Seis gringas en Larco: Las waripoleras del Miami Jackson Band en el Corso Primavera de 1962

“Ese año, la avenida Larco parecía la Brasil en fiestas patrias: llena de tribunas donde familias enteras se reunieron a ver desfilar, no a soldados ni tanquetas, sino carros alegóricos y comparsas de artista locales e internacionales”.
Las waripoleras del Miami Jackson Band llegaron a Lima para participar en el desfile de primavera en Miraflores. Foto: GEC Archivo Histórico

En septiembre de 1962, Miraflores era un distrito entusiasta, divertido, donde tenían lugar espectáculos que hoy pondrían nervioso a más de uno. Por ejemplo, el para entonces tradicional Corso de Primavera. Ese año, la avenida Larco parecía la Brasil en fiestas patrias: llena de tribunas donde familias enteras se reunieron a ver desfilar, no a soldados ni tanquetas, sino carros alegóricos y comparsas de artista locales e internacionales. Mientras el desfile se desarrollaba, una compañía de acróbatas alemanes, los Zugspitz Astisten –que venían de tener presentaciones muy celebradas en Brasil y Argentina–, ejecutaban pruebas de equilibrio, con los ojos vendados, sobre un cable de acero tendido que cruzaba el parque Kennedy. Uno de los tres equilibristas incluso hizo piruetas en una moto que hicieron que más de un vecino apartara la vista. Mientras eso sucedía en los aires del distrito, abajo, por las cuadras de Larco, avanzaba el séquito de autos coloridos y bandas escolares, acompañados de reinas de belleza, bailarines y malabaristas.

Las waripoleras del Miami Jackson Band llegaron a Lima para participar en el desfile de primavera en Miraflores. Foto: GEC Archivo Histórico

Al frente de todas esas atracciones figuraba un sexteto de guaripoleras norteamericanas, seis muchachas salidas de las canteras del Miami Jackson Band que contrarrestaron el frío limeño con sus ágiles bastones de mando, sus coreografías de primer mundo y sus piernas bien trabajadas al descubierto. Mírenlas en esta magnífica foto de aquel día, 26 de septiembre del 62, justo antes de intervenir en el desfile. Me encantan sus cortísimos vestidos blancos con lunares, sus rodillas alineadas a la misma altura, su mano en la cadera propia o ajena. Las cuatro de la derecha, quizá por sus peinados recatados, parecen hermanas o al menos primas. Hoy, un grupo de chicas vestidas así, se colocaría en el punto de mira de los policías de lo políticamente correcto, y su convocatoria para un show sería tildada de machista, cosificadora, patriarcal. En 1962, tales controversias aún no existían, y la gente disfrutaba de la belleza sin culpa: unos exhibiéndola, otros admirándola. Hoy las seis deben ser unas abuelas venerables: siguen usando los bastones, pero seguro que ya colgaron las minifaldas.

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