugar en donde se monta y los asistentes. La programación de la AAA siempre es un buen punto de partida para los que van por primera vez al teatro y, si pensamos en el público, complejizar/actualizar el texto puede que no parezca necesario. Aun así, hay algo ya muy repetitivo en estas reflexiones que, al ciudadano de a pie, parece no interesarle mucho. ¿O acaso será pura resignación frente a una humanidad que muy fácilmente se destruye a sí misma?

Calificación: 3 estrellas

Temporada: hasta el 1 de marzo

Lugar: Asociación de Artistas Aficionados (Jr. Ica 323, Centro de Lima)

Entradas: Joinnus.

Director: Martín Velásquez

Elenco: Valeria Arévalo, Juan Carlos Díaz, Miguel Ángel Agurto, Luis Cárdenas-Natteri, Alejandra Reyes, David Huamán, Rocío Montesinos, Omar Velásquez, Keyla Ramirez, Daniel Suárez Lezama, Paola Chacaltana, Edgard Linares.

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