Jueves, 19 de octubre de 2006
Murió en el más completo silencio


Crónica 4EL CASO MUSIRIS
Del empresario Elías Musiris se ha dicho y escrito mucho. Su historia y la de la esclerosis amiotrófica lateral, que lo afectó y acabaría paralizándole todo el cuerpo, acabó el lunes pasado.

Por Nelly Luna Amancio

Con una siniestra exactitud, Elías Musiris murió el mismo día que diez años atrás, su neuróloga, Pilar Mazzetti, le diagnosticó una esclerosis amiotrófica lateral, la extraña enfermedad que acabaría paralizándole todo el cuerpo. Días antes a ese 16 de abril de 1996, Musiris acudió al consultorio de Mazzetti preocupado por el adormecimiento de uno de los dedos de su mano izquierda. Hacía solo unos meses, su médico de cabecera le había enumerado un decálogo de órdenes y prohibiciones para superar una obstrucción que le impedía respirar con normalidad. Desde entonces no bebía alcohol, no fumaba, ni comía frituras. Todas las mañanas salía a trotar durante 40 minutos.

Había cumplido al pie de la letra cada uno de estos puntos. Por eso no entendía por qué ahora lo amenazaba esa sorpresiva esclerosis si ningún miembro de su familia la había sufrido antes. Quiso conocer más, indagó sobre las causas de la enfermedad que progresivamente anularía todo movimiento en su cuerpo, pero un largo silencio fue la respuesta. El origen de esta enfermedad degenerativa que destruye las células de la médula espinal es un misterio. "Un día aparece, los más propensos son las personas mayores de 50 años", dice el médico Walter Ubillús.

Cuando se enteró de la noticia, Elías Musiris Chaín tenía 53 años, dos hijos, una mujer, varias empresas textiles, un próspero casino miraflorino y algunos caballos. Era un hombre atractivo, alto, fuerte. Raras veces se enfermaba. Sus amigos recuerdan que lo molestaban por su parecido con el actor Omar Sharif. "¿Quién iba a creer que estaba enfermo si se lo veía tan bien?", recuerda Eddie Thornberry, amigo y actual gerente del casino Atlantic City, uno de los últimos proyectos que, por esas siniestras casualidades que anteceden a la muerte, Elías Musiris inauguró cinco meses antes de escuchar la aciaga noticia.

El diagnóstico fue confirmado por médicos en Estados Unidos. Musiris se sometió sin suerte a una infinidad de tratamientos. "Es irremediable", respondían siempre. Esa falta de explicación a su repentino mal halló su historia más truculenta cuando dijeron que su enfermedad era producto de una brujería. La responsable --aseguraban-- era su cuñada, Gladys Simon.

Por esos días, un programa de televisión difundió un video en el que se la vio semidesnuda en un extraño ritual maldiciendo a sus familiares. La noticia sazonó las portadas de los diarios sensacionalistas cuando Eva Egúsquiza, la supuesta bruja de Balconcillo, aceptó haber preparado un brebaje para el empresario. "Ese fue un capítulo negro que ahora la familia no quiere recordar", dice Thornberry.

El caso Musiris, como empezaron a denominarlo en los medios, continuó alimentando a la prensa años después. En 1998, la entonces fiscal Mirtha Chenguayén denunció a su esposa, Estrella Aguad, por delito contra la vida. Un análisis de la sangre de Musiris identificó la presencia de arsénico y plomo. Para entonces había dejado de comer (lo alimentaban con líquidos).

Estrella Aguad era una reconocida cultivadora de orquídeas. La fiscal --que luego fue retirada del caso por supuestos actos de corrupción-- dijo que la esposa habría utilizado químicos de sus plantas para envenenar a Musiris. La denuncia fiscal fue desestimada porque los elementos encontrados en la sangre se ubicaban dentro de las cantidades normales. En esas circunstancias se registraron algunos enfrentamientos entre los familiares por la administración de las empresas de Elías Musiris.

"Ese tema fue superado. Los hijos han emprendido negocios propios y otros trabajan en las empresas de don Elías. Nunca hubo un enfrentamiento por la herencia", aclara Thornberry.

EMPRESARIO TEXTIL
Elías Musiris era hijo de palestinos que vivieron sus primeros años en el Rímac. Estudió Ingeniería Civil en la Universidad Nacional de Ingeniería y, paralelamente, para solventar sus estudios inició un negocio de confecciones. Dejó la carrera para afianzar su negocio. Hoy se sabe que solo en una de sus plantas textiles se vende alrededor de 350 toneladas mensuales de hilo de algodón crudo.

Apasionado de la hípica, ocupó varios cargos en el consejo directivo del Jockey Club del Perú. Allí conoció a sus mejores amigos. En el hipódromo lo recuerdan como una persona amable, sencilla, agradable y emprendedora. Hasta enero de este año, Elías Musiris era llevado a las instalaciones del casino. Su sobrino, Polo Ripamonti, decía entenderlo a través de gestos y pulsaciones que solo él comprendía. Las constantes complicaciones respiratorias detuvieron sus salidas. Y también el entendimiento de Polo hacia el tío enfermo.

El respirador artificial parecía ayudar muy poco. El último domingo, antes de su muerte, Elías Musiris sufrió un infarto que se le complicó con la neumonía que lo aquejaba desde semanas atrás. Retiraron las cintas que sostenían sus párpados abiertos. Lo dejaron descansar. Al día siguiente, el lunes 16 de octubre, cuando el país lloraba la pérdida de Valentín Paniagua, Elías Musiris fallecía en el más completo silencio. Lejos de macabros rumores.

Más datos
Fue enterrado en Jardines de la Paz
4Los restos de Elías Musiris fueron enterrados en el cementerio Jardines de la Paz.

4El médico Walter Ubillús dice que el tiempo de vida en la mayoría de pacientes con este tipo de esclerosis no supera los siete años.





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