Unos dicen que enloquecen el organismo y otros que son ideales para perder kilos. Lo cierto es que los edulcorantes se han posicionado en el vocabulario cotidiano, mientras el mercado multiplica alternativas con menos calorías para sustituir el azúcar de siempre. Ante tantas conjeturas, lo más saludable es conocerlos.

Existen dos grandes grupos de edulcorantes, los naturales (como la sacarosa, fructuosa y glucosa) y los artificiales. Los edulcorantes artificiales se caracterizan por tener un menor aporte calórico o un aporte nulo y no modifican la glucemia en la sangre, a diferencia de los naturales. Al tener un poder edulcorante entre 100 y 600 veces más alto que los naturales, endulzan con una mínima cantidad.

La lista de edulcorantes artificiales la encabezan los acalóricos, entre los que están la famosa sacarina, el primer edulcorante utilizado de forma masiva desde los años 80; el aspartamo, la sucralosa, el acesulfamo-k, el ciclamato, la taumatina y la neohesperidina. En este grupo también se encuentran los polialcoholes o polioles, “que estarían de forma natural en algunos vegetales”.

SEGUROS EN SU JUSTA MEDIDA El doctor Jesús Román preside la Fundación Alimentación Saludable afirma que estas sustancias “han pasado estudios sobrados de seguridad y no afectan negativamente, en las cantidades permitidas por ley, a la salud de ningún consumidor”.

Otro límite es el que señala Juan Revenga: la Ingesta Diaria Admisible (IDA). A cada aditivo se le hace un examen toxicológico para establecer cuál es su IDA. Todos los edulcorantes tienen una IDA especificada, una cifra que no se debe superar para no perjudicar la salud.

El aspartamo, por ejemplo, tiene una IDA de 40 miligramos por kilogramo de persona. Es decir, “una mujer de 55 kilos podría tomar un máximo de 2,2 gramos de aspartamo al día. En un varón, esa cifra llegaría hasta 2,8 gramos”, según Revenga.

El especialista explica: “Medio litro de refresco tiene la posibilidad máxima, por ley, de incluir 300 miligramos de aspartamo, es decir, 0,3 gramos. Si un hombre de 70 kilos puede tomar 2,8 gramos al día de aspartamo, podría beber unas nueve bebidas de medio litro”. Una cantidad desorbitada.

¿TIENEN UN LADO AMARGO? Recientemente una investigación llegó para sembrar algunas dudas. Según el estudio, los refrescos light, consumidos en exceso, producirían exactamente las mismas consecuencias nefastas que surgen por el abuso de los refrescos normales: obesidad, diabetes o hipertensión, entre otras enfermedades.

“El mecanismo por el cual se produce esta aparente contradicción es porque los edulcorantes artificiales alterarían la respuesta fisiológica del cerebro hacia el gusto por el dulce y estimularían una preferencia por las comidas ricas en grasas”, afirma la endocrinóloga Pilar Martín.

Sin embargo, la especialista reitera que este es sólo un estudio y que habría que hacer un análisis más amplio de los efectos de los edulcorantes en el organismo.

“Hay cierta controversia sobre el papel de los alimentos edulcorados en el conjunto de la dieta, pero su abuso no es perjudicial per se, sino por el desequilibrio que se produciría en los componentes del resto de la dieta”, afirma el doctor Román.

Suena irónico, pero “el resto de la dieta” es uno de los principales obstáculos para controlar el peso. “De nada sirve librarse de las calorías que venían en los refrescos azucarados si a eso le sumas otros alimentos en exceso”, sentencia Ravenga.