"Mujeres invisibles", por Jimena de la Quintana
"Mujeres invisibles", por Jimena de la Quintana
Jimena De La Quintana

Cuando una vez un amigo me contó que se tomaría un año para estar en su casa, con sus hijos, dedicarse a su hogar y así “descansar”, me reí. Mucho. Quienes conocemos de lo demandante que es organizar un  hogar y hacer que funcione eficientemente, sabemos que lo que menos se tiene es tiempo, menos para descansar. 

Pese a que es excesivo el trabajo en casa, esta labor (limpiar, cocinar, cuidar niños, etc.) no se incluye en la creación de valor, pues no se mide a precios de mercado en el PBI. Es decir, no podemos saber cuál es el valor generado por el trabajo no remunerado de hombres y en sus hogares.

Hace un tiempo, el Ejecutivo aprobó la Ley 29700 (y su reglamento) que incluye el trabajo no remunerado en las cuentas nacionales. La norma -como muchas- no se aplica, pues no existe un presupuesto asignado para tal fin. 

Lo que sí existe es esta cifra: los hombres dedican al trabajo remunerado un promedio semanal de 50 horas con 38 minutos; las mujeres le dedican 36 horas con 25 minutos. Lo contrario ocurre con el trabajo doméstico no remunerado, los hombres le dedican 15 horas con 53 minutos semanales; mientras que las mujeres, 39 horas con 28 minutos.

Es decir, la carga global de trabajo es mayor en las mujeres pues trabajan casi 10 horas  más que los hombres. Estos fueron los resultados de la I Encuesta Nacional de Uso del Tiempo, ENUT 2010 (INEI). El documento “Brechas de Género en el Uso del Tiempo” (MIMP), elaborado sobre la base de esta encuesta dice: “esta alta participación de las mujeres en los quehaceres del hogar y el cuidado de las personas reduce sus posibilidades de acceso al mercado, y al no recibir una remuneración por este trabajo las torna invisibles como actoras y sujetos del desarrollo”. Según los datos de la ENUT 2010, las mujeres que tienen un trabajo pagado no reducen mucho el tiempo que le dedican a las actividades domésticas.

Si bien no hay cifras oficiales, un documento del Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico, elaborado por Arlette Beltrán y Pablo Lavado (2013), dice que un 25% del PBI peruano se sustenta en actividades domésticas no remuneradas. Y dado que, en la realidad, el aporte del trabajo en el hogar no es considerado en el PBI, no es posible determinar cuánto suman, sobre todo las mujeres, a la economía a través de su trabajo en casa. El problema va más allá, pues estas persona no cuentan con ningún tipo de seguridad social y el hecho de ser prácticamente invisibles impide generar políticas (servicios de guardería por ejemplo) que les permitan insertarse laboralmente si lo quisieran.