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La violencia terrorista desplaza a más peruanos en el Vraem | VIDEO

Unas 25 familias han huido de cuatro caseríos de Junín por miedo a morir. Remanentes de Sendero Luminoso han perpetrado al menos nueve asesinatos selectivos en esas zonas durante los últimos años

Vizcatán del Ene

Esta foto fue tomada durante un sobrevuelo que realizó El Comercio por Vizcatán del Ene. (Foto: Dante Piaggio)

Dos semanas antes de morir, el dirigente vecinal Elvis Sayme Curo había resistido medio centenar de azotes con bejucos, en las alturas de Alto Mantaro (Junín). Lo acusaban de ser informante del Ejército, de gestionar la instalación de una base militar en su pueblo y no acatar las órdenes que impartía el grupo terrorista a cargo de ‘Fernando’. Elvis quedó atado con las mismas ramas que le dejaron el cuerpo contrahecho pero, aquella vez, sobrevivió.

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Siempre al mando de 10 o 15 hombres armados, ‘Fernando’ y su lugarteniente, ‘Rodrigo’, se presentaban en Alto Mantaro, Valle Hermoso, Jesús de Belén y Valle Manantial, anexos del distrito de Vizcatán del Ene, como parte del Militarizado Partido Comunista del Perú (MPCP). Esa es la denominación que utilizan los remanentes de Sendero Luminoso en el Vraem. Un familiar de Elvis, a quien llamaremos Simón, calcula que, una vez al mes, el grupo armado llevaba a los comuneros al monte para adoctrinarlos y obligarlos a entregar alimentos, botas o mochilas.

El 19 de junio del 2018, la población de Alto Mantaro fue reunida de nuevo. Antes que ‘Fernando’, cinco campesinos tomaron la palabra y sindicaron a Elvis por negarse a compartir sus tierras con la comunidad. Él no estaba; llegó casi a la medianoche al pueblo cuando los terroristas comían en casa de uno de los hombres que lo habían señalado. “Voy a encararlo” fue lo último que le dijo a Simón. Días después, el mismo comunero acusador diría que Elvis había muerto torturado, que nadie hallaría su cuerpo.

Alto Mantaro, Valle Hermoso, Jesús de Belén y Valle Manantial están enclavados sobre quebradas boscosas donde no hay luz eléctrica ni agua potable. Cada pueblo alberga entre 35 y 100 familias formadas por colonos que migraron de Apurímac o Ayacucho durante la década pasada, y que ahora subsisten del cultivo de coca, frutales o de la venta informal de madera. La base militar más cercana a cualquiera de estas localidades (Nueva Libertad) está a cuatro horas de camino. No hay vías carrozables.

En un remoto caserío de otra región, a donde huyó por temor, Simón cuenta a El Comercio que la ausencia del Estado en esos pueblos del Vraem ha permitido que el terrorismo establezca bases de apoyo: colaboradores, les llaman. “Son nuestros vecinos, pero con ellos nadie se puede meter”. Una suerte de servicio de inteligencia al que ‘Fernando’ reconoce como sus ‘mil ojos y oídos’, y a cuyos parientes entrega tierras de comuneros asesinados. De hecho, los sembríos de cacao y yucas de los Sayme Curo ya han sido repartidos.

El de Elvis fue el segundo asesinato selectivo en Alto Mantaro. Dos años antes, a otro dirigente al que Simón identifica con el apelativo de ‘Tallarín’ también lo mataron. Le endilgaban la misma imputación: “soplón”.

—Hostigamiento y muerte—

A media hora de camino escarpado desde Alto Mantaro está el centro poblado José Olaya. Todos los días desde allí, el balsero Pedro Luján cruzaba el río Mantaro llevando gente hacia Unión Mantaro (Ayacucho). Sus vecinos dicen que estaba amenazado por indagar las identidades de los terroristas y que estos lo buscaban porque tenía sus fotos. “A él lo llevaron a Chivani, donde solo hay chacras. No lo vimos más”, dice la voz trémula de un agricultor al que identificaremos como Héctor. Fue el 7 de julio del 2018.

Héctor fue delegado vecinal en Valle Hermoso hasta fines del 2016. Ahora vive casi a 100 kilómetros del lugar donde está Simón. Hasta allí llegó en resguardo de su vida con otras familias de su pueblo.

