Educación técnica y desarrollo, por José A. Hernández de Toro
Educación técnica y desarrollo, por José A. Hernández de Toro
José A. Hernández de Toro

Hace poco más de medio siglo, los países latinoamericanos, entre ellos el Perú, tenían niveles de renta per cápita iguales o hasta superiores a países asiáticos y europeos como Corea del Sur, Singapur, Portugal o España, que hoy integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Como sabemos, estos países tienen hoy una renta per cápita que multiplica la que tiene nuestro país. ¿Cómo es posible que, pese a la crisis asiática de los 90 y la europea de la última década, mientras que en Sudamérica hemos disfrutado de una “década prodigiosa” de crecimiento asociada al superciclo de precios de las materias primas, los índices de desarrollo de los países de la OCDE sean mucho más altos de los que tenemos en el Perú?

Hace pocas semanas, la OCDE presentó en Lima su último reporte “Avanzando hacia una mejor educación para Perú” que comenzaba con un razonamiento contundente: el desarrollo de los países miembros se produjo, fundamentalmente, por los incrementos de la productividad que vivieron, y la productividad depende fundamentalmente de la calidad y equidad de la educación. 

El mismo día que se presentaba este informe que ligaba educación con productividad y desarrollo, entraba al pleno del Congreso el proyecto de la nueva ley de institutos y escuelas de educación superior, que aborda la piedra angular de la ecuación que nos mostraba el estudio de la OCDE.

Todos los estudios ponen de manifiesto los problemas de las empresas peruanas, sobre todo las de los sectores más dinámicos, por la falta de profesionales con la formación que demanda un mundo globalizado y en permanente y acelerado cambio.

Este grave problema es un verdadero palo en la rueda del desarrollo nacional y responde a muchas circunstancias. Pero hay una que es crucial: el sistema de formación profesional tiene una regulación rígida, obsoleta y que dificulta la actualización y mejora de la calidad de la educación superior técnica. Así, la autorización para abrir nuevas sedes o carreras podría durar años y, como reconoce el Ministerio de Educación, solo el 4,5% de los institutos públicos cuenta con condiciones básicas (infraestructura, equipos, gestión institucional) y pertinencia de la oferta respecto de la demanda productiva local.

El proyecto de ley que el Congreso puede aprobar en los próximos días ha recogido importantes consensos para reformar los principales nudos gordianos del sistema, como crear una carrera pública del docente, el establecimiento de un licenciamiento obligatorio de los institutos que asegure pisos mínimos de calidad con menos burocracia y más eficacia, el decidido impulso de la educación dual o el establecimiento de un sistema de créditos que facilite la transitabilidad en el sistema de educación superior: que quien comienza estudiando para auxiliar técnico pueda ir pasando a nuevas etapas de formación hasta poder llegar a bachiller y optar a posgrados. Incluso, aborda cuestiones controvertidas sobre las que hay diferencias entre actores, como los sistemas de gobierno de los institutos o el modelo institucional del organismo centralizado de gestión (Educatec), que es criticado por los gobiernos regionales al considerar que deben tener mayores competencias de las que prevé la ley.

Con todo, el consenso de actores públicos y privados, educativos y productivos, sobre la necesidad de superar el actual marco legal es tan amplio que las expectativas de cambio no debieran verse frustradas en el Congreso por la vorágine de la campaña electoral.

Los peruanos tienen derecho a una educación técnica de calidad, las empresas necesitan profesionales con las competencias que demandan unos mercados cada vez más exigentes y el Perú requiere jóvenes bien preparados que ejerzan la ciudadanía de manera activa y responsable. No dejemos pasar más tiempo para actuar.