Seis horas de espera antes de subir al escenario son una prueba de paciencia para cualquier músico. Pero un día de 1987, en el Festival de Umbría, en Italia, a los integrantes de Perujazz les aguardaba un reto mayor. Esa mañana, el organizador del show le comunicó al joven conjunto peruano que le correspondía tocar justo después de Sting. Ellos enmudecieron. Compartir cartel con un artista de la talla del líder de The Police era un sueño; pero salir a tocar después de él era otra cosa. Nadie cuerdo quiere tocar después del plato principal. Durante toda esa tarde, el animador repetía el anuncio: “Dopo Sting, il gruppo peruviano, ¡Perujazz!”. En el backstage, Jean Pierre Magnet, Manongo Mujica, Julio ‘Chocolate’ Algendones y Enrique Luna solo tenían nervios y dudas. Al final tocaron, con gente marchándose pero otros que sí conectaron con el jazz afroperuano. En los días siguientes, cuando entraban a un lugar, los locales los reconocían. Veían a los peruanos y les decían: “¡Eh, dopo Sting!”.
Casi cuatro décadas después de esto, con menos pelo y mucha más experiencia a cuestas, Jean Pierre Magnet y Manongo Mujica repasan entre carcajadas el interminable rosario de anécdotas que han acumulado en estos años de amistad y trabajo. Tanta nostalgia tiene un motivo: el 15 de octubre, en el Gran Teatro Nacional, celebrarán los 40 años de Perujazz con un concierto que anuncian también como su despedida de los escenarios. Mientras ese día llega, ensayan y coordinan la venta del doble vinilo en vivo que ofrecerán a sus fans esa noche. En la mesa con Somos están los dos miembros fundadores. El grupo se completa con el guitarrista Andrés Prado, que con sus seis cuerdas dio al conjunto un sonido más rotundo y armónico, y los siempre destacados Pudy Ballumbrosio (percusión) y Julio Zavala (bajo). Hoy Perujazz en vivo suena como una película en 3D, con melodías y armonías que invaden la habitación, vuelan por todos lados y traspasan formatos.
Hubo un tiempo en que su música era igual de arriesgada, aunque en un formato más contenido. Entonces eran unos amigos que se juntaban a tocar estándares de jazz en el Satchmo Jazz Bar, el local que tenía Jean Pierre en la calle La Paz, en Miraflores. Cuando empezaron a surgir los temas propios, un accidente terminó por consolidar el sonido del grupo: un día el pianista que tenían no llegó al concierto. Quedaron solo la batería de Manongo, los golpes afroperuanos del cajón de ‘Chocolate’, el bajo de Enrique y el saxofón de Jean Pierre, conectado a un dispositivo electrónico de efectos que podía hacerlo sonar a veces como una guitarra y otras como un arma extraterrestre. “Nos escuchamos y dijimos acá está todo. Melodía y ritmos. No necesitamos más”, recuerda Magnet. De aquel conjunto original solo quedan los anfitriones. Luna siguió su propio camino y Algendones murió en 2004, aunque esta tarde reaparecerá en cada recuerdo.
Con 75 y 77 años, respectivamente, Manongo Mujica y Jean Pierre Magnet cargan con un pasado que los remite a la vital escena rockera peruana de los sesenta. Magnet se dio a conocer con Traffic Sound, antes de emigrar a Argentina y Estados Unidos para perfeccionarse en el saxofón. Mujica, en tanto, tocaba la batería con Los Mads, una banda de rock que cautivó a los mismísimos Rolling Stones y que terminó grabando en la propiedad de Mick Jagger, en las afueras de Londres. Del lugar recuerda una laguna maravillosa y un galeón que el cantante había traído del Caribe y hundido allí. Pero el jazz acabaría ganándoselos a ambos. Cuando se conocieron, Magnet era un obsesionado del jazz “en sus formas más terrícolas”, como él mismo lo describe, con Sonny Rollins como ídolo. Manongo, en cambio, venía de las regiones más marcianas, siempre atento a las formas más inaprensibles de la melodía y el ritmo.
El cajonero y los espíritus
‘Chocolate’ Algendones era el tercer lenguaje de aquella conversación. A la exploración de Manongo y al saxo de Jean Pierre les sumaba los ritmos afroperuanos, que había cultivado en Perú Negro y al lado de Chabuca Granda, y una búsqueda espiritual que definía su manera de tocar. “’Chocolate’ me decía: ‘Ustedes hacen música… pero lo que yo hago es llamar a los espíritus’. Y lo decía en serio”, recuerda Mujica sobre el interés de Algendones por la santería, cultivado en sus viajes al Caribe. Magnet, por su parte, evoca la firmeza de su toque, con una base sólida que le daba confianza para aventurarse en un idioma nuevo.
Pero ‘Chocolate’ también tenía un humor imprevisible, y Mujica lo comprobó a su costa. Una noche, después de tocar a dúo en Florencia, le comentó que al concierto le había faltado riesgo. Se habían seguido el uno al otro, sin que ninguno sorprendiera al compañero. ‘Chocolate’ le clavó la mirada y no respondió. La réplica llegó tres años después, durante un temblor en Lima. Mujica había salido corriendo de su casa, pero volvió al escuchar el teléfono. Al otro lado de la línea, la voz de ‘Chocolate’ preguntó: “Manuel, ¿así querías que tocara ese día?”.
Perujazz debutó oficialmente en 1986 con su casete homónimo, aunque para entonces ya había grabado un disco que tardaría décadas en volver a sus manos. Lo hicieron para la RAI durante su primera gira europea, hasta que un desacuerdo entre la televisora italiana y el productor dejó aquel trabajo en el completo limbo. Una suerte de disco maldito que el español Íñigo Munster, del sello Vampisoul, acabaría recuperando y publicando en la década pasada.
De esos recorridos por Europa guardan muchas historias, aunque las más insólitas parecen haberles ocurrido en Italia. En Terni los llevaron a tocar a una cárcel de máxima seguridad, donde los internos saludaban a los “peruvianos” bajo la vigilancia de guardias que los apuntaban con sus armas. Todo era pura tensión. Antes de interpretar “El tren”, una de sus piezas más dinámicas, Manongo quiso invitar al público a participar. “Siéntanse libres de...”, les dijo, olvidándose por un instante de a quiénes tenía al frente. Los internos no lo tomaron a mal. En medio del tema, comenzaron a gritar y saltar de alegría. Manongo se emociona. “Esos gritos no me los voy a olvidar nunca”. //
Por sus 40 años, Perujazz ofrecerá el día del show en el Gran Teatro Nacional (15 de octubre) el vinilo doble “Gira europea 2023”, que recoge su paso por países como Noruega, Austria, Alemania, España y Francia. El disco incluye temas como “Salón de baile”, “King Kong” y “Homenaje a Chocolate”. Y fue posible gracias a los estímulos económicos del Ministerio de Cultura.
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