Durante su último año como dirigente, Héctor había rechazado que los comuneros pagasen a los terroristas el 50% por la venta de madera de los árboles que crecían en sus tierras. “La chacra es de ustedes, pero la madera es del partido”, le increpaban. Vivía bajo continua intimidación, pero aun así se negó también a que el MPCP formara un nuevo centro poblado dentro de Valle Hermoso. Ahí los terroristas pretendían vender libremente la madera.El 27 de setiembre de aquel año, el cabecilla mandó llamar a Héctor. “Quién te crees. El partido es el que hace justicia. Acá te vas a morir y acá te vamos a enterrar”, le gritó. ‘Rodrigo’ lo golpeó con su fusil y pidió que lo amarrasen.

Echado sobre vegetación seca, una bota pisando su rostro, Héctor oía pasmado: “Eres enemigo del partido, te has quejado en la base militar, quieres una carretera para que nos manden tropas”. Supo entonces que le dictaban lo que había expuesto la víspera en una asamblea vecinal. Había colaboradores, pensó, quizá los mismos que tiempo atrás habían sindicado al líder vecinal Ramón Macedo Zúñiga, un agricultor que fue enterrado en algún lugar del pueblo.Pasó horas oprimido hasta que lo soltaron con una advertencia: “Tómalo como un ‘cariño’ y que nadie sepa”. Héctor se fue de Valle Hermoso y no regresó hasta un año después. Para entonces, las amenazas atormentaban al presidente del comité de autodefensa, Adrián Bobis Vega. Una tarde, los terroristas irrumpieron en un partido de fútbol de los comuneros y se llevaron a Adrián a rastras. Los subversivos venían exigiendo a los campesinos que formaran falsos comités de autodefensa para que recibieran armas y las usaran contra los militares. “¡Ya es hora de luchar!”, les decían. Adrián era el más duro opositor a ello. Nadie volvió a saber de él.

La violencia terrorista desplaza a más peruanos en el Vraem | REPORTAJE

(Video: El Comercio)

Walter, un primo de Héctor, estima que 25 familias han dejado Vizcatán del Ene por la violencia. La suya salió de Valle Manantial cuando los terroristas empezaron a hostigarlo por tener chacras en Jesús de Belén. Querían familias con casa y sembríos en un mismo lugar.

De los asesinatos selectivos perpetrados en Vizcatán del Ene –unos nueve–, la fiscalía solo tiene en carpeta el caso de Elvis Sayme. La policía sostiene que el resto de crímenes no han sido denunciados por temor de los deudos. Walter refrenda esa tesis. Dice que el último ha sido en enero contra un comunero al que llama ‘Bigote’, en Jesús de Belén. No recuerda su nombre o, más bien, ya no quiere recordarlo.

Terrorismo

(Mapa: El Comercio)

El Comercio

-Terror latente-

El Militarizado Partido Comunista del Perú (MPCP) consignó los asesinatos de Elvis Sayme y de Pedro Luján en el documento “Campañas y contracampañas de cerco, aniquilamiento y desintegración-forma principal de guerra en el Perú”, incautado tras el asesinato del terrorista ‘Basilio’, el año pasado.

‘Fernando’ y ‘Rodrigo’ (o ‘Julio Chapo’) son mandos intermedios del MPCP y brazos operativos del cabecilla terrorista Víctor Quispe Palomino ‘José’ en Vizcatán del Ene (Junín). Sectores de convulsión
Los pueblos asediados por el grupo subversivo están entre bosques y cocales.

-“El terrorismo ha vuelto a afectar socialmente a mucha gente”-

 Vizcatán del Ene fue creado como distrito en octubre del 2015. Se ubica en la provincia de Satipo, selva de Junín, en la margen izquierda del río Ene. Esta es una de las localidades del Vraem declaradas en emergencia, pues registra tránsito constante de terroristas al servicio del narcotráfico.

Vizcatán del Ene alberga largas extensiones de cocales, pozas de maceración y laboratorios para la elaboración de clorhidrato de cocaína. De ese distrito parten algunos de los principales corredores de droga en el Vraem. Es decir, se trata de un bastión económico para las huestes de los hermanos Quispe Palomino.

Cerca, a un día de camino agreste e inhóspito, está Vizcatán, localidad donde el 2008 las Fuerzas Armadas intentaron, sin éxito, retirar a los terroristas, aplicando el plan denominado Excelencia 777.

El especialista en temas de narcotráfico y seguridad pública Pedro Yaranga indica que los desplazamientos de grupos familiares registrados en los distritos de Vizcatán del Ene y Santo Domingo de Acobamba, en Junín, demuestran una situación que no ocurría, con la magnitud que ha tenido en ambos casos, desde hace más de veinte años.

“El terrorismo ha vuelto a afectar socialmente a mucha gente. Los Quispe Palomino hacen un trabajo partidario, pero no han podido expandirse. En su pretensión de hacerlo, cometen asesinatos selectivos”, opina.

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