Copa América: la mano de Jara, la roja de Cavani y la bronca
ÁNGEL HUGO PILARES

"Sí, soy un tramposo... ¿y qué?". Hace un año lo había admitido. Las malas artes del fútbol están a su servicio tal y como estuvieron la noche del miércoles ante Uruguay, cuando aquello que algunos califican de viveza y otros, de bajeza, acabó con y con la selección charrúa en la Copa América 2015.

La frase se la dijo a Tim Cahill, el delantero al que Jara hizo que le coloquen una amarilla en el encuentro que la selección sudamericana venció 3-1 a Australia durante el Mundial Brasil 2014. Gonzalo Jara acusó al australiano de una falta que no había cometido y el asistente compró el acto. Cuando Cahill le reclamó, esa fue la respuesta del chileno.

— "Sí, soy un tramposo... ¿y qué?".

Lo que Jara hizo ante Uruguay un año después solo es el ejemplo más evidente de un partido caliente que se le escapó de las manos al árbitro brasileño Sandro Ricci. Un río revuelto donde el más vivo, o el más tramposo, consiguió ganancia. Y ya lo dijo el chileno, el tramposo era él.

La trampa de anoche se fue tendiendo poco a poco. Empezó con un reclamo airado de Edinson Cavani a los 29' y una tarjeta amarilla que lo tuvo manso. Continuó con una retahila de provocaciones típicas de un partido de fútbol que se prolongaron hasta que llegó el momento.

A los 63 minutos de juego, Jara le dijo algo al delantero del PSG y le dio dos palmadas suaves en el rostro, casi como dos amigos en medio de una broma, una noche de copas. Pero en esta Copa vale todo y Jara esperó que Cavani tocara el balón para hacer una caricia impropia que ha dado la vuelta al mundo. La reacción del uruguayo la vimos todos, una palmada en el rostro y un rival que se lanzó al suelo. Sí, era roja.

Pero lo de Jara es provocar, como se lo hizo a Suárez, que le metió un puñetazo; o a Higuaín, a quien agredió de una forma similar a lo de Cavani.

Lo que de ahí se desencadenó fue tremendo. El partido siguió, Fucile fue expulsado por no tocar a Alexis Sánchez y se desató una bronca al final en la que ni Óscar Washington Tabárez se salvó.

Pero por fin ha quedado claro quién es el tramposo.