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Lo que la casa no da, la JEC sí presta; por Jorge M. Agüero

“El haber tenido cinco ministros de Educación en los últimos tres años hace que se nos olviden las políticas que funcionan”.

Jorge M. Agüero Profesor de Economía y del Programa de Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Connecticut

Aguilar

“Ignorar los beneficios de la JEC es básicamente decir que con mis hijos no te metas”. (Ilustración: Víctor Aguilar Rúa)

El aprendizaje limitado que se obtiene en los colegios públicos nos cuesta a todos. Nuestro bajo nivel de capital humano es responsable de dos tercios de las diferencias de ingreso entre el Perú y países más avanzados. Esto no debería sorprendernos. Estimados hechos en el 2012 indican que casi el 90% de nuestros jóvenes pueden ser considerados como “analfabetos funcionales”. Hoy la situación es algo mejor pero muy lejos de ser ideal. En la prueba ECE (Evaluación Censal de Estudiantes) del 2018, aplicada a los estudiantes de segundo de secundaria en todo el país, el 80% no sabe lo necesario para el grado que estudian y esto no incluye a todos aquellos que no van al colegio. ¿Qué tipo de crecimiento económico podemos esperar con una fuerza laboral que no está capacitada?

Afortunadamente, el Ministerio de Educación ha diseñado políticas dedicadas a mejorar la educación secundaria. Pero distracciones innecesarias hacen que no reciban la suficiente atención. Un ejemplo es la Jornada Escolar Completa (JEC). Creada en el 2015, la JEC se aplicó inicialmente en mil colegios secundarios a nivel nacional. La JEC es la contribución peruana a la Copa América de las políticas educativas que extienden las horas de clase en Chile, México, Colombia, Brasil, Uruguay entre otros países de la región. La JEC añade dos horas pedagógicas por día asignadas mayormente a matemáticas (que pasa de 4 a 6 horas semanales), comunicación (4 a 5), ciencias (3 a 5) e inglés (2 a 5). No implica un cambio curricular, pero altera el organigrama de la escuela, acelera el apoyo pedagógico a los profesores, provee laboratorios de inglés, entre otros cambios.

Junto con Marta Favara (Universidad de Oxford), Catherine Porter (Universidad de Heriot-Watt) y Alan Sánchez (Grade) analizamos el impacto de la JEC en el rendimiento de los estudiantes. La JEC aumenta en 77% la probabilidad de que un alumno esté en el nivel satisfactorio de matemáticas, medido con las pruebas ECE aplicadas en el primer año de implementación. Los impactos son positivos pero menores en comunicación. Enfocándonos solo en matemáticas, esta mejora es equivalente a cerrar un tercio de la brecha con las escuelas privadas, a las cuales les va mucho mejor en las ECE de secundaria. El impacto de la JEC es casi el doble que el encontrado en todos los otros países de la región y es más efectiva que el 80% de programas creados para mejorar la educación a nivel mundial.

Nuestro estudio nos permite entender el éxito de la JEC combinando información del Ministerio de Educación (Minedu) con los de la encuesta Niños del Milenio. Los estimados preliminares muestran que los mayores beneficiados son los más pobres. Los impactos se concentran en los colegios ubicados en los distritos más pobres, así como en los alumnos que provienen de los hogares con un menor índice de riqueza. La JEC cierra brechas. Lo hace mejorando la educación de aquellos cuyos padres son los que menos pueden pagar por una educación de calidad.

Una posible explicación está en el cambio en el uso del tiempo. Las dos horas adicionales en el colegio reducen las horas de ocio y trabajo en el hogar. En colegios con menos tiempo para aprender trigonometría, un estudiante podría compensar dicha falta con los recursos que tiene en su casa. Su mamá podría ayudarlo con los conceptos ella misma, o podría tener libros sobre el tema o tal vez usar Internet para buscar más información. Pero si sus padres nunca fueron a la secundaria esa ayuda no existe. La JEC cambia eso. Al extender la jornada escolar, los alumnos que no pueden apoyarse en sus padres para compensar las carencias del colegio tienen ahora un aliado: más tiempo en la escuela para aprender. La JEC logra lo que Salamanca nunca pudo.

El haber tenido cinco ministros de Educación en los últimos tres años hace que se nos olviden las políticas que funcionan. Peor aún cuando hay distracciones creadas por interpelaciones innecesarias. Ignorar los beneficios de la JEC es básicamente decir que con mis hijos no te metas. No te metas para que no reciban la educación que, por ser pobres, no pueden tener en casa. Y eso nos cuesta a todos y a todas.

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